El sueño feliz

Extractos del taller realizado en la
Fundación para Un curso de milagros
Temécula CA

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte VI
El final del sueño
(The Gifts of God, p. 119)
 

Ahora quiero que pasemos a examinar un pasaje de "The Gifts of God" («Los regalos de Dios»), el poema en prosa que se encuentra al final del volumen de poesía de Helen titulado The Gifts of God. Este material fue originalmente una serie de mensajes que llegaron a lo largo de varias semanas para reconfortarla durante un trance de mucha ansiedad y estrés. Veremos la sección llamada El final del sueño, que se escribió durante el segundo o tercer día de este difícil momento. Lo que precipitó estos mensajes fue básicamente un suceso que en menos de un día no trascendió a mayores, pero los mensajes continuaron. Los recopilé y los conservé porque parecían integrar un todo. Después de la muerte de Helen, se publicaron como un poema en prosa (escrito como prosa, pero en verso libre).

Como mencioné anteriormente, este es un resumen maravilloso de todo el Curso. La parte que vamos a comentar ahora tiene que ver con los dos sueños que hemos estado comentando. Comenzamos con el primer sueño, el sueño de la mente. Esta parte aborda específicamente el error que mencioné brevemente al principio: la confusión del sueño feliz con algo externo. Esto ayuda a explicar y a profundizar en la idea de por qué lo hacemos.

El final del sueño, The Gifts of God, en la página 119:

Las ilusiones se hacen como sustitutos de la verdad, para la cual no hay sustitución posible.

Esta es una forma de decir que la diminuta idea loca de estar separados de Dios fue un intento por nuestra parte de sustituir la verdad, pero no puede haber sustituto de la verdad, lo que significa que no hubo separación.

El Creador separado de la creación fue la primera ilusión, donde nacieron todos los regalos del miedo . . .

Todas las expresiones de miedo que tenemos, y las que hemos tenido desde el principio, nacen en ese pensamiento original de que la creación pueda separarse de su Creador, de que las ideas pueden abandonar su fuente.

. . . pues ahora la creación no podía ser como su Creador, Quien nunca podría abandonar lo que Él Mismo creó como parte de Él.

En otras palabras, ahora la creación está separada. Ya no es una parte de la Unidad Viva; es un aparte de la Unidad Viva [valga el juego de palabras]. Si el Creador «nunca podría abandonar lo que Él creó como parte de Él», la separación nunca sucedió.

Ahora debe haber un sustituto del amor, que no puede tener un opuesto en verdad y, al serlo todo, no admite sustituto.

En el Curso, el sustituto del amor es la relación especial. La relación especial original, y de hecho la única relación especial, es nuestra relación con el ego. Ese es el sueño original, el sueño secreto y en realidad, ese es el único sueño. Todas nuestras aparentes relaciones especiales aquí entre nosotros como cuerpos son simplemente proyecciones fragmentarias de la relación especial original y única vertidas en una forma. Ese es el sustituto del amor original.

Así se fabricó el miedo, y con él vino la necesidad de regalos para prestar sustancia a un sueño que no tiene sustancia alguna.

Este es el sueño de pecado, culpabilidad y miedo. Nuestro pecado fue que sustituyéramos el amor, al fabricar nuestra propia versión y así destruirlo. Nos vimos abrumados por la culpabilidad y creímos que merecíamos ser castigados. Ese fue el nacimiento del miedo. Esta es la base del sueño del mundo. El sueño del mundo da sustancia, forma y especificidad a la creencia original de que podemos sustituir el amor. Como resultado, nos entra miedo de que el amor vaya a vengarse. Ahora tenemos «la necesidad de regalos para prestar sustancia a un sueño que no tiene sustancia alguna». El mundo parece probar que la separación ocurrió, porque todos estamos separados, nuestros cuerpos nos dicen que estamos separados. Esa es la sustancia a la que alude.

Ahora el sueño parece tener valor, pues sus ofrendas aparentan brindar esperanza y fuerza, incluso amor, aunque solo sea por un instante.

Este es nuestro viejo amigo, el amor especial. Parece que tenemos las necesidades cubiertas. Parece que tenemos estos momentos de éxtasis, placer y satisfacción, en que todo tiene sentido. Con las necesidades satisfechas, una vez más, hemos probado que tenemos razón y Dios está equivocado. Recuerden, el propósito del sueño es demostrar que tenemos razón, que la separación es verdad, que Dios está equivocado y la unidad es una mentira. El sueño del mundo parece dar fe de ello. Por eso invertimos tanto en hacer que este mundo funcione, hacer de este mundo un lugar espiritual, incorporar a Un curso de milagros y a Jesús al mundo para que se convierta en un lugar espiritual. Invertimos en lograr todo esto porque significaría que existimos. Cubrimos nuestra culpabilidad con un velo de espiritualidad: soy muy santo y muy espiritual porque soy estudiante de Un curso de milagros, o soy un devoto estudiante de la Biblia. Soy un cristiano, un judío, un musulmán, un hindú o seguidor muy leal de cualquier otro camino donde la visión original se deteriora muy pronto, para convertirse en formas, rituales y especialismo.

Contentan por un tiempo al soñador atemorizado . . .

Los sueños de amor especial nos satisfacen por un tiempo porque parecen funcionar. Lo que también nos contenta por un tiempo son nuestros sueños de odio especial en los que nos encanta odiar, juzgar, buscar defectos y criticar. Nos sentimos tan bien cuando hemos identificado y luego destruido al enemigo, ya sea que lo hagamos como jefe de estado declarando la guerra a otro país o grupo, o que lo hagamos como individuos y les declaramos la guerra a personas de la familia, de nuestro círculo de amigos, de compañeros de trabajo, etc. Aquí es cuando los sueños especiales, los sueños del mundo, parecen funcionar y, al menos por un tiempo, parecen hacernos felices.

Ahora aquí está la clave:

. . . y le permiten no recordar el primer sueño que los regalos de miedo tan solo le brindan de nuevo.

En este mundo los regalos de miedo provenientes de nuestro especialismo nos ofrecen el sueño secreto, pero no lo recordamos. ¿Cuál es el meollo del sueño secreto? El meollo es que podemos conservar nuestra separación, pero otro resulta culpable de ella. En el sueño secreto, ese alguien es Dios; Dios es el malo. Una vez que proyectamos eso, conservamos nuestra existencia separada como un cuerpo, y luego todos los demás cuerpos en nuestras vidas —comenzando con nuestros padres y luego otros a lo largo de la vida, son responsables de nosotros. ¡Son ellos! Y no importa quiénes sean «ellos», ellos son los responsables. Logramos conservar y a la vez comernos y disfrutar el pastel de separación horneado por el ego, pero el veneno que contiene matará a todos los demás. La siguiente oración nos da el propósito del mundo.

El aparente alivio que brindan los regalos ilusorios [del especialismo] ahora son su armadura y la espada que sostiene para salvarse de despertar.

¿Qué pasa si despierto? El sueño se ha esfumado, mi yo se ha esfumado y estoy de vuelta con el Dios al que nunca abandoné. ¿Qué me dice que no he vuelto con Dios? El sueño secreto. ¿Qué protege al sueño secreto? Los sueños de especialismo propios del mundo. Recuerden, el propósito lo es todo. Los sueños del mundo, nuestra tremenda inversión en el cuerpo y en cada aspecto de la vida corporal (física y/o psicológica) tienen por objeto proteger el sueño secreto. Este a su vez nos protege para que no tengamos que reconocer el hecho de que nunca nos fuimos de casa, pues el sueño secreto nos impide mirar el pensamiento de la Expiación en nuestra mente, el cual nos dice que no pasó nada.

Porque antes de que pudiera despertar, primero se vería obligado a traer a la memoria una vez más el primer sueño.

En algún lugar dentro de nosotros reconocemos que la única manera en que podemos volver a casa y despertar de este sueño es remontándonos a ese sueño secreto. Le hemos jurado al ego (a nosotros mismos) que nunca lo haremos, porque si miramos ese primer sueño con Jesús a nuestro lado, reconoceremos que no hay sueño. Fue pura invención. No fue nada, y detrás de la insustancialidad del ego está la luz resplandeciente de la Expiación, y detrás de eso está la Unidad de Dios. La aceptación de la luz resplandeciente de la Expiación es el mundo real, que no hay que equiparar con el sueño feliz. Los sueños felices son pasos preliminares que nos permiten llegar al mundo real, que nos aproximan cada vez más a la Expiación. Y como dice el Curso, nuestra estancia en el mundo real es fugaz, y luego Dios se inclina y nos eleva de nuevo hasta Él y todo termina (véase T-17.II.4:4-5).

No es Dios Quien le pide pagar un precio . . .

Dios no cree en el sacrificio. No tenemos que sufrir. No tenemos que pagarle a Dios. Mirar el sueño secreto no tiene que ser doloroso.

. . . pero habiendo corrido un velo frente a la verdad, ahora él [todos nosotros] debe dejar que se descorra el velo para que pueda verse su falta de sustancia.

Ese es el sueño feliz. El sueño feliz es mirar la pesadilla y darnos cuenta de que es un sueño. No lo confundan con nada externo. Los sueños del mundo ocultan el sueño secreto. Jesús toma nuestras experiencias de los sueños del mundo, nuestras experiencias corporales y nuestras relaciones especiales, y las usa como una forma de enseñarnos que no son más que símbolos y fragmentos sombríos del sueño secreto. Jesús nos trae de nuevo al interior. Eso es lo que hace en este curso: el ego dejó caer un velo entre nosotros y la mente; Jesús simplemente lo descorre para que podamos mirar.

Cuando le pides ayuda a Jesús, eso es lo que estás pidiendo; no que él arregle el sueño o mejore el sueño ni que te haga más feliz aquí en la ilusión. Le estás pidiendo que te ayude a descorrer el velo, para que puedas mirar sin miedo lo que el sueño externo oculta, que es el sueño secreto. Cuando miras eso con su amor a tu lado, miras la luz de la Expiación que relumbra más allá. Pero no puedes llegar a la luz de la Expiación y reconocer que la separación nunca ocurrió, sin primero mirar lo que pusiste allí para ocultarla. Eso nos da pavor. Por eso necesitamos pequeños pasos. Por eso necesitamos los sueños felices y apacibles que poco a poco, paso a paso, nos llevan del estado sin mente a la mente.