El sueño feliz

Extractos del taller realizado en la
Fundación para Un curso de milagros
Temécula CA

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte VIII
«El soñador del sueño» (cont.)

Ahora volvamos a «El soñador del sueño» en el texto:

(T-27.VII.13:1-2) eres el soñador del mundo de los sueños. Este no tiene ninguna otra causa ni la tendrá jamás.

Es de notarse que la palabra «tú» está en cursiva: «eres el soñador». El es el soñador, no la figura onírica. La figura onírica es la persona que creemos que somos, que lleva el nombre que asignamos a nosotros mismos, los cuerpos que experimentamos y percibimos que somos, etc. El es el soñador, la parte tomadora de decisiones de la mente. En otras palabras, el mundo no proviene de sí mismo, el mundo no es su propio comienzo y su propio final. Es literalmente la proyección de nuestra mente, al igual que cuando dormimos por la noche, los sueños que tenemos son literalmente las proyecciones de nuestros cerebros. No tienen realidad fuera de eso.

A continuación, Jesús se refiere una vez más al sueño secreto:

(T-27.VII.13:3) Todo lo que aterrorizó al Hijo de Dios y le hizo pensar que había perdido su inocencia, repudiado a su Padre y entrado en guerra consigo mismo no es más que un sueño fútil.

El uso del adjetivo «fútil» o inactivo nos dice que en realidad no está sucediendo nada. Cuando decimos que algo está inactivo o parado significa que no va a ninguna parte. Si el motor de un coche está andando, pero no está engranada ninguna velocidad, decimos que el coche está parado o al ralentí, no va a ninguna parte. El «motor» de nuestra mente al unirse con el ego podrá estar andando, pero no va a ninguna parte. No sucede nada. Nunca salimos del Cielo. Asimismo, el sueño secreto de pecado, culpabilidad y miedo es un sueño inactivo o fútil.

(T-27.VII.13:4-5) Mas el sueño es tan temible y tan real en apariencia, que él no podría despertar a la realidad sin verse inundado por el frío sudor del terror y sin dar gritos de pánico, a menos que un sueño más dulce precediese su despertar y permitiese que su mente se calmara para poder acoger —no temer— la Voz que con amor lo llama a despertar; un sueño más dulce, en el que su sufrimiento cesa y en el que su hermano es su amigo. Dios dispuso que su despertar fuera dulce y jubiloso, y le proporcionó los medios para que pudiera despertar sin miedo. 

Jesús está describiendo el sueño feliz. No podemos pasar de las pesadillas a despertar porque, como Jesús explica aquí, eso llevaría a «vernos inundados por el frío sudor del terror y a dar gritos de pánico». El ego nos dice que, si regresamos a Dios, Él nos destruirá. Este temor a la ira de Dios es lo que continuamente nos impulsa a mantener un perpetuo estado sin mente. La manera en que nos preservamos de la destrucción segura a manos de Dios es abandonando la mente y, una vez en el mundo, olvidamos totalmente que aquí también morimos. Pero dado que hemos olvidado cómo fue que terminamos aquí, olvidamos que el ego nos mandó estar aquí. Por eso es tan importante comprender las defensas del ego: funcionan increíblemente bien. Al olvidar que tenemos una mente, no recordamos cómo fue que llegamos hasta aquí. Fue escuchando el consejo del ego: Abandona tu mente porque Dios te destruirá. Vete al mundo y al cuerpo, y Él no te destruirá.

Bueno pues, terminamos en el mundo y en el cuerpo, y ¿qué creen? ¡Se nos destruye! Pero a estas alturas, hemos olvidado el sueño secreto, así que estamos aquí sin saber cómo y tenemos que sacarle el mejor partido posible. Entonces inventamos cuentos fantasiosos de todo tipo. Decimos, por ejemplo, que hay una vida de ultratumba, de modo que morimos, pero en realidad no morimos. Los malos mueren y se van al infierno. Pero ellos tampoco mueren en realidad, tan solo se les castiga con el infierno perpetuo mientras nosotros gozamos del éxtasis eterno. También existe la noción de vidas múltiples: muero, pero vuelvo a vivir y vuelvo a vivir y vuelvo a vivir. ¡Qué maravilla!, ¿verdad?

No es que estos conceptos no sean útiles, pero todos son ilusorios. ¿Cómo podríamos volver a un lugar en el que, para empezar, nunca estuvimos? Las ideas no abandonan su fuente. La idea del Hijo separado de Dios nunca se ha apartado de su fuente en la mente. Ni siquiera estamos en un cuerpo, así que, si vivimos una vida o mil vidas o hay una vida de ultratumba, da igual. Ni siquiera es una vida de ultratumba, es una no vida de ultratumba. ¿Qué tiene de particular una no vida de ultratumba? Es una no vida posterior a la no vida que resulta de la no vida. No es más que eso, pero inventamos cuentos porque estamos aterrorizados.

Jesús también inventa un cuento, pero el suyo es un cuento bondadoso y apacible: dice que Dios nos ama. Dios no está enojado. Sí, Dios sabe que nos fuimos de casa y que nos separamos, pero no guarda rencor. No está molesto. Dios no creó al Espíritu Santo para seducirnos y hacer que retornáramos al Cielo para poder destruirnos. Dios nos ama, nos extraña y se siente solo sin nosotros. Llora sin nosotros. Se lamenta. Añora que volvamos a casa. Bueno, todo esto es una fantasía, pero es un cuento bonito y apacible que corrige el cuento del ego, el sueño de pecado, culpabilidad y miedo. El pecado, la culpabilidad y el miedo se basan todos en la ira de Dios porque lo atacamos. El cuento fantasioso de Jesús, y sí que es fantasioso, es que no atacamos a Dios. Realmente no pasó nada. Papá no está enojado y el Espíritu Santo es tu Amigo.

Eso inicia el proceso de aprender a perdonarnos por lo que no hicimos. Dado que lo que hicimos con lo que creemos haber hecho es proyectarlo sobre los demás, comenzamos el viaje disponiendo de una nueva percepción de ellos con un maestro diferente. En otras palabras, retiramos todas las proyecciones de nuestra culpabilidad que depositamos sobre otros. Reconocemos que nuestro sueño externo en el que otras personas son victimarios y abusadores, a cuyas manos hemos sufrido, es el sueño del mundo. Y el sueño del mundo es la proyección del sueño secreto, en el que creemos que somos los asesinos, los necrófagos oportunistas, los pecadores, los traidores y los culpables de abandono. Pero ahora tenemos una presencia amorosa en nuestras mentes, que no es temible ni está enojada; es una presencia amorosa que nos dice que lo hemos inventado todo. Por lo tanto, justo al final nos damos cuenta de que la pesadilla del ego es inventada, pero el sueño feliz también lo es, de modo que ambos desaparecen, y únicamente queda la realidad.

(T-27.VII.14:1) Acepta el sueño que Él le dio en lugar del tuyo.

Ese es el sueño que Dios dio (aunque en realidad no es Dios Quien lo da). Ese es el sueño feliz. Sigue siendo un sueño, pero es un sueño feliz, un sueño de perdón.

(T-27.VII.14:2) No es difícil cambiar un sueño una vez que se ha reconocido al soñador.

Esta es otra línea muy importante. Habla del proceso de descorrer el velo de amnesia, para que reconozcamos que no somos un cuerpo sino la mente que es una mente que sueña. La Mente de Cristo no sueña, pero la mente escindida sí. No es más que eso: un soñador. No es difícil cambiar de sueño una vez que nos damos cuenta de que el soñador somos nosotros, y luego vemos claramente cuáles son las opciones. Como dice anteriormente el texto: «¿A quién que esté respaldado por el Amor de Dios podría resultarle difícil elegir entre los milagros y el asesinato?» (T-23.IV.9:8).

Cuando sabes que eres el soñador, y que un sueño es de asesinato y el otro sueño es de un milagro, no lo piensas dos veces. Es «pan comido», fácil, no para el cerebro, sino para la mente. Pero tienes que saber que eres el soñador. La resistencia a eso es enorme. No me cansaré de decirlo. Eso es lo que tienes que reconocer; de lo contrario, malinterpretarás muy rápidamente este curso y estarás tan seguro de tener razón porque lo citarás textualmente sin entender ni una palabra de lo que estás citando. Debes comprender tu resistencia a darte cuenta de que eres el soñador, no la figura onírica. Eres una mente, no un cuerpo. Jesús no te está hablando como persona, por tu nombre, usando palabras. Jesús es un pensamiento de amor en tu mente, una luz que por su sola presencia te llama a recordar que tú también eres la luz. Este curso está apelando al tomador de decisiones, al soñador. Por lo tanto, en el siguiente capítulo, «La inversión de efecto y causa», dice:

(T-28.II.7:1-3) El milagro establece que estás teniendo un sueño y que su contenido no es real. Este es un paso crucial a la hora de lidiar con ilusiones. Nadie tiene miedo de ellas cuando se da cuenta de que fue él quien las inventó.

Recuerden cómo se llama este libro: Un curso de milagros. «El milagro establece que estás teniendo un sueño». Tú eres el soñador y lo que estás soñando no es verdad. «Este es un paso crucial a la hora de lidiar con las ilusiones». ¿Cuál es el paso crucial? Darte cuenta de que eres el soñador. Por eso, este es un curso que nos enseña a centrarnos en la plenitud de la mente, la corrección del estado sin mente propio del ego. Simplemente tengan eso en cuenta y siempre irán por el buen camino con este curso.

Esto nunca se trata del cuerpo. Nunca se trata del mundo. Nunca se trata de tu personalidad. Nunca se trata de tu relación especial con otro cuerpo. Ese es el contexto porque ahí es donde creemos que estamos. Por lo tanto, Jesús utiliza el lenguaje del sueño para desplazarnos al soñador del sueño. Nadie tiene miedo de las ilusiones. Nadie tiene miedo de todos los sueños del mundo. Esta es la misma idea que Jesús planteó en "The Gifts of God", como vimos antes. Repetiré la tercera frase:

(T-28.II.7:3) Nadie tiene miedo de ellas [las ilusiones] cuando se da cuenta de que fue él quien las inventó.

Si sé que no hay monstruos ahí fuera, que yo los inventé, ¿qué cosa hay para temer? Cuando olvidamos que los inventamos es cuando nos asustamos. Cuando olvidamos que este es nuestro sueño, nos da miedo el cáncer, la guerra nuclear y la contaminación; nos da miedo toda la gente mala que anda por allí y todas las personas abusivas en nuestras vidas. Todos nos estamos muriendo de cáncer. Es cáncer de la mente; es el cáncer de creer en la separación. Te quieres centrar en eso, porque ese es el que mata. De ahí viene la muerte, pero nos centramos en el cuerpo y en las enfermedades del cuerpo. Persiste el afán de centrarnos en fortalecer el sistema inmunológico del cuerpo, lo cual no es mala idea si eres un cuerpo, pero descuidamos el sistema inmunológico de la mente. Ese es el problema. La Expiación es el sistema inmunológico de la mente. Eso es lo que hay que reforzar; con eso queremos identificarnos.