La integración de la forma y el contenido

Extractos del taller celebrado en la
Fundación para Un curso de milagros
Temécula, California

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte I

La integración de la forma y el contenido es un tema muy importante en Un curso de milagros. Se enfoca en la necesidad de aplicar lo que aprendemos, a través de vivir los principios del Curso. Uno de mis pasajes favoritos es donde Jesús nos dice: «No enseñes que mi muerte fue en vano. Más bien, enseña que no morí, demostrando que vivo en ti» (T-11.VI.7:3-4). La forma en que demostramos que su amor vive en nosotros, el contenido, es reflejando ese amor en nuestra vida cotidiana. Esa es la integración de la forma y el contenido.

Como sabrán, uno de los principios más importantes en Un curso de milagros es las ideas no abandonan su fuente. Jesús se refiere a este principio una y otra vez, a veces indirectamente, pero muchas veces de forma muy directa y explícita (véase, por ejemplo, T-26.VII.4:7). Entender su significado es crucial para entender de qué trata este curso, así como para vivirlo. Si las ideas no abandonan su fuente, todo lo que esté en la mente, que es la fuente de todo, permanece en la mente, que es el argumento de Jesús para explicar por qué no hay mundo y por qué todo el universo físico, el vasto cosmos, no es más que una proyección del pensamiento de la separación en la mente del Hijo de Dios (L-pI.132.4-6; L-pII.3). Como las ideas no abandonan su fuente, el cosmos es una proyección que nunca ha abandonado la mente, lo que significa que no hay mundo ahí fuera. Esa es la importancia profunda de ese principio.

Este principio también puede verse como una expresión de otro principio clave, el principio de la Expiación, que dice que la separación nunca sucedió. Si somos una Idea o un Pensamiento en la Mente de Dios, nunca hemos abandonado nuestra Fuente, lo que significa que no hay separación. Y si no hay separación, no hay una mente dividida ni culpabilidad alguna que se aloje en ella. Si no hay culpabilidad, no hay proyección porque la culpabilidad siempre se proyecta, y si no hay proyección, no hay mundo. Por lo tanto, si las ideas no abandonan su fuente, no hay mundo ni culpabilidad ni mente dividida. No hay más que una Unidad unida cual Uno» (T-25.I.7:1): el perfecto Hijo de Dios, perfectamente uno con Su perfecto Creador. Esa es la importancia de esa idea en el contexto de la metafísica del Curso.

La naturaleza del mundo y la relación del mundo con la mente, y específicamente la relación de nuestras vidas como seres físicos y psicológicos con la mente, no se puede entender sin reconocer que las ideas no abandonan su fuente. Todo lo que esté en la mente se proyectará hacia fuera. Eso significa que absolutamente todo lo que hacemos, pensamos, decimos y sentimos solo tiene lugar dentro de la mente. Todo lo que sucede aquí es el reflejo de una decisión tomada por la mente.

Hace unos años di un taller titulado «La voz interior», y uno de los puntos que señalé fue que la gente da mucha importancia a escuchar una voz interior. La mayoría de la gente piensa que escuchar una voz interior significa automáticamente que es el Espíritu Santo porque Él es la Voz interior. Bueno, sí, es una voz interior, pero hay otra voz interior. Un punto importante que enfaticé en ese taller es que todo el mundo está canalizando en todo momento. ¿Qué tiene de particular la canalización? Es inevitable porque, cada vez que nos viene un pensamiento, que pronunciamos una palabra o hacemos algo, estamos canalizando.

El único problema es ¿qué voz estamos canalizando? ¿Qué voz reflejamos; la voz del ego, que es la de separación, especialismo, culpabilidad, odio, miedo y juicio; o la Voz del Espíritu Santo o Jesús, que es la Voz de paz, perdón, sanación, bondad e intereses compartidos? Siempre estamos canalizando y siempre estamos integrando forma y contenido. Siempre. No podemos evitarlo porque las ideas no abandonan su fuente. Así, todo lo que la mente decide se reduce finalmente a una de dos opciones: el sistema de pensamiento del ego o el sistema de pensamiento del Espíritu Santo, y lo que la mente decide es lo que el cuerpo hará y pensará. Por lo tanto, todo lo que el cuerpo esté haciendo refleja la integración del contenido. La pregunta es: ¿cuál será el contenido?

Este curso tiene por objeto ser práctico; una y otra vez Jesús nos dice que es un curso práctico (por ejemplo, T-8.IX.8:1; T-11.VIII.5:3; M-16.4:1). A un nivel puramente práctico, entonces, todo se reduce a que día tras día, no nos centramos en lo que hacemos, en lo que pensamos de las cosas; ciertamente no en lo que otras personas hacen ni en lo que nosotros pensamos de lo que hacen o deberían hacer. El centro de atención siempre es qué maestro estamos eligiendo, qué voz estamos eligiendo escuchar, con cuál sistema de pensamiento nos estamos identificando. Ese es el único enfoque que por supuesto es exactamente lo opuesto a como el mundo nos enseña porque fabricamos el mundo para que enseñara de ese modo. El mundo nos enseña que el mundo es importante, los cuerpos son importantes, la forma de llevarnos con los cuerpos es importante y cómo apoyamos este cuerpo en particular que creemos nuestro es importante. Por consiguiente, creemos que la educación, el empleo y la familia son importantes. Creemos que la relación con la gente es importante, a quién elegimos para un cargo político es importante, lo que hacemos con el medio ambiente es importante, y así hasta nunca acabar. Así es como nos enseña el mundo.

En este sentido, todos somos iguales, independientemente de nuestra afiliación política, de lo que pensemos sobre el medio ambiente o de lo que pensemos de la gente. Estas posturas siempre se basan en algo externo, y como el Curso nos explica una y otra vez, por eso hicimos el cuerpo, para que solo viera el mundo. El cuerpo viene equipado con un complejo aparato sensorial que percibe el mundo que nos rodea: lo huele, lo oye, lo toca, lo siente, lo ve. Además, tenemos un cerebro que toma todos estos datos sensoriales, toda esta información, y nos la interpreta. Todos sentimos que esto es muy importante. Si hemos de sobrevivir como organismos físicos en este mundo, obviamente es importante que sepamos cómo funciona el mundo y cómo cuidarnos, pero eso no nos llevará a casa.

Básicamente Un curso de milagros no es para los inmaduros. No es para las personas que apenas si están iniciando su vida. Siempre hay excepciones, pero típicamente el Curso es para personas que, hasta cierto punto, han aprendido a maniobrar y navegar en el mundo, y de repente han reconocido que el mundo y sus vidas no son lo que pensaban, así es que no tienen que demostrar nada. Se han dado cuenta de que todo lo que han demostrado sobre sí mismos no funciona, en el sentido de que no los hace felices y no les brinda paz.

Con que uno escuche siquiera con la mitad de un oído, es obvio que todo el mundo miente. No solo los funcionarios públicos mienten, todos mienten porque todo el mundo procede motivado por su propia intención oculta: ¿cómo puedo sobrevivir en este mundo y eludir toda responsabilidad de lo que me suceda? Todo el mundo tiene la misma intención oculta. Queremos sobrevivir en este mundo como entidades individuales y no queremos asumir ninguna responsabilidad de lo que nos suceda. Por eso cuando fabricamos el mundo, desde un principio, fabricamos cosas pequeñitas, como los microorganismos —los virus, las bacterias, los hongos, etcétera— porque proporcionan pruebas fehacientes de que no nos enfermamos debido a la elección de la mente. Nos enfermamos porque estos minúsculos organismos virulentos nos han invadido y han traspasado los baluartes del cuerpo para atacarnos, roernos, comernos las carnes y extinguirnos la vida.

También hicimos todos los organismos grandes o macroorganismos, como las personas, que siempre nos explotan, nos traicionan, nos mienten, nos engañan, se aprovechan de nosotros, nos canibalizan, nos atacan, nos juzgan y nos rechazan. Lo hemos fabricado todo para que podamos sobrevivir en este mundo y no ser responsables de ello. Por eso se fabricó el cuerpo. El cuerpo fue hecho no solo para recibir datos sensoriales y un cerebro que los interpretara; el cuerpo también se fabricó susceptible de ser herido. El cuerpo es increíblemente vulnerable como sabemos, tanto nuestro cuerpo físico como nuestro cuerpo psicológico. Miras de forma rara a alguien y la persona puede sentirse devastada; o le sonríes y la persona se siente a un paso de la gloria, y por supuesto que somos físicamente muy vulnerables.

Hicimos el cuerpo no solo para percibir lo que está a nuestro alrededor, sino para percibir el odio, la traición y el peligro que nos rodea y no aceptar ninguna responsabilidad de ello. Por otra parte, no solo se fabricó el cuerpo de tal manera que viera únicamente hacia fuera, pero para que además no pudiese mirar hacia dentro. Ve exclusivamente hacia fuera, así que no tiene conciencia de que hay una mente. Por lo tanto, la noción de que las ideas no abandonan su fuente nos resulta totalmente absurda. ¿Qué fuente? No sabemos que tenemos una fuente, y a estas alturas, ni siquiera estoy hablando de Dios. Una vez que creímos, como nos dijo el ego, que las ideas abandonan su fuente, que la proyección funciona, que puedo proyectarme desde la mente e introducirme en un cuerpo, todos nos hemos unido en la conveniencia de olvidar que tenemos mente. A veces nos referimos a eso como el «velo del olvido». Un velo se dejó caer frente a nuestra mente, y así olvidamos que tenemos mente.  Bueno, si no tengo mente, si todo lo que soy es un cuerpo —que en el Curso equivale a estar en un estado de inconsciencia—, entonces estoy aquí por algo que se me hizo. Todos conocemos la mitología del nacimiento. Hubo un espermatozoide y un óvulo, y en menos de lo que canta un gallo, ahí estaba yo. Pues, eso no es lo que pasó. Ese es el mito.

Como no tenemos conocimiento de una mente, pensamos que ese no es un mito, es la realidad. Podemos estudiarlo en un tubo de ensayo. Podemos ver un espermatozoide introducirse en un óvulo, y luego hay un cigoto, y luego se multiplica dividiéndose a través de la mitosis, y luego un buen día sale un bebé. Algunas personas creen que eso es un milagro, algo sacrosanto. Es un cuento inventado. Y no solo es un cuento inventado, es un cuento que se inventó con un propósito: reforzar el hecho de que no tenemos mente.

El ego no solo nos dice que las ideas abandonan su fuente; a continuación, borra toda memoria de una fuente, por lo que solo nos queda una idea que ahora se ha solidificado en un cuerpo. En otras palabras, hemos borrado el contenido y solo nos queda la forma. No sabemos que somos una integración andante del contenido del ego, que es el de separación, especialismo, culpabilidad, odio, juicio, miedo, sufrimiento y muerte, y que hemos tomado ese sistema de pensamiento, su contenido, y lo hemos integrado en una forma llamada el cuerpo y nuestras vidas, sin ningún conocimiento de que nuestras mentes lo han hecho. En realidad, creemos que hay un cuerpo, «mi cuerpo», que interactúa con otros cuerpos, y que estamos, para citar una línea en el Curso, «a merced de cosas que se encuentran más allá de ti, de fuerzas que no puedes controlar... » (T-19.IV-D.7:4) —a merced del nacimiento, de la herencia genética, del medio ambiente, de las neurosis de nuestros padres, de las neurosis o las psicosis del mundo, del clima, de las decisiones políticas, de la guerra y de un largo etcétera.

Todo esto tiene sentido perfecto para todos los que estamos aquí porque todos hemos caído en este sopor profundo. Hay una referencia al «sueño del olvido» (T-16.VII.12:4). Todos estamos dormidos y hemos olvidado que estamos durmiendo. Por eso creemos que lo que estamos soñando es la realidad. Es igual que nuestra experiencia típica de cada noche: mientras estamos dormidos, creemos que lo que soñamos es la realidad; todas nuestras respuestas a lo que sucede en el sueño son «normales», es decir, son perfectamente apropiadas para un sueño. No obstante, resultan muy inapropiadas si en realidad no está sucediendo nada. Por ejemplo, estás teniendo una pesadilla y te sientes aterrado; empiezas a sudar, a manotear y a gritar. Todo eso tiene sentido perfecto en el contexto del sueño, pero nadie te está persiguiendo. Sigues a salvo en tu cama. Tiene sentido dentro del sueño. No tiene sentido desde la perspectiva de la realidad.

Bueno, Jesús señala eso mismo con respecto a todo lo de aquí: nuestros sufrimientos, dolores, enfados, amores especiales, odios especiales y demás. Todos tienen sentido dentro del sueño, pero fuera del sueño —que es donde él está y donde dice que también estamos nosotros, aunque hayamos olvidado que estamos ahí—, no tienen sentido alguno: las ideas no abandonan su fuente.