El sueño feliz

Extractos del taller realizado en la
Fundación para Un curso de milagros
Temécula CA

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte VII
El final del sueño (cont.)

Nadie vacilaría en abandonar un sueño de conmoción y terror, de inclemente deterioro y contorsiones repugnantes, con la desesperación siempre a la vista y la muerte no muy a la zaga, si creyera que no fuese más que un sueño.

Jesús dice de este mundo que nos parece tan maravilloso, que es «un sueño de conmoción y terror». Y el cuerpo, dice, experimenta «inclemente deterioro y contorsiones repugnantes». Eso es lo que le sucede a nuestro cuerpo, que Jesús nos dice en otro lugar es una «parodia» y un remedo grotesco del Cristo glorioso que Dios creó (T-24.VII.1:11; 10:9). El cuerpo, incluso cuando funciona bien, es una distorsión, una deformidad, no se diga cuando comienza a decaer y a deteriorarse, se muere y entra en descomposición. El problema es que creemos que es la realidad. Si de veras supiéramos que es parte de un sueño, desaparecería.

A nuestro ego, que es la parte de nosotros que quiere estar aquí, no le importa cómo está aquí, si se encuentra feliz o triste, con dolor o con buena salud, siempre y cuando creamos que el cuerpo está aquí. Por eso, en el segundo y tercer obstáculos a la paz, Jesús dice exactamente lo mismo: si crees que el cuerpo puede darte placer, también crees que puede causarte dolor, porque el placer y el dolor son cara y cruz de la misma moneda, que es hacer real la separación (por ejemplo, T-19.IV-A.17:11). Si mi cuerpo siente placer, el cuerpo es real; si mi cuerpo siente dolor, el cuerpo es real. ¿Cuál es la diferencia? Al ego le da igual. Aquí creemos que existe una diferencia, por eso tratamos de maximizar el placer y minimizar el dolor. No hay diferencia. No importa si eres rico o pobre. El dinero lo es todo en nuestra vida: o quieres más y más, o nunca tienes suficiente. Al ego no le importa mientras hagas que el sueño sea real, porque si conviertes en realidad el sueño, nunca podrás dejarlo.

Pero, si piensa que primero debe pasar por un terror aún mayor, sin duda verá esperanza en lo que ahora parecerá el sueño «mejor» [lo que el mundo llama el sueño feliz].

Por muy terribles que sean las cosas aquí, dice el ego, sería aún peor si te adentraras en la mente, porque allí Dios sin duda te destruirá. Entonces, «si piensa que primero debe pasar por un terror aún mayor», aunque el mundo sea espantoso y terrible, aunque sea una fuente de desesperación, muerte, terror y despiadado deterioro, lo elegirá porque no quiere atravesar ese terror aún mayor. Por lo tanto, «sin duda verá esperanza en lo que ahora parecerá el sueño "mejor"».

Desafortunadamente, como he dicho, eso es lo que muchos estudiantes del Curso hacen con este curso. Quieren hacer del mundo un lugar mejor. Quieren mejorar el sueño. Quieren encontrar esperanza en el mundo. Por eso dirán: «¡Qué maravilla que Un curso de milagros por fin ha llegado al mundo! ¡Ahora hay esperanza!». Si eso es lo que están pensando, no están hablando de Un curso de milagros. ¡No hay esperanza en el mundo! No hay esperanza de convertir esto en un sueño mejor. ¿Por qué quieren mejorar un sueño cuando Jesús nos pide que le dejemos ayudarnos a despertar del sueño?

El comienzo de nuestra sanación es darnos cuenta de que aquí no hay esperanza. Un curso de milagros no fue concebido para el mundo. El Curso no se concibió para centenares de miles de personas. Se dirige a una sola persona y esa persona eres. Nunca hay que olvidar eso. Su único destinatario eres tú. Y cuando se sana la mente del «tú» que crees que eres, todos se sanan porque la mente escindida es una misma mente: una misma mente es todas las mentes. No hay nadie a quien haya que convertir, enseñar o convencer. Lo único que la gente necesita es que se les demuestre que están contentos y agradecidos de estar equivocados, porque lo que les hará verdaderamente felices es estar equivocados y saber que Dios finalmente tenía razón: la separación nunca sucedió. Y aprendemos eso al practicar día tras día los felices sueños de comprender que todas nuestras necesidades e intereses son uno. Todos nuestros egos, todo nuestro Espíritu Santo, todas nuestras lecciones de perdón y todas nuestras mentes son una. No estamos separados; no somos diferentes. Pero he aquí lo que sucede cuando nos dejamos engañar por lo que nos dice el ego:

Y ahora busca dentro de su sueño [el sueño del mundo] para hallar qué regalos podrá encerrar. ¿Qué puedes entresacar de sus sombras? ¿Quién te puede salvar ahora dándote el amor que desechaste? ¿Qué puedes aprender a hacer para dominar a otros? ¿Qué habrá allí que sea tu regalo especial dentro del sueño? Encuéntralos y no despiertes porque este sueño puede darte lo que crees que a ti te falta.

Eso es lo que siempre intentamos hacer. Creemos que este curso nos dará lo que nos falta. Creemos que este curso nos dará esperanza, paz y amor. No puede darnos eso. Lo que hace es mostrarnos la manera de recordar que el amor, la esperanza y la paz están dentro de nuestras mentes. Simplemente nos muestra el camino. No nos brinda esperanza o amor. De hecho, se lleva todas las esperanzas ilusorias de este mundo. La única esperanza reside en la parte de nuestras mentes que toma decisiones. La esperanza en el mundo es aprender que no hay esperanza, lo cual nos ayuda a darnos cuenta de que el mundo fue creado para evitar que nos pusiéramos en contacto con la esperanza que está en la mente: el poder de la mente para elegir.

Pero si despiertas, se irán todos sus regalos, tu armadura y tu espada desaparecerán, y los buitres que siempre circulan en lo alto por fin podrán reclamarte como su presa legítima.

Si despertamos, todos los regalos del mundo, los regalos del especialismo, desaparecerán; nuestra armadura y espada desaparecerán; es decir, desaparecerán tanto la actitud defensiva contra los ataques que otras personas nos infligen como la que nos orilla a atacar a otros. Eso es lo que nos dice el ego: si despertamos, todo nuestro especialismo y todas nuestras defensas desaparecerán. Eso es lo que nos mantiene en este sueño. Los buitres circulando en lo alto son las proyecciones simbólicas del Dios del ego. Siempre está Él al acecho. Como dice el manual: «No creas que Él se ha olvidado» (M-17.7:4). Nunca ha olvidado lo que le hiciste. Nunca ha olvidado lo que le hiciste a Su Hijo. Nunca ha olvidado que destruiste Su Hogar. Este es el ego hablando. Él nunca se ha olvidado de ti y simplemente aguarda. Lo que mantiene alejado a Dios son todas las ilusiones de especialismo. Por eso no queremos renunciar a ellas. Este curso se trata de dejar de lado nuestra inversión en las relaciones especiales, pero el ego es tan astuto, tan sutil y furtivo que nos hace desarrollar una relación especial con el Curso. Es genial por su parte.

El tema central de este curso es la unidad del Hijo de Dios; entonces ¿qué hacen los estudiantes del Curso? Marcan divisiones y separaciones, atacan y juzgan, todo en nombre de Un curso de milagros. En nada difiere de lo que se ha hecho durante dos mil años de cristianismo. Esto es lo que nos mantiene en el sueño. Es muy importante comprender la dinámica de esto, para que podamos empezar a ver en nuestra vida cotidiana la resistencia que oponemos a aprender y a practicar lo que este curso nos está enseñando. Siempre nos ayudará tener primordialmente presente que el propósito de este curso es que Jesús nos está guiando en un viaje de no tener mente a tener conciencia de la plenitud de la mente. El estado sin mente es cualquier cosa que tenga que ver con el cuerpo y el mundo, cualquier cosa que tenga que ver con la separación o los intereses separados. Este libro es un libro separado. El contenido de este libro es lo que queremos, no la forma. El contenido de Jesús es lo que queremos, no la forma de su persona, no su identidad individual. El contenido de Jesús es el amor que todos somos, del cual él es un mero símbolo. Necesitamos desplazarnos siempre del símbolo a la fuente, de la forma al contenido, del sueño del mundo al sueño secreto al sueño feliz.

Otra forma de entender el sueño feliz es que consiste en mirar las pesadillas del ego y sonreír. No es más que eso: mirar las pesadillas del ego, toda la fealdad del especialismo en todas sus formas, en todas sus formas de expresión en el mundo, las nuestras y las de todos los demás, con la feliz sonrisa del Espíritu Santo. Eso es lo que lo convierte en un sueño feliz, así como una de las definiciones de la mente correcta es estar en tu mente errónea, pero no juzgarla.

El Curso nos dice que el milagro «observa la devastación y le recuerda a la mente que lo que ve es falso» (L-pII.13.1:3). Observamos la devastación de los sueños del mundo, entendemos que son las proyecciones de los pensamientos devastadores del sueño secreto en la mente y nos recordamos a nosotros mismos que lo que estamos viendo es inventado. Es inventado «ahí fuera» y es inventado dentro de la mente. Eso es el sueño feliz, eso es el milagro y eso es el perdón. Es silencioso y tranquilo y no hace nada. Tan solo mira, espera y no juzga (L-pII.1.4:1,3).

Una vez más, el sueño feliz consiste en mirar al mundo, reconocer que es la sombra de la decisión de la mente, y que lo que estás mirando en la mente no ha tenido ningún efecto sobre la paz y el Amor de Dios dentro de ti. En un nivel muy práctico, al ir viviendo esto día tras día, se traduce en que cada vez que percibas algún fragmento sombrío del ego en ti mismo o en cualquier otra persona —alguien en tu vida personal o en la vida pública— lo miras sin juzgarlo, lo miras a través de los ojos del sueño feliz, o sea, no le das a nada de lo que veas el poder de quitarte la paz y el Amor de Dios que moran en tu interior. Nada de lo que el mundo haya hecho, nada de lo que el sistema de pensamiento del ego haya hecho puede quitarte el Amor y la paz de Dios que tienes y eres. Saber y aprender eso es el sueño feliz. No cambias nada. No cambias el mundo. No cambias tu ego. Si cambias tu ego, si deseas desesperadamente trascender a tu ego, lo estás haciendo realidad. ¿Cómo vas a poder dejarlo ir y darte cuenta de que es una ilusión si ya lo has hecho real, si estás luchando contra él, si lo estás enfrentando con una espada, si te pones una armadura para combatirlo? Únicamente puedes superar al ego mirándolo y reconociendo que no tiene el poder de hacer nada. No olvidar reírse de la diminuta idea loca significa no tomarla en serio, lo que significa no darle el poder de privarte de quién eres.

Lo que hace que todos estos principios sean muy prácticos y muy útiles es practicarlos cada vez que sientas la tentación de darle a alguien o a algo el poder de perturbar tu paz. Si no te sientes en paz, si estás enojado, ansioso, deprimido, temeroso o molesto, siempre tienes la tentación de decir que algo o alguien te lo hizo. No importa si es tu propio cuerpo el que te está agrediendo, si es el cuerpo de otra persona, el clima, la gente en Washington o Dios, eso es lo que el mundo quiere que creas. Es entonces cuando le pides ayuda a Jesús, y él te dirá que la razón por la que no estás en paz no se debe a nada de eso: no es el sueño del mundo; es tu sueño secreto. Pero ¿saben qué? El sueño secreto es un sueño tuyo y, como es tuyo, puedes cambiar de mentalidad al respecto. Ese es el sueño feliz.

Un último punto: no tenemos que recordar el primer sueño para deshacer el segundo sueño, en el que nos encontramos. Solo tenemos que saber que lo que está sucediendo aquí no es lo que aparenta ser. El punto que acabo de señalar es que todo lo que tenemos que hacer es reconocer que no estamos molestos por lo que otra persona o personas hayan hecho. Estamos molestos por la decisión que nosotros hemos tomado. Eso es todo lo que tenemos que saber. «Nunca estoy disgustado por la razón que creo» (L-pI.5).

Este reconocimiento deshace el primer sueño porque todo es lo mismo. Todos los sueños del mundo emanan de ese primer sueño y nunca se han apartado de este. Así que, sanando cualquier parte del sueño que experimento, lo estoy sanando todo porque el todo se encuentra en cada parte. La totalidad de la Filiación que está soñando se encuentra en cualquiera de sus partes. Por eso dice el Curso que, si perdonas a una sola persona totalmente, has perdonado a todas. No hay más que una cosa que perdonar: tu propia decisión a favor de la culpabilidad. A final de cuentas, eso es lo único que estás haciendo: estás perdonando a tu yo. No hay nadie más.

Quieres volver a la unión; y lo que nos remonta al único yo, que es nuestro yo, es ver todos los fragmentos aparentes como iguales. Comenzamos con la idea de verlos como iguales, no necesariamente que todos sean literalmente uno, sino viendo que todos tienen el mismo ego, el mismo Espíritu Santo y el mismo poder para elegir entre ellos. Vemos eso en todos, sean personas buenas o malas, hayan hecho algo terrible y sean unos opresores y victimarios espantosos, o bien sean víctimas. Vemos a todos como iguales. Esos pasos preliminares son importantes. Son los sueños felices que nos llevan a empezar a comprender que no solo tenemos la misma mente escindida, sino que todos tenemos la misma mente. Todos somos iguales. Somos simplemente partes escindidas de un gigantesco sistema de pensamiento del ego, de un gigantesco sistema de pensamiento del Espíritu Santo y de un gigantesco tomador de decisiones. Todos somos uno. Por lo tanto, cuando perdono totalmente y mi mente es sanada, la mente de todos se sana, porque es una misma mente: «Cuando me curo, no soy el único que se cura» (L-pI.137). Entonces, todos nos vamos saltando alegremente a casa. Los violines tocan, y cantan, y las arpas . . . ¡Ah, qué encanto!

Para repetir aquello de lo que antes había hablado, es realmente importante aprender a tomarnos menos en serio a nosotros mismos. Nos tomamos muy en serio, increíblemente en serio. Creemos que lo somos todo, o creemos que no somos nada. No importa. Pero desde luego pensamos que somos especialmente maravillosos o especialmente terribles. Y nuestros problemas nos parecen descomunales. Eso es lo que el ego quiere que hagamos. Pero el «nosotros» en el que estamos pensando es el cuerpo, nuestro yo personal, psicológico y físico, que es parte del sueño del mundo. Y todo proviene de una pequeña, diminuta idea infinitesimal que no es nada. El ratoncito asustado que le ruge al universo; eso es lo que es el ego.