La dualidad como metáfora
en Un curso de milagros

Extractos del taller celebrado en la
Fundación para Un curso de milagros
Roscoe NY

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte I
Introducción

Este taller es probablemente uno de los más importantes que he dado y que probablemente jamás vaya a dar. Sin embargo, no fue sino hasta hace relativamente poco que pensé en la necesidad de presentar este tema, debido a la cantidad descomunal de malinterpretación que se está dando en torno a Un curso de milagros. En lugar de que esta tendencia vaya a desvanecerse, no creo que lo hará. Ya se pueden ver las semillas para la clase de malentendidos que la gente está teniendo, tanto en relación con su propio estudio del Curso, como ciertamente con su aplicación de lo que estudian a sus vidas personales, y entonces, desafortunadamente, a su enseñanza del Curso. Estos malentendidos se deben a una idea que he comentado con frecuencia: la confusión de niveles.

Hace muchos años, Gloria y yo conversábamos sobre lo que era el Curso, su papel y demás, y Gloria dijo algo que yo nunca había pensado de esa forma, aunque obviamente sabía que era verdad. Dijo que le parecía que este curso tenía un nivel oculto del que casi nadie se percataba. No oculto en el sentido de que alguien lo estuviera ocultando, que Jesús estuviera tratando deliberadamente de engañar a la gente, o que estuviese empañando o escondiendo lo que el Curso decía, sino que este nivel yacía oculto simplemente por el tremendo temor presente en casi todos los estudiantes del Curso. Luego lo comentaremos, más desde la perspectiva del temor a perder el especialismo y la identidad de uno, y qué es exactamente lo que eso significa. La consecuencia casi automática de este tremendo temor e interés que uno tiene en mantener la identificación con su yo —o con lo que uno piensa que es su yo— es que uno nunca entenderá de verdad estos niveles más profundos de los que habla el Curso ni entenderá lo que es el mensaje de Jesús.

Si no lo entiendes y continuamente lo estás bloqueando, no hay manera de que puedas entender lo que el Curso está diciendo. Esto es lo que, de nuevo, da lugar a todas estas malinterpretaciones. Las personas que malinterpretan y tergiversan el Curso no son personas malas, perversas ni pecaminosas, pero la mayoría de ellas, desafortunadamente, carecen de lo que el Curso siempre está pidiendo a sus estudiantes; es decir, humildad. Esta carencia es la arrogancia de pensar que entiendes algo cuando no lo entiendes. En muchos lugares distintos, adopta la forma de sacar de contexto ciertos enunciados, conceptos e ideas del Curso y utilizarlos como formas de justificar lo que realmente quieres que el Curso te esté diciendo. Este sería un ejemplo de lo que Jesús menciona repetidamente en el Curso: el error de traer la verdad a la ilusión, en lugar de traer nuestras ilusiones a su verdad.

Como es sabido, el proceso fundamental representado por el perdón o el milagro consiste en traer nuestras ilusiones a la verdad de la presencia del Espíritu Santo en nuestras mentes. Al hacer eso, podríamos por fin mirarlas sin juicio ni culpabilidad, y así soltarlas. Sin embargo, este curso es tan temible para el ego de todos, debido a lo que realmente está diciendo, que lo que uno hace casi inevitablemente es traducir el Curso al lenguaje que uno puede entender. El problema es que ese lenguaje es el del especialismo que preserva su identidad individual —por lo tanto, la de todos los demás— y, a final de cuentas, la aparente realidad del mundo.

El problema es que no sabemos que lo estamos haciendo, pensamos que estamos entendiendo y dominando el Curso. Pensamos que, enseñando el Curso una y otra vez, vamos a aprenderlo y no tomamos conciencia de que aprender este curso realmente significa que debemos cuestionar, como dice Jesús en un pasaje, cada uno de los valores que abrigamos (T-24.in.2:1). El más importante de estos valores es el valor de nuestro propio especialismo, el valor de nuestra propia identidad, y la creencia de que realmente estamos aquí, cuando no estamos aquí en absoluto. Esto significa que las personas que están estudiando Un curso de milagros para que puedan aprender y vivirlo, no lo aprenderán en absoluto, ya que estarán yendo en una dirección totalmente diferente de donde el Curso los está conduciendo.

Así que la sinceridad no basta para acercarnos al Curso. Eso es lo que Jesús implica al decir: «No confíes en tus buenas intenciones, pues tener buenas intenciones no es suficiente» (T-18.IV.2:1-2). Lo que realmente necesitas, como explica en la siguiente línea, es la decisión de estar dispuesto (T-18.IV.2:3), dispuesto a admitir que te equivocaste y que, después de todo, Jesús tenía razón y lo que él dice en Un curso de milagros es correcto. Pero para señalarlo una vez más —probablemente lo señalaré docenas de veces en el transcurso de esta clase— no sabrán lo que Jesús está diciendo ni conocerán la verdad de lo que está enseñando porque tienen tanto miedo de esa enseñanza. Se descubrirán viendo una parte del Curso sin entender su conexión con el todo, porque esta capa más profunda, el llamado nivel oculto del Curso, es el que contiene el todo. En pocas palabras —aunque lo explicaré con mucho más detalle— estamos hablando de no entender la diferencia entre la realidad y la ilusión, no entender realmente lo que de veras significa la no dualidad y, por lo tanto, no entender lo que significa la dualidad. Todo este curso depende de que reconozcamos lo que es la realidad y lo que es la ilusión.

Muchos de ustedes se han familiarizado con el Prefacio que ahora se encuentra en todas las ediciones del Curso. Las dos primeras partes fueron escritas por Helen misma, y describen cómo realizó su papel de escriba del Curso y lo que el Curso es como un conjunto de libros. La última parte, «¿Qué postula?», fue escrita por Jesús, tal como el Curso, y comienza hablando de la diferencia entre el conocimiento y la percepción, entre la realidad y la ilusión. Esto es fundamental para entender lo que este curso quiere dar a entender. Por eso pasaremos mucho tiempo hablando de lo que es la realidad, que por definición es no dualista, y de la ilusión, que es dualista.

Puede que conozcan la parábola de los seis ciegos y el elefante: cada uno de ellos palpa una parte distinta del elefante, y como cree que esa parte es el elefante, esa es su definición de un elefante. De manera que, uno de los ciegos tienta una de las piernas, uno tienta el tronco, uno tienta la cola, y él cree que esa parte es el elefante. Bueno, eso es lo que la gente, sin darse cuenta, hace con el Curso. Toman ciertas partes con las que se identifican porque interpretan que preserva su especialismo disfrazado de espiritualidad, y no se dan cuenta de lo que es el Curso en su totalidad.

Para utilizar un ejemplo musical, sería como si tomaras un puente en una pieza musical e ignoraras su función de puente. Un puente es una secuencia de compases que enlaza una parte de un movimiento con otra. Por lo general, estos puentes no tienen mayor importancia, pero se convierten en elementos significativos para llevarte de una parte de la sinfonía a otra. Aquellos de ustedes que conocen las sinfonías de Beethoven reconocen que sus grandes sinfonías constituyen una unidad. Son un todo perfectamente intacto, y estos puentes se vuelven muy importantes. Pero, si lo único que ves, por ejemplo, en la Quinta sinfonía, son los puentes y entonces así defines la Quinta sinfonía, sin darte cuenta de cómo encajan los puentes en el todo, no tendrás ni idea de lo que Beethoven realmente está expresando en esa sinfonía.

La gente hace lo mismo con el Curso. Para cambiar a otro medio, si se fijan en las obras de Shakespeare, sus mayores tragedias tienen lo que suele denominarse un contrapunto cómico. A medida que la tragedia avanza hacia un final inevitable y lleno de tensión, Shakespeare inserta una escena muy cómica. Si conocen Macbeth, está la famosa escena del portero borracho, que es una escena muy graciosa. En Hamlet está la escena de los cavadores en el cementerio. Es muy graciosa. Si solo miran esas escenas y dicen que eso es Hamlet, eso es Macbeth, es muy gracioso, es Shakespeare haciéndose el chistoso, o Shakespeare haciéndose el tonto, o Shakespeare haciéndose el cómico, no se darán cuenta del papel que esa escena en particular tiene en toda la obra, y no entenderán de qué se trata la obra. Eso es, de nuevo, exactamente lo que la gente hace con Un curso de milagros.

Para utilizar algunos ejemplos de lo que la gente hace con el Curso: las personas que tienen una motivación personal, en el sentido de que tratan de demostrar que uno puede lograr la inmortalidad física, sacarán de contexto frases del Curso que parecen decir eso, y dirán: «He aquí la prueba. Jesús lo está diciendo», justo lo que siempre habían sabido que era verdad. Si lo que te interesa es probar que el Espíritu Santo o Jesús es un mago que te concede favores en el mundo, al agitar una varita mágica como Merlín, te constará con respecto a algo en una relación, en un trabajo, o incluso en un cheque que te llega por el correo para pagar la próxima mensualidad de la hipoteca. O si quieres un sitio para aparcar y quieres probar que de eso se trata el Curso, encontrarás pasajes que te lo demostrarán, porque hay frases que parecen decir eso. Si quieres probar que las relaciones físicas son importantes, encontrarás enunciados en el Curso que te lo probarán. Alguien tomó una vez una sección muy hermosa y significativa del Curso como una prueba de que este es un curso sobre la homosexualidad, y si lo lees de cierta manera, eso es lo que dice. Si quieres probar que las relaciones son reales en el cuerpo, entonces leerás este curso de tal manera que te dirá que perdonas a alguien más.

Pasaremos mucho tiempo entendiendo por qué eso es una imposibilidad absoluta, y no lo sabrán si su motivación personal es probar que tienen razón y que Jesús está equivocado. Pero su temor de él será tan grande, que en lugar de decir que él está equivocado, dirán que tiene razón porque coincide con ustedes. Es sumamente importante que se acerquen a este curso con un aire de humildad para que puedan mirarlo, no como si supieran lo que dice, sino porque quieren aprender lo que dice. Este curso les enseñará lo que dice, y les guiará, paso a paso, vuelta tras vuelta sobre el mismo material, desde el primer principio de los milagros hasta el glorioso final del texto. Oirán lo mismo una y otra vez, y si lo van siguiendo, mes tras mes, año tras año, década tras década, los conducirá a esa capa más profunda del Curso, y de repente comprenderán lo que está diciendo. Cada vez que lean este curso, jurarán que están leyendo el libro por primera vez. Pero, para que eso suceda, deben renunciar a su engreimiento, deben renunciar a su arrogancia y deben decir: «no sé».

El simple hecho de que están en este mundo les está demostrando lo identificados que están con su especialismo, lo identificados que están con su individualidad y lo seguros que están de que tienen razón. Una y otra vez en este curso, Jesús deja muy claro que estamos equivocados con respecto a todo. ¿Cuántas veces te dice en este curso que estás demente? Para apaciguarte, de cuando en cuando, dice que ya no estás del todo demente. ¿Con qué frecuencia en este curso se refiere a ti como a una criatura que no entiende nada? En un par de lugares dice que eres un bebé que ni siquiera puede hablar el lenguaje, tal como los bebés no pueden hablar el lenguaje que oyen. No está menospreciando a nadie. Obviamente, no se está refiriendo a nadie con desdén, pero está tratando de decir a sus estudiantes: «Por favor confía en mí, date cuenta de que no sabes nada y permíteme enseñarte. Todos tus conceptos dualistas del Curso son erróneos».

La frase de un pasaje hacia el final del manual para el maestro, en la sección sobre la muerte, dice: «Maestro de Dios, tu única tarea podría plantearse así: no aceptes ninguna transigencia en la que entre en juego la muerte» (M-27.7:1). La muerte es el mayor símbolo que tenemos del sistema de pensamiento del ego, porque la muerte es la que prueba que el pecado es real, y que Dios es un agente castigador cuyo castigo es el asesinato. Sería exactamente lo mismo si lo sustituyéramos con la palabra dualidad: «Maestro de Dios, tu única tarea podría plantearse así: no aceptes ninguna transigencia en la que entre en juego la dualidad». Pasaremos mucho tiempo hablando de lo que es la dualidad, y les sorprenderá lo que es. También les sorprenderá aprender lo que es la no dualidad y, por lo tanto, lo que es la realidad y lo que es la verdad. Entonces se darán cuenta de que, una y otra vez en este curso, Jesús está hablando metafóricamente. Está hablando del reflejo de la verdad, no de la verdad misma.

Como veremos al mirar muchos pasajes, Jesús nos dice continuamente que no hay manera de que entendamos lo que es la verdad. Por lo tanto, tiene que hablarnos con símbolos y metáforas, y referirse al reflejo de la verdad. Con demasiada frecuencia los estudiantes toman el reflejo de la verdad que se encuentra en el Curso y dicen: «Este es el Curso de milagros. Se trata de oír la Voz del Espíritu Santo. Se trata de encontrar sitios para aparcar. Se trata de perdonar a esta persona que me lastimó. Se trata de unirme a otras personas». Si cada estudiante tuviera presente este enunciado, no aceptes ninguna transigencia en la que entre en juego la dualidad, entonces estos estudiantes podrían entender de qué se tratan todas estas capas ocultas o más profundas del Curso.