El sueño feliz

Extractos del taller realizado en la
Fundación para Un curso de milagros
Temécula CA

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte I
Introducción

Nuestro tema es el sueño feliz, que también es el título de una sección del capítulo 18 del texto. El término sueño feliz, al igual que muchos otros términos de mentalidad correcta, con frecuencia se malinterpreta. Términos como milagro, instante santo, relación santa, perdón, redención, salvación y resurrección tienden a ser confusos para los que trabajan con Un curso de milagros, incluso para las personas que trabajan con él durante muchos años. Esto se debe a lo que al principio del texto Jesús llama la confusión de niveles. Comenta el tema en los capítulos 1 y 2, aunque se repite a lo largo del Curso. Habla de ello específicamente en «Principios de los milagros» cuando presenta el asunto por primera vez, y luego en la sección sobre la curación en el capítulo 2 (sección IV) cuando habla de la enfermedad y la curación. La confusión de niveles tiene relación con la creencia de que la enfermedad, y por lo tanto la curación, están en el nivel del cuerpo en vez de estar en la mente, que es donde realmente se encuentra la enfermedad. Y como la enfermedad se encuentra en la mente, ahí es donde también está la sanación.

Más adelante, esta idea de la confusión de niveles se transforma en un comentario más sofisticado de la forma y el contenido, y de la confusión entre ellos. La forma es cualquier cosa externa, cualquier cosa en el mundo o del cuerpo; y el contenido es uno de los dos pensamientos que están en la mente: el pensamiento de miedo, odio o culpabilidad y el pensamiento de perdón o sanación. Otra forma de hablar sobre la confusión de niveles es hablar de causa y efecto, que es un tratamiento aún más sofisticado del tema. La causa es cualquier cosa en la mente y el efecto es cualquier cosa fuera de la mente, que sería cualquier cosa del cuerpo o en el mundo. Casi todas las espiritualidades y ciertamente todas las religiones formales tienen esta confusión, expresada en la creencia de que el cuerpo no solo es real, sino que es el problema y, por lo tanto, el medio de salvación. En el cristianismo, el pecado se considera algo que se localiza en el cuerpo, algo que se expió con la muerte sacrificial del cuerpo de Jesús. Así que, el cuerpo de Jesús es el que resucita y asciende al Cielo, etc.

La misma confusión ocurre con el término sueño feliz. La confusión se presenta al no saber que el Curso habla de los sueños en dos niveles: el nivel de la mente y el nivel del cuerpo. Más adelante veremos una serie de pasajes que lo exponen con claridad. De hecho, el nivel del sueño expresado en el cuerpo es una defensa contra el sueño que realmente está en la mente y, como veremos, solo está en la mente. Así que comencemos comentando primero qué son estos dos sueños, porque mientras no lo entendamos no entenderemos a qué se refiere el concepto del sueño feliz.

Para explicar esto con más claridad, el sueño feliz no se refiere a la vida de uno en este mundo. Cuando Jesús habla del sueño feliz, cuando habla de los sueños felices del Espíritu Santo y cuando dice que el propósito de este curso, en cierto sentido, es que nuestras pesadillas se conviertan en sueños felices, no quiere decir que nuestras vidas aquí vayan a mejorar. Tampoco quiere decir que vayan a empeorar. Nos está diciendo que nuestras vidas aquí tal como las experimentamos, como criaturas físicas y psicológicas, son totalmente irrelevantes porque, como aprendemos en el Curso, ultimadamente ni siquiera estamos aquí: «Fuera del Cielo, no hay vida» (T-23.II.19:1). Entonces, lo que aquí llamamos vida es realmente la no vida y básicamente constituye una proyección del pensamiento de no vida. Y cuando hablamos de un pensamiento, hablamos de la mente, no del cerebro. En la mente, el pensamiento de no vida es el pensamiento de separación, la creencia de que podríamos separarnos de la vida. Cuando nos separamos de la vida, ya no somos parte de la vida; es decir, somos la no vida.

Ese pensamiento en la mente, como veremos, es un pensamiento de lo más triste porque nos separa de nuestra verdadera felicidad, que es ser parte de Dios, parte de Su Amor y Su Voluntad. Este pensamiento infeliz que constituye el primer sueño se proyecta luego en los sueños infelices que consideramos nuestras vidas aquí. Cuando las miramos objetivamente por encima del campo de batalla, son realmente vidas de dolor, sufrimiento y pérdida que siempre culminan en la muerte; nuevamente, de lo más infelices. Dado que ese no es el verdadero sueño, cuando Jesús habla de la corrección del Espíritu Santo, que es el sueño feliz, no está hablando de un cambio en nuestras vidas aquí. Solo está hablando de un viraje en la mente.

Lo que hace que estas ideas de los sueños felices, del perdón, del milagro y de la curación, se presten a tanta confusión es que todos nos hemos identificado con el cuerpo. Todos tuvimos que vestirnos esta mañana, todos tuvimos que desayunar, todos tuvimos que trasladar al cuerpo hasta aquí, por lo que toda nuestra identificación es con el cuerpo. Nos resulta casi inconcebible que la sanación se trate de curar a cualquier cosa que no sea el cuerpo, o que el sueño feliz se refiera a cualquier cosa que no sea nuestra vida aquí en el mundo.

Por lo tanto, el propósito final de este curso, como digo una y otra vez, es que viremos la atención del estado sin mente —el cuerpo— a la plenitud de la mente, porque ahí es donde está el problema y, por lo tanto, ahí es donde está la respuesta. En el Curso se nos enseña que la meta del Espíritu Santo para nosotros son los sueños felices del perdón, mediante los cuales cambiamos nuestra forma de pensar, lo cual significa que cambiamos de maestro: del ego al Espíritu Santo o Jesús. Y esto no tiene absolutamente nada que ver con lo que consideramos nuestras vidas. No tiene nada que ver con la vida física, con la vida psicológica, con el trabajo, con las relaciones, con la salud ni con ninguna de esas áreas en que nos relacionamos con otras personas. Ciertamente, no tiene nada que ver con que el planeta se convierta en un lugar más feliz o en un lugar de paz. Solo tiene que ver con el estado de la mente, porque eso es todo lo que hay.

El concepto del sueño feliz es incomprensible si desconocemos lo que el sueño feliz tiene por objeto corregir. Entonces, como suelo decir, si el Espíritu Santo, según nos enseña el Curso, es la Respuesta, es la Respuesta a una pregunta o la solución para un problema; si no sabes cuál es la pregunta, si no sabes cuál es el problema, la respuesta por muy brillante que sea te será totalmente irrelevante. Entonces, el gran cometido de Jesús como nuestro maestro en este curso, es lograr que reconozcamos, entendamos y aceptemos cuál es el problema, lo que significa aceptar dónde está el problema. Ahora bien, el ego no es ningún tonto; es realmente la parte de nosotros a la que, por supuesto le gusta ser independiente, estar separada y por su cuenta. El ego sabe que el ego mismo es el problema, o para mayor exactitud, que el problema es la decisión del Hijo de Dios a favor del ego, y que la respuesta es la capacidad que el Hijo de Dios tiene de elegir al Espíritu Santo en lugar del ego. Todo esto está transcurriendo en la mente, por lo que la respuesta se encuentra donde está el problema: en la mente.

Para mantener irresuelto el problema, es decir, para seguir existiendo, el ego le retira el problema a la respuesta y se lo aleja lo más posible. Si la respuesta está en la mente y el problema está en la mente, y el ego puede transferir el problema a un mundo y a un cuerpo, y luego a todos los efectos clausurar la mente haciéndonos olvidar que la tenemos, el problema queda tan alejado de la respuesta que nunca podrá solucionarse. Y dado que todos estamos tan identificados con el sistema de pensamiento del ego, que es un sistema de separación, individualidad, autonomía y existencia individual, por no mencionar de especialismo, todos estamos muy identificados con la estrategia del ego de ocultarle el problema a la respuesta. Por eso queremos ver que la respuesta está de cierta manera involucrada en el mundo, porque si la respuesta está en el mundo, si tiene una expresión mundana, eso significa que el problema también debe estar allí. Pero el problema no está allí; el problema está en la mente.

Por lo tanto, buscamos continuamente la respuesta a un problema donde el problema no existe, lo que garantiza que nunca se abordará el verdadero problema en la mente y nunca se va a deshacer, lo que significa que nuestra existencia individual, que es el problema, nunca se va a deshacer. Y en la medida en que nos identifiquemos con la existencia individual, en esa medida nos identificaremos con la estrategia concebida por el ego de mantener el problema lo más alejado posible de la respuesta, y eso es lo que hacemos. De ahí la proliferación galopante de esta confusión de niveles, no solo en el ámbito de Un curso de milagros, sino también en casi todos los demás ámbitos religiosos o espirituales. Por eso la gente invierte tanto en ubicar al Espíritu Santo o a Jesús en el sueño del mundo y en hacer que Ellos resuelvan el problema aquí. Y por eso la gente interpretará que el perdón se lleva a cabo entre dos cuerpos, porque la verdadera fuente de la falta de perdón, cuya solución es el perdón, está en la mente. Mientras pensemos que es algo que sucede aquí en el mundo, mientras pensemos que la enfermedad es algo que ocurre en el cuerpo, física o psicológicamente, no habrá manera de que se sane el verdadero problema, lo que significa que no hay manera de que se cuestione nuestra individualidad, y mucho menos que pueda deshacerse. Eso es lo que a todos nos gusta. A todos nos encanta que los sistemas espirituales y las enseñanzas espirituales o religiosas se centren en el cuerpo dentro del mundo, tanto como una fuente del problema como un medio de deshacer el problema. Mientras tanto, el verdadero problema permanece desconocido, lo que significa que la verdadera respuesta nos es totalmente inaccesible. Y en la medida en que nos sea inaccesible, nunca la buscaremos porque creemos que la hemos buscado y ya la encontramos en el cuerpo.

Todo esto es una forma de introducir este tema: antes de que podamos elegir de manera significativa el sueño feliz, tenemos que saber por qué lo estamos eligiendo. Nuevamente, si creemos que el problema es nuestra infelicidad aquí, entenderemos que el sueño feliz es algún cambio que se producirá en el mundo y en nuestras vidas. Así que la gente comienza el Curso con la esperanza mágica de que sus vidas mejorarán: tendrán mejores relaciones, mejores trabajos, cuerpos más saludables, etc. Nada de esto es malo, pero tampoco es bueno. Es totalmente irrelevante para el problema real. La fuente de la infelicidad que experimentemos en este mundo es la decisión a favor de la culpabilidad en la mente. Ese es el único problema. Ahí es donde está Jesús; ahí es donde está el Espíritu Santo; ahí es donde está el recuerdo de Dios; ahí es donde está la Expiación; ahí es donde está el perdón; ahí es adonde nos conduce el milagro; ahí es donde está la sanación. Por lo tanto, primero se nos debe enseñar que somos una mente, no un cuerpo, y que la mente es la fuente del sueño infeliz, porque solo entonces nos sentiremos motivados a buscar la solución real para el sueño infeliz: el sueño feliz del perdón, que consiste en el cambio de mentalidad o el cambio de maestro.