La dualidad como metáfora
en Un curso de milagros

Extractos del taller celebrado en la
Fundación para Un curso de milagros
Roscoe NY

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte II
El Cielo: el estado de la Unidad

Empezaremos por hablar de lo que es el Cielo, lo que es el estado de la Unidad, lo que al principio del texto se llama la mentalidad que es Una. A continuación, hablaremos de lo que el Curso llama la mentalidad errónea, el sistema de pensamiento del ego, que es el comienzo del sistema de pensamiento de la dualidad, así como la Unidad es el sistema de pensamiento de la no dualidad. Por último, hablaremos de la corrección o el deshacimiento del sistema del pensamiento erróneo del ego a través del sistema de pensamiento de mentalidad correcta del Espíritu Santo, que se centra alrededor de la enseñanza del perdón. Todas estas enseñanzas del perdón tienen que ver con el reflejo de la verdad. No son verdad. Todas ellas pertenecen al mundo de la dualidad, lo que significa que no deben entenderse al pie de la letra. Cuando Jesús habla de Dios y del estado del Cielo, eso debe entenderse literalmente. Cuando habla del ego, del perdón y del papel del Espíritu Santo, está hablando de forma metafórica o simbólica.

Permítanme volver a otro ejemplo musical como una forma de resumir estos tres tipos diferentes de mente: la mentalidad que es Una, la mentalidad errónea y la mentalidad correcta. Hace unos 30 años, leí un libro maravilloso de la escritora británica Marion Scott sobre Beethoven. Habló de sus tres etapas de las que hablan la mayoría de los estudiosos de la música: la etapa temprana, la media y la tardía. La etapa temprana es el período de los primeros 30 años de la vida de Beethoven, en el que la música que compuso se basó en gran parte en la técnica formal que aprendió de Mozart y Haydn. Estas no son de ninguna manera sus mejores obras. Tienen mucho que ver con la forma, y podemos observar a Beethoven aprendiendo a perfeccionar el oficio. Entonces pasó a la segunda fase con la sinfonía Heroica. Sus Sinfonías n.° 3 a n.° 8, sus últimos tres conciertos para piano, algunas de sus mejores sonatas para piano, los cuartetos del período medio y su ópera Fidelio, todos corresponden a esa fase. Por lo general, esta es la música más accesible para los amantes de la música, y es la que le dio a Beethoven su gran reputación. Su etapa final, que comienza con la Novena sinfonía, seguida de sus sonatas tardías y los últimos cuartetos, es sin duda su mejor música y probablemente la mejor música jamás escrita. En esta etapa, Beethoven trascendió toda la forma y convenciones y básicamente dio una expresión maravillosa al final del viaje espiritual.

Marion Scott se refirió a la primera etapa de Beethoven como la etapa donde miraba el mundo material a través de ojos materiales, donde básicamente aprendía a dominar el mundo de la forma, el mundo de la materialidad. En la segunda etapa, miraba el mundo espiritual a través de ojos materiales. Aquí realmente comenzaba a expresar el desarrollo y la profundización de su viaje espiritual, que podría rastrearse muy claramente en su música, pero todavía lo estaba expresando dentro del marco de las formas del mundo. Fue al final de su vida que rompió con todas estas formas. Scott habló de esta etapa como la etapa cuando Beethoven miraba el mundo espiritual a través de ojos espirituales. Por eso cuando escuchas esta música de la etapa tardía, sobre todo las últimas sonatas y los últimos cuartetos, te das cuenta de que Beethoven se encontraba en un ámbito totalmente distinto al de toda la música que él o cualquier otra persona había compuesto. Eso es lo que hace que su música sea como de otro mundo.

Uno podría plantear lo mismo sobre estos tres niveles en Un curso de milagros. La mentalidad errónea mira el mundo material a través de ojos materiales. De eso se trata el ego. Así que tenemos todos esos pasajes en el Curso que describen en detalle la dinámica del ego y de qué se trata el especialismo, todo ello basado en la aparente realidad de nuestra culpabilidad, en nuestra pecaminosidad y en nuestra necesidad de proyectar sobre otras personas, de canibalizarlas y de matar para conseguir lo que queremos.

La corrección de esto, la mentalidad correcta, es Jesús mirando el mundo material, el sistema de pensamiento del ego, pero desde la perspectiva de lo espiritual. Ahí es donde utiliza muy a menudo el término reflejo. Ahí es donde dice que el amor es imposible en este mundo, pero el perdón, que es el reflejo del amor, es posible aquí. Habla del reflejo de la santidad aquí, que es lo que la relación santa viene siendo. Habla del instante santo. Utiliza la palabra santo a pesar de que la santidad no es posible en este mundo, pero el instante santo y la relación santa son los reflejos de lo que es verdad. De nuevo, él está mirando el sistema de pensamiento del ego, un sistema de pensamiento dualista, desde la perspectiva de lo espiritual, pero la forma en que escribe de eso, la forma en que se presenta y la forma en que se nos pide que lo practiquemos es como si estuviéramos aquí. Consiste en mirar el mundo material, pero a través de los ojos de la visión. Como aún es dentro del mundo de la dualidad, significa que todavía es algo ilusorio.

La mentalidad que es Una mira el mundo espiritual a través de la visión espiritual. Se reconoce en los pasajes que abordan directamente cómo es el estado del Cielo. No son muchos porque no hay manera de que los entendamos. Estos son los pasajes en Un curso de milagros que nos dicen lo que es la verdad, lo que es la realidad y lo que es la no dualidad. Cuando entiendes eso, al menos intelectualmente, tienes una perspectiva por medio de la cual puedes entender lo que es la ilusión y lo que es la dualidad. Eso es lo que les ayudaría a no caer en el error de tomar pasajes fuera de contexto y tergiversarlos para que signifiquen lo que ustedes quieren que signifiquen, lo cual siempre será afirmar la realidad de su especialismo en detrimento de la verdad. Cuando realmente entiendan lo que significa la unidad, la realidad y la no dualidad, no cometerán ese error. Tendrán una perspectiva, un contexto, un marco para entender todos los enunciados de mentalidad correcta en el Curso, todos los enunciados en el Curso que abordan el papel del Espíritu Santo y el papel del milagro y del perdón. Si no tienen esa perspectiva, pensarán que lo que Jesús está diciendo debe entenderse al pie de la letra. No debe entenderse literalmente como verdad, pero Jesús debe hablarnos en este nivel porque es donde creemos que estamos.

Miraremos luego unos pasajes que básicamente nos muestran que Jesús era consciente de este problema y de lo que estaba haciendo en su curso. El problema es que sus estudiantes no son conscientes de lo que él está haciendo en el Curso, así que de alguna manera se saltan estos pasajes porque no parecen tener tanta importancia. Por consiguiente, se les escapa toda la idea. Esto ayudará para que no se les escape, para que su trabajo de toda una vida con el Curso se convierta en una labor verdaderamente productiva y los guíe por el camino que los ayudará al final a trascender su ego. Si eres un estudiante del Curso, no querrías conformarte con menos. La pregunta fundamental que siempre hay que hacerse sería ¿por qué me conformaría con menos cuando podría tenerlo todo? ¿Por qué me conformaría con un pequeño atisbo del amor cuando podría tener esa experiencia total del amor? ¿Por qué querría yo el meñique de Jesús cuando podría tener todo su ser? ¿Por qué me conformaría con menos que todo? Sin embargo, eso es lo que las personas hacen cuando trabajan con el Curso porque no se percatan de lo que el Curso está diciendo.

El estado de la Unidad o el estado del Cielo es la perfecta Unión y Unidad de Dios y Cristo. El Curso habla de la Mente de Dios, que es el Creador y de la Mente de Cristo, que es lo que Dios creó. Esta Mente siempre se escribe con M mayúscula. La Mente de Dios y la Mente de Cristo están totalmente unificadas. Cuando decimos que algo es no dualista, significa que es no dual. No hay dos; solo hay uno. Este es el punto más importante que siempre deben tener presente. Este es el único nivel de la realidad, el único nivel de la verdad. Cualquier otra cosa que suene a dualidad es solo un reflejo de la realidad o un reflejo de la verdad, pero no es la verdad. La verdad es únicamente Dios y Cristo y no hay absolutamente nada más.

Como veremos, no hay forma de que esto pueda entenderse aquí. Las palabras Dios y Cristo no significan nada en el Cielo. Las palabras Creador y Lo creado no significan nada en el Cielo. Tienen un significado para nosotros aquí, pero son términos dualistas. Evidentemente, hablamos de Dios y hablamos de Cristo. Hablamos del Padre y hablamos del Hijo. Hablamos de Dios como la Primera Causa; hablamos de Cristo como el Efecto. Estas son palabras importantes aquí porque son significativas para nosotros. En el Cielo, no hay un estado de la dualidad. No hay un Dios como una conciencia separada que se perciba a Sí Mismo en relación con Su Hijo, Cristo. No hay un Cristo como una conciencia separada que se perciba a Sí Mismo en relación con Su Creador. De nuevo, estos son términos dualistas; estas son palabras. Más adelante, leeremos un pasaje importante donde Jesús dice que «las palabras no son más que símbolos de símbolos. Por lo tanto, están doblemente alejadas de la realidad» (M-21.1:9-10).

Así que las palabras Dios y Cristo simbolizan algo, pero nosotros que somos criaturas de la dualidad y el especialismo no tenemos forma de entender lo que significa el concepto de unidad, lo que significa el concepto de no dualidad. La idea de que «no hay ningún lugar en el que el Padre acabe y el Hijo comience como algo separado» (W-pI.132.12:4) no tiene sentido para nosotros. Hay muchos pasajes en el Curso que reflejan esto. No hay mucho que podamos decir al respecto. Pero, una vez más, es extremadamente importante que entendamos que esto es lo esencial, la única verdad que hay, la única realidad. Todo lo demás es un sueño, todo lo demás es totalmente inventado.

Este es uno de los pocos lugares en el Curso donde pueden ver no solo una descripción, sino casi una definición del Cielo.

(T-18.VI.1:1) No hay nada externo a ti.

Este es un enunciado no dualista perfectamente claro.

(T-18.VI.1:2) Esto es lo que finalmente tienes que aprender, pues es el reconocimiento de que el Reino de los Cielos te ha sido restaurado.

Hay muchos lugares en el Curso donde Jesús dice cosas como esta. Cuando dice que esto es algo que finalmente tienes que aprender, te está diciendo que es algo muy importante. Si tienen listos sus marcadores de color cuando leen este curso, este es uno de los enunciados que deben subrayar. Te está diciendo de qué se trata: es un curso para que aprendas que «no hay nada externo a ti». Eso significa que no hay un Dios externo a ti, no hay un Espíritu Santo externo a ti, no hay un Jesús externo a ti, no hay un mundo externo a ti. Si tienen presentes enunciados como este, no caerán en la trampa de hacer real el error, de creer que hay un mundo ahí fuera con respecto al cual deban hacer algo, un mundo que deban sanar o salvar, un mundo del que deban huir, un mundo al que deban querer integrarse o un mundo que deban perdonar.

(T-18.VI.1:3) Pues eso fue lo único que Dios creó [es decir, el Reino de los Cielos], y Él no lo abandonó ni lo dejó separado de Sí Mismo.

Este es un clásico enunciado no dualista. Es un reflejo del otro principio importante en el Curso: las ideas no abandonan su fuente. Somos una idea en la Mente de Dios y nunca hemos abandonado nuestra Fuente. Eso significa que la separación nunca sucedió. Al principio del texto, Jesús dice que el Reino de los Cielos no está dentro de ti. «Tú eres el Reino de los Cielos» (T-4.III.1:4). Tú eres el Reino de los Cielos porque eres uno con Dios y Dios es el Reino.

(T-18.VI.1:4-6) El Reino de los Cielos es la morada del Hijo de Dios, que no abandonó a su Padre ni mora separado de Él. [Una vez más, estas son expresiones de esa Unidad perfecta de Dios y Cristo.] El Cielo no es un lugar ni tampoco una condición. [He aquí la definición:] Es simplemente una conciencia de la Unidad perfecta y el conocimiento de que no hay nada más: nada fuera de esta Unidad ni dentro, nada más.

Si realmente pudiéramos entenderlo, no necesitaríamos nada más en el Curso. Más adelante leeré un pasaje donde Jesús dice: «Decimos "Dios es" y luego guardamos silencio…» (W-pI.169.5:4). No hay nada más que decir. Dios es. Si Dios es, entonces Su Hijo también es y no hay nada más. En el Curso, eso es probablemente lo más cerca que llegaremos a una definición del Cielo. Es la «conciencia de la Unidad perfecta y el conocimiento de que no hay nada más…». Cuando Jesús utiliza la palabra conocimiento, no está hablando del conocimiento en el sentido convencional donde sabes algo, donde te percatas de algo. Eso se debe a que todos estos casos ocurren dentro de un marco dualista. En el Curso, el conocimiento no es más que un sinónimo de ese estado de la Unidad perfecta. Es el estado del Reino, del puro Ser. Es «el conocimiento de que no hay nada más: nada fuera de esta Unidad ni dentro, nada más».

Algunos de ustedes se han familiarizado con el libro que Gloria y yo escribimos hace muchos años llamado Despierta del sueño, donde hay una descripción hermosa (si se me permite decirlo en nombre de los dos) de esta unión del Cielo:

…  en el Principio, antes de que hubiese siquiera un concepto de principio, está Dios, nuestra Fuente y la Fuente de toda creación: una perfección y un resplandor cuya magnificencia está más allá de la comprensión; un amor y una ternura de tan infinita naturaleza que la conciencia no podría siquiera comenzar a conocerla; una prístina quietud de constante dicha; un fluir estático sin fricción alguna que lo impidiese; una vasta, ilimitada y todo-abarcadora Totalidad, más allá del espacio, más allá del tiempo, en la cual no hay principio, ni fin, puesto que jamás hubo un tiempo o lugar donde Dios no estuviese.

[…]

La Creación, al igual que el espíritu, es abstracta, informe e inmutable. Su naturaleza es la unidad, cuyo conocimiento significa que no existe ningún lugar donde termine el Creador y comience lo creado. No hay límite, ni diferenciación, ni separación. Sin embargo, incluido en este conocimiento está el hecho de que nosotros no somos la Fuente de la creación, aunque permanecemos Uno con Esta.

¿Puede tener comienzo la Mente de Dios? ¿Puede tener final la Mente de Dios? ¿Puede un Pensamiento que es parte de esa Mente ser distinto de Esta? Seguramente que no, puesto que no existe sujeto ni objeto en el estado de Cielo; ni existe observador ni observado. No existe la percepción, sencillamente existe el conocimiento total de quiénes somos: una gloria de tan unificado resplandor que los conceptos de adentro-afuera no tienen significado alguno (Despierta del sueño, págs. 3-4).

No hay manera de entender lo que es eso, pero al menos podemos empezar a entender que nada en absoluto de este mundo tiene que ver de modo, manera o forma alguna con eso. Estamos hablando de un concepto de unidad y unión que trasciende totalmente cualquier cosa en este mundo. Trasciende el papel del Espíritu Santo. Trasciende el perdón. Trasciende el milagro. Trasciende Un curso de milagros. Aquellos de ustedes que se han familiarizado con mi libro sobre Helen, Ausencia de la felicidad, tal vez recuerden que comenté que Helen obviamente tenía una relación muy estrecha con Jesús y desde luego lo experimentaba como muy real. En ocasiones, me contaba de la experiencia que ella tenía de una voz que era básicamente insonora y que trascendía la voz de Jesús. A eso nos estamos refiriendo. Esa experiencia trascendía la experiencia dualista de tener una relación con Jesús. Era algo incluso más allá de lo que se trata el Curso, porque el Curso dice que no se trata del Cielo ni se trata de la verdad. Se trata de remover las interferencias que interponemos entre nosotros y la verdad.

Jesús dice repetidas veces, de una u otra forma, que el conocimiento no es la meta de este curso, la unidad no es la meta de este curso. La paz es la meta de este curso. En Un curso de milagros, la paz se logra mediante el deshacimiento del especialismo del ego. No hace falta entender ni conocer esa unidad. Pero, si realmente han de entender este curso, entonces deben entender que hay algo más allá de lo que creen que estas palabras están diciendo. Estas palabras están diciendo una cosa en el nivel de la forma, pero si las van siguiendo en el nivel del contenido, sin prejuzgarlas, los conducirán más allá de todo lo de este mundo —como dice el Curso— hasta las puertas del Cielo. Allí se detiene el Curso; ha cumplido su propósito. Entonces, como dice Jesús, Dios se inclina para elevarlos hasta Él (C-4.8:3). Esa no es la meta del Curso. Eso sucede después.

(W-pII.11.2:4) Lo que Dios ha dispuesto que sea Uno eternamente, lo seguirá siendo cuando el tiempo se acabe, y no cambiará a través del tiempo, sino que seguirá siendo tal como era antes de que surgiera la idea del tiempo.

(W-pII.11.4:1-5) Nosotros, los Hijos de Dios, somos la creación. Parecemos estar separados y no ser conscientes de nuestra eterna unidad con Él. Sin embargo, tras todas nuestras dudas y más allá de todos nuestros temores, todavía hay certeza, pues el amor permanece con todos sus Pensamientos, y ellos comparten su certeza. El recuerdo de Dios se encuentra en nuestras mentes santas, que son conscientes de su unidad y de su unión con su Creador.

Aquí vemos otro enunciado muy claro de que el mundo de la separación, de personalidades separadas, de individualidades —el mundo de la discontinuidad— no tiene nada que ver con el Cielo. Todo es parte de la ilusión. Todo es parte del sueño, y permanecemos, como el Curso dice, muy a gusto en Dios, mas soñando con el exilio (T-10.I.2:1). Permanecemos muy a gusto con Dios en ese estado de la Unidad perfecta con Él.

(T-2.VII.6:1-3) Debe observarse con especial atención que Dios tiene solamente un Hijo. Si todas las creaciones de Dios son Hijos Suyos, cada una de ellas tiene que ser parte integral de toda la Filiación. La Filiación, en su Unidad, trasciende la suma de sus partes.

Esa última línea es muy importante. Se repite varias veces, de diferentes maneras, en el Curso. Jesús está diciendo que lo que constituye a Cristo, lo que constituye al único Hijo de Dios, no es sumar todos los fragmentos aparentemente separados. Lo que constituye a Cristo es su perfecta unión y plenitud. La Unidad trasciende la suma de sus partes. Lo que define a Cristo es esta unidad perfecta, no el conglomerado o la suma de todos los fragmentos aparentes. Así lo concebimos aquí. Por eso, la idea del centésimo mono, que muchos estudiantes del Curso adoptan y piensan que de eso está hablando el Curso, es una desviación total. Ese es un ejemplo maravilloso del tipo de cosas que mencioné, donde la gente saca de contexto cosas del Curso y básicamente las entiende dentro del contexto de su propio sistema de pensamiento o forma de espiritualidad. Si entiendes que lo que define a Cristo es Su perfecta plenitud y unidad, entonces no puedes sumar cierto número de miembros de la Filiación, obtener un número mágico que ladea al resto de la Filiación y todos vamos a parar al regazo de Dios. Si lo entiendes y no aceptas ninguna transigencia en la que entre en juego la dualidad, no caerás en esa trampa.

La gente toma la sección llamada «El círculo de la Expiación», que habla de que se unen los maestros de la inocencia, y la implicación de esa sección es que incluyes a cada vez más personas dentro de la Filiación. La gente interpreta que eso significa que deben conseguir que más y más personas estudien el Curso —los gobiernos, los líderes nacionales y mundiales; así que metemos a más y más personas en este círculo y cuando conseguimos suficientes personas, todo el mundo se verá atraído a él, y de nuevo, todos iremos a parar al Cielo. Esa es una espiritualidad muy agradable. Puede que funcione para la gente. No es Un curso de milagros. Por favor, no caigan en esa trampa. Si no aceptan ninguna transigencia en la que entre en juego la dualidad, nunca podrán caer en esa trampa. Es un planteamiento dualista afirmar que, si logramos que un número suficiente de personas aparentemente separadas se reúnan en un solo lugar, sucederá algo mágico. Este curso no se trata de eso.

Si Cristo es totalmente uno, si es verdad —como Jesús dice en el manual para el maestro— que se necesita un solo maestro de Dios para salvar el mundo (M-12.1:1), entonces no sumas números. No se trata de conseguir conversos. Se trata de que cada individuo en particular que estudia Un curso de milagros aprenda este curso, que acepte la Expiación para sí mismo y entonces se dé cuenta de que es ese uno. Más adelante les explicaré cómo funciona eso psicológicamente, cómo funciona realmente, cómo es que todo el mundo en realidad forma parte del uno. Cuando empiezas a sumar personas, estás haciendo real el error, estás haciendo real la separación y estás diciendo que se necesita cierto número de personas para salvar el mundo. El manual deja muy claro que se necesita uno solo, y Jesús no se refiere a sí mismo. Él sería un ejemplo del uno, pero todos somos ejemplos del uno. Jesús es un ejemplo de uno que ha aceptado la Expiación para sí mismo, cuya mente está perfectamente sanada, pero en esa conciencia, en esa sanación, en esa aceptación de la Expiación, él sabe que no hay Hijos separados. Él se convierte en el Cristo porque ahora se da cuenta de que él es el Cristo. Él, como una personalidad separada, desaparece porque todos somos Cristo, todos somos parte de ese todo.

No hay manera de que nadie en este mundo entienda cómo funciona eso, y Jesús no nos pide que entendamos cómo funciona, pero lo que sí nos pide es que entendamos que no hay nada más que funcione. Si entiendes que no hay nada más que funcione, entonces dejarás la puerta abierta para lo que realmente funciona y, de hecho, es lo único que funciona. Esto es muy, pero muy importante. Si ustedes intentan superponer a Un curso de milagros su propio sendero espiritual, que quizás tenga miles, cientos de miles e incluso millones de devotos, nunca aprenderán lo que este curso está diciendo. No hay nada en este mundo como este curso. No es que no hallarán a Dios siguiendo otros caminos, pero no encontrarán a Dios si intentan seguir ese otro camino con el Curso. Y desde luego no lo encontrarán con el Curso. Tal vez construyan su propia espiritualidad basada en pequeños fragmentos del Curso y pequeños fragmentos de esto y lo otro, y puede que eso les funcione, pero no tiene nada que ver con Un curso de milagros. Si cambian una sola enseñanza en este curso, si omiten una sola, habrán omitido todo el Curso.

Por eso Jesús dice que este curso, o bien se creerá enteramente o bien no se creerá en absoluto (T-22.II.7:4). Este no es un curso del que puedan escoger lo que les conviene. Hacer eso no es pecaminoso, perverso ni malo, pero entonces ya no es Un curso de milagros. Es otra cosa. Es una espiritualidad ecléctica. No tiene absolutamente nada de malo que alguien haga eso ni que lo promulgue o lo enseñe, pero debería tener la humildad, el buen sentido y la dignidad de dejar claro ante el mundo que ya no está enseñando Un curso de milagros. Si mezclan este curso con cualquier otra cosa, habrán perdido lo que es el Curso.

Así como lo que define a Cristo es que «el todo trasciende la suma de sus partes», podemos decir lo mismo del curso. Este curso es mayor que la suma de sus enseñanzas individuales. Estas forman un todo perfectamente integrado que trasciende cualquier enunciado o principio aislado. Eso es lo que deben entender. Eso es lo que constituye este nivel oculto del Curso, que se den cuenta de la perfecta totalidad representada por este sistema de pensamiento. De nuevo, no tienen que ser capaces de aceptarlo totalmente. No tienen que vivirlo totalmente. No tienen que entenderlo totalmente, pero entiendan que no hay nada que se le parezca, y que ninguna otra cosa que ustedes piensen que dice es lo que está diciendo. Eso dejará abierta la puerta.

Este curso, igual que Cristo, es mayor que la suma de sus partes, y si quieres saber lo que está enseñando, debes entregarte a él totalmente. Y la forma de entregarte a él totalmente es darte cuenta de lo mucho que no quieres entregarte a él totalmente, de lo mucho que quieres guardarte de hacerlo. No tiene nada de malo que lo hagas. De hecho, algo anda mal si no lo estás haciendo, porque si crees que no lo estás haciendo, mientes. Debes suponer que lo harás. Te guardarás de entregarte a él, le quitarás ciertas cosas que te incomodan, lo mezclarás con otras cosas y convertirás el Curso en una expresión del pensamiento dualista en lugar del pensamiento no dualista. No se sorprendan cuando lo hagan, pero no caigan en la arrogancia de pensar que no lo hacen. Darse cuenta de que están tratando de cambiar el Curso, igual que trataron de cambiar el Cielo, es lo que les ayudará a superar toda su culpa por su aparente pecado.

Todo el mundo va a «pecar» con este curso, porque nadie quiere oír lo que dice. Si la gente quisiera oír lo que dice, entonces ya conocerían lo que dice y no lo necesitarían. Tampoco quiso nadie oír lo que Jesús dijo hace 2000 años. Eso no es un pecado. Simplemente es un reflejo del pensamiento original cuando tampoco quisiste oír lo que Dios dijo, que es la palabra de la Unidad perfecta. Por lo tanto, la idea es que te percates cómo intentas subvertir, pervertir, distorsionar y cambiar este curso, pero perdonarte esas faltas. Simplemente no dejen que la arrogancia los lleve a pensar que no lo están haciendo.

Recuerden, el todo es mayor que la suma de sus partes. ¿Cuántas personas están realmente dispuestas a entregarse plenamente a la totalidad de este curso, a entregarse sin reserva alguna a la totalidad del amor de Jesús? La idea es mirar eso en uno mismo y mirarlo con humildad. Eso es lo que te permitirá perdonarte a ti mismo, no por lo que crees que le has hecho a Jesús o a Un curso de milagros, sino por lo que crees que les has hecho a Dios y a Cristo.