El sueño feliz

Extractos del taller realizado en la
Fundación para Un curso de milagros
Temécula CA

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte III
El soñador en contraposición a la figura onírica

Un párrafo posterior comienza diciendo: «eres el soñador del mundo de los sueños» (T-27.VII.13:1). El no es el que está leyendo este libro. Si el libro es una ilusión y tu cuerpo es una ilusión, ¿qué está leyendo qué cosa? Jesús está hablando del soñador del sueño. Si eres terapeuta y te llega un paciente con un sueño, intentas ayudar a la persona que lo soñó a entender el sueño. No te diriges a uno de los personajes soñados y le preguntas qué cosa es lo que él o ella significa. Hablas con el que tuvo el sueño. Entonces podrías preguntarle al paciente: «¿Qué se te ocurre en relación con el sueño? ¿Qué se te ocurre en relación con tal personaje, con tal objeto, con tal color o con tal animal? No le pides a la figura en el sueño que te diga su propio significado. Te diriges al soñador del sueño.

Eso es lo que Jesús está haciendo en este curso. Está acudiendo al soñador del sueño, al tomador de decisiones en nuestra mente, y nos pide que miremos lo que hemos estado soñando, para que podamos entender por qué lo hemos soñado. No le interesa analizar las formas del sueño. Él quiere que entendamos por qué elegimos el sueño, qué propósito tiene el sueño. Lo importante no son las formas de los sueños o las formas de nuestras vidas, sino el propósito para el que usamos estas formas.

Piensen en los sueños que tienen mientras duermen y en lo que sucede entre el terapeuta y el paciente, en función de lo que hace Jesús: él es nuestro terapeuta, nosotros somos el paciente y acudimos a él con estos sueños horribles. Nuestro trastorno emocional es tal que no podemos distinguir entre nuestros sueños secretos y los sueños del mundo, así que él tiene que educarnos y comenzar a sanar nuestras mentes haciéndonos reconocer primero que tenemos una mente, y luego que el problema no son los factores externos de nuestras vidas: el problema no es por qué nuestras relaciones nunca funcionan, por qué nuestros cuerpos nunca funcionan, por qué no podemos conservar un trabajo, por qué no le agradamos a nadie, por qué tenemos cantidad de problemas, limitaciones y cuestiones sin resolver en nuestras vidas. A Jesús no le interesa nada de eso. A él le interesa el significado que todas estas dificultades encierran para nosotros, tal como a un terapeuta le interesa el significado que los símbolos en el sueño encierran para el soñador, más que lo que sucede propiamente en el sueño.

A Jesús le interesa lo que simboliza todo en nuestra vida y nos lo deja muy sencillo: todo en nuestra vida simboliza una de dos posibilidades, la separación y el especialismo del ego, o la Expiación del Espíritu Santo. No hay más. Eso lo simplifica todo. Reduce años tras años de terapia a unos cuantos minutos, de hecho, a un solo instante santo. No tienes que hacer un análisis interminable de lo que sucede en tu vida porque todo es lo mismo.

Una de las maneras en que Jesús nos ayuda como nuestro terapeuta es haciéndonos mirar la trayectoria de nuestras vidas y darnos cuenta de que todo es igual. Por lo tanto, ¿para qué molestarnos en analizar todos y cada uno de los segmentos de nuestras vidas, todas y cada una de las relaciones? Todo es lo mismo: un intento de demostrar que Dios está equivocado y que el ego tiene razón. A eso se reduce todo. La separación es la realidad, la victimización es la realidad y la Unidad es la mentira. Muy simple. Para decirlo de otra manera, todo en nuestras vidas expresa la creencia del ego en intereses separados donde tú y yo siempre estamos en conflicto, o bien expresa intereses compartidos donde todos somos iguales.

Sin embargo, no es tan simple cuando nos mantenemos en el nivel de los sueños del mundo, porque estos sueños, como todos sabemos, se vuelven increíblemente complicados con increíble rapidez. Las relaciones son extraordinariamente complicadas. Lidiar con el cuerpo es extraordinariamente complicado, no digamos lidiar con los cuerpos de otras personas en las relaciones. Pero cuando te remontas a la mente, es muy simple. Se trata del sistema de pensamiento del ego o del sistema de pensamiento del Espíritu Santo; se trata de los intereses separados del ego o de los intereses compartidos de Jesús. Pero eso no funcionará mientras sigas centrado en el sueño del mundo. Tienes que remontarte al sueño secreto y luego utilizar todas las formas, todas las partes del sueño, para remontarte a la simplicidad de lo que realmente está involucrado.

Esto no debe interpretarse en el sentido de que no debas consultar a un terapeuta si estás experimentado muchas dificultades. No tiene nada que ver con lo que haces aquí. Ver a un terapeuta es un ejemplo de lo que el Curso llama magia, y el Curso no está en contra de la magia. La magia es cualquier cosa que hagamos para resolver un problema que no está en el nivel de la mente. El milagro regresa el problema a la mente, razón por la cual el Curso contrasta el milagro con la magia. La magia trae el problema al mundo y luego nos hace resolver el problema aquí. Sin embargo, como explica Jesús en el capítulo 2, usar la magia no es malo ni pecaminoso, porque no hubiéramos elegido al cuerpo como nuestro refugio y no hubiéramos elegido el sueño del mundo como nuestra identificación si la mente no nos infundiera terror. Por lo tanto, no sería útil volver directamente a la mente cuando le tenemos tanto miedo. Necesitamos aquello a lo que Jesús a veces se refiere como un enfoque conciliatorio. De hecho, de eso es de lo que habla en esa sección, de un enfoque conciliatorio (véase T-2.IV.4, 5).

El uso de la magia es un enfoque conciliatorio. Entonces, si tengo dolor de cabeza, tomo una aspirina; si tengo problemas emocionales o de relación irresueltos, acudo a un terapeuta. Todo esto me ayuda en el nivel en el que creo estar. Sin embargo, en algún momento, quiero reconocer que la magia me va a ayudar a aliviar la ansiedad lo suficiente como para que pueda comenzar a mirar, no el sueño del mundo sino el sueño secreto, y luego darme cuenta de que la causa de toda mi ansiedad en cualquier nivel es la decisión de mi mente a favor del ego. Pero casi nunca podemos hacer eso de inmediato. De hecho, otro pasaje muy importante habla de cómo es que no pasamos de la pesadilla a un despertar (T-27.VII.13). No pasamos directamente del sueño externo al sueño secreto y luego del sueño secreto al Cielo porque estamos tan aterrorizados. En ese pasaje Jesús dice que lo que necesitamos son sueños más dulces, es decir, los sueños felices del Espíritu Santo que nos guían lentamente, paso a paso, para que podamos confiar más en que no se nos destruirá al regresar a la mente, y que hay una presencia amorosa y reconfortante que nos acompaña en este recorrido.

Todos tenemos necesidad de la magia. Siempre me gusta señalar que respirar es magia. Todos tenemos una relación muy especial con el oxígeno porque creemos que sin oxígeno moriríamos. Bueno, ¿qué es lo que moriría? Lo que moriría es una ilusión; no obstante, en ninguna parte de este curso sugiere Jesús que no debamos respirar o comer. De hecho, nos dice más de una vez que el Espíritu Santo no nos quita nuestras relaciones especiales; las transforma, lo que significa que les cambia el propósito (véase, por ejemplo, T-15.V.5; T-17.IV.2:3). Así que ahora la razón por la que acudes a un mago, ya sea a un médico o a un psicoterapeuta, es porque hacer eso te ayudará. Este uso de la magia te ayudará a llegar al punto donde puedas elegir el milagro en lugar de la magia. Pero aún no estás listo, por lo que usas un enfoque conciliatorio, con plena conciencia de que eso es lo que estás haciendo. Nuevamente, esto no significa que no debas hacer lo que hace la gente normal cuando tiene problemas psicológicos, físicos, económicos, sociales o de cualquier otra índole.

Incluso asistir aquí a las clases es una forma de magia, pero eso no significa que no deban venir. El propósito de su visita aquí debe ser que les ayude a comprender mejor lo que dice el Curso para que puedan trabajar con él de manera más eficaz. Pero tengan en cuenta que Un curso de milagros es magia. Es un libro, ¿verdad? Eso es magia. Es una ilusión, un símbolo de volverse de mentalidad correcta, un símbolo de acudir al Espíritu Santo en tu mente y pedir ayuda. Pero como pensamos que somos cuerpos y no mentes, necesitamos algo llamado Un curso de milagros. Necesitamos a alguien llamado Jesús, a quien podamos identificar como nuestro maestro, porque a todos nos da demasiado miedo la presencia abstracta e inespecífica del amor en la mente. Necesitamos formas específicas de ese amor. El peligro radica en enamorarnos tanto de la forma que pensemos que la salvación es Un curso de milagros, o que la salvación es Jesús o cualquier cuerpo terrenal. Como dice Jesús en un pasaje del texto, el «verdadero objetivo» de cualquier maestro es hacerse prescindible, de modo que ya no se le necesite (T-4.I.5). Aprendes pues tanto como puedas. En el contexto de este curso, eso significa aprender la diferencia entre no tener mente y tener conciencia de la plenitud de la mente, para que te remontes cada vez más a la mente, hasta terminar reconociendo que eres tu propio maestro; pero ¡no tú como ego! El Espíritu Santo es simplemente un símbolo de ti en tu mente correcta, y eso ocurre justo al final del viaje. Mientras tanto, necesitas de la magia.

Centrarse en el propósito de usar la magia ayudará a evitar conflictos innecesarios. Por lo tanto, si estoy usando la magia con el fin de no regresar a casa y no despertar del sueño, pagaré el precio que es la culpabilidad y el castigo, etc. Si estoy usando la magia como una forma de ayudarme en mi viaje, para que aprenda finalmente que no necesito de la magia (las formas), entonces no hay culpabilidad, porque la magia que estoy usando se convierte así en un símbolo de la meta, que es el Amor de Dios. Si estoy usando las cosas de este mundo como una forma de reforzar la idea de que estoy en este mundo, dichas cosas se convierten en símbolos de culpabilidad y separación.

No es posible que evitemos usar la magia. Todo es una espada de dos filos. Se podría decir que estudiar este curso es magia «buena» porque su propósito es despertarte del sueño, a menos que formes una relación especial con el Curso. En ese caso te hace especial porque tú eres estudiante del Curso y otra persona no; o porque tú estudias con el profesor indicado del Curso y otra persona no. Es evidente que tienes una relación especial con el Curso cuando te das cuenta de que no puedes sobrevivir el día a menos que hagas una lección del libro de ejercicios y leas una sección del texto; o no puedes tomar asiento en un restaurante y pedir algo del menú sin antes preguntarle al Espíritu Santo qué debes pedir; o no puedes tomar una galleta de la suerte sin antes posar las manos sobre las galletas de la suerte que están en la mesa y dejar que el Espíritu Santo te guíe la mano hasta la galleta correcta que tiene el mensaje indicado para ti. Cuando te entra ese tipo de especialismo, este curso, que podría llevarte a casa, acabará llevándote al otro lugar; no porque el Curso haya cambiado, sino porque tu propósito ha cambiado.

De manera similar, digamos que eres adicto, ya sea al alcohol, a las drogas, al juego o a lo que sea; primeramente, es una forma patente de mantenerte en este mundo. En algún momento, cuando dices que tiene que haber otra manera, la adicción misma ahora se convierte en un medio para ayudarte a despertar del sueño, porque ya has invitado al Espíritu Santo a entrar, lo que significa que le permites mirar contigo la adicción. Él no te la quita. Te ayuda a reconocer cuál ha sido el propósito de tu adicción, que es la culpabilidad. Ahora el propósito ha cambiado y se convierte en el perdón. Ahora se convierte en un símbolo de tu retorno a casa en lugar de ser un medio para traerte al infierno. Nuevamente, no puedes evitar eso en este mundo. Aquí, todo es magia; simplemente depende de qué propósito tenga para ti.