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Navidad (Spanish)

  • December 11, 2020

Navidad

Transcripción editada del video de YouTube presentado por
Kenneth Wapnick, Ph.D.

Hoy vamos a hablar de la Navidad, dado que es la época navideña. Primero, felices fiestas a todos los que están viendo este video. Y lo que hará que sea un día festivo especialmente feliz es dar una forma diferente de ver la Navidad.

Es evidente que según el origen de la festividad navideña estamos celebrando el nacimiento de Jesús, por lo que se supone que toda la Navidad debiera girar en torno a él. Todos sabemos, por supuesto, que esa no es la forma en que se manifiesta en el mundo, pues la Navidad ya se ha convertido en una gran fiesta comercial en lugar de ser una fiesta religiosa o espiritual. Pero otra forma de contemplar la Navidad, aunque manteniendo la idea de centrarnos en Jesús, es no centrarnos en Jesús como una figura aparentemente histórica, no retroceder a los mitos de los evangelios y construir toda una serie de leyendas al respecto, para luego venerar y celebrar lo que parece haber sido el pequeño nacimiento de Jesús en Belén, etcétera. Más bien el objetivo es centrarnos en Jesús, al centrarnos en contemplar el mundo —no solo durante la temporada navideña— como él lo ve, no como lo vemos nosotros.

En un mensaje al que me refiero con frecuencia al impartir clase, cuando Helen le preguntó a Jesús qué debería decirle a alguien que necesitaba ayuda, la respuesta de Jesús fue: «No me preguntes qué debes decir. En otras palabras, no me preguntes cuál debería ser tu comportamiento. Más bien pídeme que te ayude a mirar a esta persona a través de los ojos de la paz y no del juicio». Eso es hacer que la relación gire en torno a Jesús. Eso es lo que significaría hacer que todo se trate de él; pedirle ayuda para que miremos la situación, un acontecimiento, una experiencia y una relación como él lo haría, mirándolo a través de los ojos de la paz y no del juicio.

Cuando contemplamos una situación o una relación a través de los ojos del juicio, solo la estamos mirando a través del lente de nuestro propio empobrecimiento. ¿Cómo podría esta situación convenirnos a mí o a las personas con las que me identifico? ¿Cómo podría esta relación satisfacer mejor mis necesidades especiales? ¿Cómo podría usarse esta circunstancia de tal manera que yo me sintiera mejor, que me sintiera mejor para conmigo mismo o para con otras personas? En otras palabras, ¿cómo podría hacer que esto me funcione para que me sienta feliz y esté tranquilo —no feliz y tranquilo con la paz de Dios, que sería una experiencia que abarcaría a todas las personas todo el tiempo y en toda circunstancia—, sino feliz y tranquilo como el mundo lo define, es decir, que logro que se satisfagan mis necesidades.

Contemplar una situación o una relación a través de los ojos de la paz, como Jesús pedía que Helen lo hiciera, significa que contemplo la situación a través de la paz de él, que, de nuevo, es una paz que abraza a todas las personas todo el tiempo sin excepción. Eso es lo que significaría que esta temporada centraras tus relaciones y centraras cada día en él, no en el Jesús de la supuesta historia, no en el Jesús de la Biblia, sino en el Jesús que es una presencia, un símbolo de amor en tu mente, de un amor que no es de este mundo, de un amor que es ajeno a la versión de amor del ego; es decir, el amor especial. Acudes a Jesús en pos de ayuda y dices, no como muchos cristianos: «¿Qué haría Jesús?», sino «¿Cómo pensaría Jesús? ¿Cómo miraría Jesús esta situación?».

Cada vez que sientas la tentación de dejarte llevar por tu especialismo, de justificar tu enojo, de justificar por qué tienes razón al desesperarte con tu suerte en la vida, procura decir: «Bueno, ¿cómo miraría Jesús esto? ¿Cómo me miraría él a mí? ¿Cómo miraría él a esta persona?». Con eso todo se voltearía de cabeza o, en esencia, recuperaría su posición correcta porque ahora te darías cuenta de que aquí todo es una oportunidad para volver a tu interior y elegir de nuevo.

Por lo tanto, hacer que esta temporada navideña se trate de Jesús significa mirar a través de los ojos de la visión de él, en lugar del juicio del ego. Consiste en mirar a alguien y a todos a través de los ojos de él y darte cuenta de que eres igual a todos los demás.

El juicio diferencia, es decir, el juicio ataca. La visión une y ve a todos como iguales. Así es como Jesús nos contempla a todos. Somos iguales a él, tal como nos enseñó desde el principio del texto: no difiere en modo alguno de nosotros, excepto en el tiempo; y el tiempo no existe.

Como nuestro hermano mayor, el propósito de Jesús es enseñarnos a nosotros —sus hermanos y hermanas menores— a crecer y a volvernos como él, a no contemplar el mundo a través del lente de nuestro propio empobrecimiento y exigir que otras personas existan tan solo para satisfacer nuestras necesidades. Más bien, como dice el texto, nos enseña a ver cada situación como un encuentro santo, a ver cada relación como un encuentro santo, para que podamos recordar que todos somos iguales.

Recordando que todos somos iguales, si tenemos a Jesús de maestro y de guía, despertaremos de este sueño de diferenciación, separación y especialismo, y reconoceremos la unidad del Hijo de Dios, tal como fue creado en el Cielo. Pero, para hacer esto, primero debemos ver a todos como iguales; y para poder ver a todos como iguales, tenemos que acudir al maestro de la igualdad. Tenemos que hacer que esta temporada gire en torno a Jesús, lo cual haría que, a partir de ahora, nuestras vidas enteras se centraran en él y en su maravillosa visión de ver a todos como iguales. ¡Feliz Navidad!