El sueño feliz

Extractos del taller realizado en la
Fundación para Un curso de milagros
Temécula CA

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte IV
«El sueño feliz»
«El soñador del sueño»

Ahora veremos una serie de pasajes que nos permitirán desarrollar estas ideas. Comenzaremos con el primer párrafo de «El sueño feliz» en el capítulo 18 del texto.

(T-18.V.1:1-2) Prepárate ahora para deshacer lo que nunca tuvo lugar. [Esa es la posición metafísica del Curso; que estamos deshaciendo el ego, la ilusión, el sueño que nunca sucedió.] Si ya entendieras la diferencia que existe entre la verdad y las ilusiones, la Expiación no tendría objeto.

En otras palabras, si ya supieras que todo esto es un sueño, una ilusión, no necesitarías este curso y tampoco necesitarías al Espíritu Santo. La Expiación es el término del Curso para la corrección del Espíritu Santo: la separación de Dios nunca sucedió.

(T-18.V.1:3) El instante santo, la relación santa, las enseñanzas del Espíritu Santo y todos los medios por los que se alcanza la salvación no tendrían ningún propósito.

«Si ya supieras lo que te estoy enseñando», dice Jesús, «no necesitarías que te enseñara; no necesitarías la corrección». Todos estos términos representan la corrección. Si supiéramos que el error ya se ha corregido porque reconocemos que el error nunca sucedió, que todo esto es un sueño, que nunca nos hemos ido de casa y seguimos muy a gusto en Dios, no necesitaríamos este curso ni ninguna de las ayudas que Jesús nos proporciona.

(T-18.V.1:4) Pues todos ellos no son sino aspectos del plan cuyo fin es cambiar tus sueños de terror a sueños felices, desde los cuales puedas despertar fácilmente al conocimiento.

En el Curso el término conocimiento es sinónimo de Cielo, así que pasamos de sueños de miedo, sueños de mentalidad errónea, a sueños felices de perdón, sueños de mentalidad correcta. Cuando los sueños felices de perdón deshacen totalmente los sueños de miedo, termina todo soñar y estamos de nuevo exactamente ahí donde siempre hemos estado.

(T-18.V.1:5) No te pongas a ti mismo a cargo de esto, pues no puedes distinguir entre lo que es un avance y lo que es un retroceso.

Podemos entender esta frase y la siguiente en el sentido de que confundimos la forma y el contenido, el cuerpo y la mente, el sueño del mundo y el sueño secreto de la mente, porque siempre tratamos de evaluar nuestro progreso y el progreso de otras personas en función de lo que hacemos y entendemos. Por ejemplo, nos precipitamos con facilidad a decir que la gente espiritual no habla así; actúa así, se comporta así, se viste así, etc. Pero eso es porque no entendemos la diferencia entre forma y contenido. Creemos que la forma es importante. Creemos que el comportamiento es importante. Creemos que es importante lo que ven los ojos y lo que entienden los cerebros. El hecho es que nada de ello es importante y no hay forma de que podamos entenderlo. Ese es el objetivo de este primer párrafo. Necesitamos un sistema de pensamiento, un maestro, que nos traslade de no tener mente, estando identificados con el ego, que es el sueño del mundo —en el cuerpo—, a la plenitud de la mente, el estado del Espíritu Santo, que es el sueño secreto. Por eso Jesús continúa:

(T-18.V.1:6) Has considerado algunos de tus mayores avances como fracasos, y has evaluado algunos de tus más profundos retrocesos como grandes triunfos.

En otras palabras, estamos totalmente confundidos. Así, Jesús nos dice amable y dulcemente que ni siquiera tratemos de entender dónde nos encontramos sobre la escalera o en qué parte del recorrido, y que por favor no intentemos juzgar dónde se encuentran otras personas. Esto se debe a que solo estaremos mirando desde la perspectiva de nuestro cuerpo que mira a los cuerpos de otros con cierta noción preconcebida que no tiene nada que ver con lo que realmente es la espiritualidad. De eso habla aquí.

No conocemos la diferencia entre el sueño del mundo y el sueño secreto, porque no sabemos nada acerca de la mente y, por lo tanto, ¿cómo es posible que juzguemos dónde se encuentran las personas en su camino de la Expiación, especialmente cuando el camino de la Expiación y el deshacimiento del ego no ocurren en el tiempo y en el espacio? No son nada lineal porque la linealidad es el sueño del mundo. El tiempo lineal es la proyección a formas del pecado, la culpabilidad y el miedo, que son intemporales, no en el sentido de ser eternos, sino más bien de situarse fuera del tiempo, o sea que no forman parte del tiempo. La mente está fuera del tiempo y del espacio. Así que ¿cómo es posible que sepamos qué significado tiene la vida de una persona, o cuál es el significado de la ocupación de una persona, de su relación o de su estado corporal? No sabemos dónde encaja eso en el camino de la Expiación general de nadie. No hay forma de que sepamos eso acerca de nosotros mismos ni de nadie más. Entonces Jesús está diciendo que le hagamos el favor de ni siquiera intentarlo. Todo lo que necesitamos saber es que el sueño feliz es la corrección del sueño del ego, que es un sueño de miedo. No tiene ningún otro significado que el de servir como una corrección.

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La siguiente sección, «El soñador del sueño», es la sección a la que me referí antes cuando hablaba de los dos sueños.

(T-27.VII.11:6) El sueño del mundo no es sino una parte de tu propio sueño del que te desprendiste y luego viste como si fuese tanto su comienzo como su final.

«El sueño del mundo» son nuestras experiencias aquí como cuerpo. Esto abarca todo el cosmos desde antes del Big Bang hasta el momento en que desaparecerá en un solo enorme hoyo negro de perdón, junto con todo lo que transcurra entre esos dos polos. Pero no es sino una parte de «tu propio sueño», que es el sueño de la mente del que nos desprendimos, que proyectamos. Y una vez que lo proyectamos, creímos que el sueño del mundo era independiente. Tenía su propio comienzo y tendrá su propio final. Existía estrictamente por cuenta propia, sin tener nada que ver con la mente que ahora se ha dejado inaccesible. El cosmos entero es un estado sin mente, y dado que no existe una jerarquía de ilusiones, no importa si estamos hablando de un cuerpo sin mente o de un cosmos sin mente. Una ilusión es una ilusión es una ilusión.

Entonces:

(T-27.VII.11:7) No obstante, lo que dio comienzo al sueño del mundo [tu vida aquí como cuerpo] fue tu sueño secreto, lo cual no percibes, si bien es el que causó la parte que ves, de cuya realidad no dudas.

Aunque el sueño de la mente es la causa del sueño del mundo, debido al velo de amnesia, el velo del olvido, no sabemos que está ahí y no dudamos que el mundo exterior sea real, aunque es causado por la mente y las ideas no abandonan su fuente. El mundo exterior nunca ha abandonado el mundo interior porque no hay mundo exterior. Las palabras interior y exterior básicamente carecen de significado real. Ambos estados son ilusorios. La palabra interior significa que hay un exterior; la palabra exterior significa que hay un interior. No hay exterior, por lo tanto, la palabra interior en realidad no significa nada.

Solo existe la mente. No hay nada más, al igual que por la noche cuando estamos dormidos en nuestra cama, no hay más que el cuerpo dormido en la cama. Lo que sucede en el cerebro del soñador es irrelevante para el hecho físico en nuestro mundo de que hay un cuerpo dormido en la cama, aunque el cerebro esté soñando que se encuentra en diferentes lugares. Así, aunque estemos soñando que vivimos en este mundo como un cuerpo que hace cosas de todo tipo con el propio cuerpo y con los de otros, el hecho es que seguimos en la mente, en ese sueño secreto.

(T-27.VII.11:8) ¿Cómo podrías dudar de ello [que el sueño externo es real] si aún estás dormido, soñando en secreto que su causa es real?

Todavía estamos dormidos, pero estamos soñando esto; y mientras soñamos y estamos dormidos, soñamos que este mundo externo, esta vida como cuerpo es real. Ese es el problema. Eso es lo que hace que sea tan difícil entender este curso, por no mencionar aplicarlo, porque lo estamos leyendo como un cuerpo, creyendo que se trata del cuerpo. Aunque prácticamente cada pasaje nos dice que no somos cuerpos, esas palabras nos pasan directamente desapercibidas. No se registran en nuestros cerebros porque el cerebro fue programado para que no se registraran. «No soy un cuerpo. Soy libre» (L-pI.199), dice una y otra vez el libro de ejercicios. Eso resulta ilógico. Aunque el cerebro y la boca repiten las palabras, se rechazan porque olvidamos que estamos dormidos. Y mientras estemos dormidos, pensaremos que el mundo exterior es real; que tiene poder y tiene efectos.