La integración de la forma y el contenido

Extractos del taller celebrado en la
Fundación para Un curso de milagros
Temécula, California

Kenneth Wapnick, Ph.D.

​Parte IV
Preguntas (finales)

P: Me parece que estoy pasando mucho tiempo con el sistema de pensamiento del ego. En realidad, no estoy pensando con el Espíritu Santo tanto como solía hacerlo. Ya no estoy aprendiendo a pensar con el Espíritu Santo; simplemente estoy aprendiendo a ser bondadoso pese a la ceguera. Es como si me estuviera preparando para tener milagros en lugar de realmente tenerlos. ¿Es algo normal y sano, o me falta entender algo en cuanto a cómo utilizar esta situación en la cual, según parece, me estoy conformando con un nivel mucho más bajo de aprovechamiento?

K: Primero, déjame leer algo. Es del texto, en la sección «El sueño feliz»:

«No te pongas a ti mismo a cargo de esto [el proceso], pues no puedes distinguir entre lo que es un avance y lo que es un retroceso. Has considerado algunos de tus mayores avances como fracasos, y has evaluado algunos de tus peores retrocesos como grandes triunfos» (T-18.V.1:5-6).

Así es como Jesús nos dice que estamos completamente desorientados. Lo que podría estar sucediendo en ti es que tu experiencia del Espíritu Santo, si bien fue útil, no fue tan profunda como debería ser, y ahora estás llevando más a fondo aquella experiencia, pero de una forma muy diferente de la que pensabas. Creo que el hecho de que todavía seas capaz de saber la importancia de ser bondadoso es muy espiritual. No hay manera de que tú ni nadie sepa lo que son avances y retrocesos porque siempre juzgamos sobre la base de criterios externos. Aun cuando pensemos que son internos, siempre son externos. Por lo tanto, es muy posible que, a pesar de que tu experiencia actual parezca relativamente oscura en contraste con los milagros luminosos que tu vida irradiaba en el pasado, ahora te estés adentrando más en el sistema de pensamiento del ego, para que aquellas experiencias en realidad se vuelvan aún más puras. Por lo que dices, yo diría que todavía eres una obra en construcción. Eso está bien. Total, sigue siendo ciego, pero bondadoso. Me gusta.

P: ¿Cómo ayudas a alguien que se está sintiendo suicida? Es como si no hubiera esperanza.

K: Hay una línea en el Curso que dice: «Hay quienes han muerto al darse cuenta de esto...» (T-31.IV.3:4), al darse cuenta de que no hay esperanza en el mundo. El título de la sección es «La verdadera alternativa». Está hacia el final del texto, y voy a leer el tercer párrafo. La idea es que todas las posibles alternativas que el mundo nos ofrece para la esperanza, la salvación, la paz y la felicidad terminarán en la muerte.

(T-31.IV.3) No hay elección posible allí donde el final es indudable. Tal vez prefieras probarlos todos, antes de que te des cuenta de que todos son lo mismo. [Todos los caminos en el mundo son iguales.] Los caminos que el mundo ofrece parecen ser muchos, pero llegará el momento en que todo el mundo comenzará a darse cuenta de cuán parecidos son unos de otros. [El párrafo anterior dice que todos los caminos conducen a la muerte.] Hay quienes han muerto al darse cuenta de esto porque no vieron otros caminos que los que ofrecía el mundo. Y al darse cuenta de que no conducían a ninguna parte, perdieron toda esperanza. Sin embargo, ese fue el momento en que pudieron haber aprendido la lección más importante de todas. Todo el mundo tiene que llegar a este punto e ir más allá de él. Ciertamente es verdad que el mundo no ofrece elección alguna. Mas esta no es la lección. La lección tiene un propósito, y con esto llegas a entender para qué es.

Me detendré aquí, pero el resto de la sección explica que el valor de darse cuenta de que el mundo no funciona es que nos hace decir: «Tiene que haber otra manera; tiene que haber otro mundo». Este, por supuesto, es la mente. Si logras superar la desesperación y la desesperanza de darte cuenta de que en efecto no hay esperanza, entonces de repente se te abre todo un mundo nuevo, y te das cuenta de que hay una mente y que hay esperanza en la mente. Esa es la única opción. Por lo tanto, la «verdadera alternativa» es entre Dios y el ego. Esa es una elección significativa.

Así que cuando te encuentras en presencia de alguien que se siente suicida, lo que es importante no es lo que digas, sino que prestes atención a lo que está en tu interior. Si estás de acuerdo con la persona y sientes que te estás asustando, que te estás sintiendo culpable y responsable de que la otra persona esté hablando del suicidio, entonces básicamente el mensaje que transmites a la persona es: «Tienes toda la razón».

Sin embargo, si puedes identificarte con la paz en tu mente, estarás tranquilo, lo que significa que serás amoroso cuando estés en presencia de alguien que está desesperado. Y a raíz de esa experiencia de paz interior dirás y harás lo que sea útil. Eso no significa necesariamente que convenzas a la persona de que no se suicide. Tampoco significa que le entregues una navaja o una pistola. Simplemente significa que te comunicas con esa persona en el nivel de la mente, aun cuando tu boca esté funcionando y estés diciendo todo tipo de cosas.

No hay una manera correcta o equivocada de manejar eso, pero hay una manera equivocada y una manera correcta de pensar en eso. De modo que cuando estás en presencia de alguien que está turbado —tan profundamente turbado que la persona está pensando suicidarse— en ese momento quieres monitorear tu propia mente. Si no estás perfectamente en paz, entonces tú eres el que necesita ayuda. Cuando puedes estar en paz, entonces el mensaje que le estás transmitiendo a la persona es: «En efecto, no hay esperanza en el mundo, pero hay esperanza en tu mente, y ahora yo soy un ejemplo». No es que digas esto con palabras, pero tu presencia indefensa y amorosa dice: «Soy un ejemplo de que hay una mente correcta que tú puedes elegir». Eso le da esperanza a la persona. Desde esa paz de mentalidad correcta dirías lo que fuese útil.

El Curso nunca se ocupa de la conducta. He citado muchas veces la experiencia que Helen tuvo cuando le preguntó una vez a Jesús lo que ella debía decir a alguien que necesitaba ayuda. La respuesta de Jesús, en forma de un mensaje que Helen anotó, fue: «No me preguntes qué debes decir. Más bien pídeme ayuda para mirar a esta persona a través de los ojos de la paz y no del juicio». Así que cuando te das cuenta de que no estás en paz al estar en presencia de alguien que está muy molesto, enojado, temeroso o que tiene mucho dolor físico o emocional, pide que Jesús te ayude, no en relación con lo que debes decir o hacer, sino para que comprendas que podrías hacer otra elección y que, si estás molesto en presencia de alguien que está molesto, no tiene nada que ver con esa persona. Esa es la mentira del mundo —que el ego, o hasta la mente correcta, de alguien más, tiene un efecto sobre mí, bien sea ese alguien que tengo en frente un Hitler o un Jesús. Da igual porque si las ideas no abandonan su fuente, entonces no hay nadie ahí fuera.

Así que, si no estoy en paz solo puede ser porque mi mente ha optado por no estar en paz, y la responsabilidad de esa decisión cargada de culpa por haber dicho a Dios que se fuera al cuerno, la he proyectado sobre esta situación o esta persona. Por consiguiente, el mensaje que le transmito a esta persona es: «Tienes razón. El ego continúa operando como siempre y no hay esperanza». En ese caso, no importa lo que yo diga; incluso si pronuncio las palabras más cariñosas, reconfortantes y sabias, mi presencia dirá lo contrario. Por lo tanto, si no me encuentro en paz porque alguien más no está en paz, esa es mi señal para acudir a mi interior y pedir ayuda de mi maestro para que yo pueda mirar esto de manera diferente: «Ayúdame a darme cuenta de que la persona que está ahí fuera no es responsable de cómo me siento en este momento. Me siento así porque me dio miedo tu amor». Eso es lo que le dices a Jesús. Utiliza las palabras o los símbolos que quieras, pero la honestidad consiste en reconocer que «nunca estoy disgustado por la razón que creo», como dice la Lección 5.

Permítanme leer lo que Jesús dice en el manual para el maestro porque es una buena manera de expresar todo esto. Viene bajo la pregunta «¿Cómo se logra la sanación?», en la tercera sección «La función del maestro de Dios». El contexto es la enfermedad, pero podemos extender la idea a cualquier persona que esté turbada, a quienes creen que se sienten suicidas, a quienes creen que han sido tratados de forma injusta, a quienes creen que están muriendo de cáncer, a quienes creen cualquier cosa que no les infunda un estado de paz.

(M-5.III.2:1-7) Los maestros de Dios acuden a estos pacientes representando una  alternativa que dichos pacientes habían olvidado. La simple presencia del maestro de Dios les sirve de recordatorio. Sus Pensamientos [pensamientos de mentalidad correcta] piden el derecho a cuestionar lo que el paciente ha aceptado como verdadero. En cuanto que mensajeros de Dios, Sus maestros son los símbolos de la salvación. Le piden al paciente que perdone al Hijo de Dios en su propio nombre. Representan la Alternativa. Con la Palabra de Dios [la Expiación] en sus mentes, vienen como una bendición, no para curar a los enfermos, sino para recordarles que hay un remedio que Dios les ha dado ya.

Así como Jesús es la manifestación del Espíritu Santo, él nos pide que seamos su manifestación en el mundo (C-6:1,5). Eso es lo quiere decir «Representan la Alternativa».

Puede que dentro de dos minutos no esté en mi mente correcta, pero en este momento lo estoy. La paz que he escogido está en ti porque las mentes están unidas y la Filiación de Dios es una. Todos tenemos la misma mente dividida.

(M-5.III.2:8-10) No son sus manos las que curan. No son sus voces las que pronuncian la Palabra de Dios, sino que sencillamente dan lo que se les ha dado [y de hecho se les ha dado a todos].

Lo que dices o haces no es lo importante. Lo que sana es la paz en tu mente.

En el texto Jesús dice que la enfermedad es una pequeña forma de muerte (T-27.I.4:8). Así que, si alguien es activamente suicida o simplemente está eligiendo estar enojado o enfermo, da lo mismo.

(M-5.III.2:11) Exhortan dulcemente a sus hermanos a que se aparten de la muerte:

Esto es lo que decimos con los pensamientos y, nuevamente, no significa que tengamos que decir estas palabras ni que tengamos que pensarlas. Lo importante es el contenido.

(M-5.III.2:11-12) «¡He aquí, Hijo de Dios, lo que la vida te puede ofrecer! ¿Prefieres elegir la enfermedad en su lugar?»

Esto te permite estar en presencia de cualquier persona, en cualquier lugar, en cualquier momento, independientemente de la forma, y transmitir el mensaje de que hay una opción. No eliges la opción por la persona, así como Jesús tampoco la elige por nosotros. Por tu indefensión le estás diciendo a la persona que hay una mente correcta que él o ella puede elegir. Eso es lo único que haces. Desde esa paz con la que te identificas en ese momento, dirás y harás lo que sea. No son tus manos las que sanan. Tu voz —lo que digas— no es la que pronuncia la Palabra de Dios.

Esta es una corrección para los cristianos que creen que sanan con las manos, que creen que sanan con lo que la gente llama «una imposición de manos». ¿Cómo podrían las manos sanar? ¿Cómo podría un pedazo de madera sin vida hacer algo? Lo que sana es la presencia de mentalidad correcta que dice: «Tú puedes tomar la decisión que yo he tomado». Eso es sanar. No son tus palabras santas. No es rezar oraciones de la Biblia o de Un curso de milagros. Eso no significa nada. No quiere decir que no debas citar algo si te resulta útil, pero eso es solo una forma. Lo importante es el contenido.

(M-5.III.3:1) En ningún momento, los maestros de Dios avanzados toman en consideración las formas de enfermedad en las que su hermano cree.

No importa si alguien tiene un padrastro en el dedo, si se está muriendo de cáncer o si está amenazando con tirarse de la azotea. No importa si alguien está enojado contigo y te lo está expresando físicamente o solo de forma verbal. Da lo mismo. En ningún momento consideras las formas de enfermedad, las formas de culpabilidad, porque cuando estás en tu mente correcta, te das cuenta de que esas formas son imágenes proyectadas de una culpabilidad que ya se deshizo. Cuando estás en tu mente correcta no hay culpabilidad, lo que significa que no la ves en nadie más. Podrás reconocer que la persona se siente culpable, pero tú no ves la culpa. Solo ves una petición de amor, porque la culpa no es más que algo para tapar el amor. Así que no importa qué forma adopta.

La primera ley del caos es que hay una jerarquía de ilusiones, lo que significa que algunas formas son más difíciles de sanar que otras; algunas personas son más santas que otras; algunas personas tienen manos santas, otras no; en el mundo hay distinciones importantes entre los Hijos de Dios. ¡Mentira! ¿Cómo podría haber distinciones importantes entre ilusiones? Eso no tiene ningún sentido. Multiplica uno por cero y multiplica 757 por cero. ¿Cuánto te da? Cero. Escribe cuantas cifras desees, y el total siempre acaba siendo cero. Cuando eres un maestro de Dios avanzado, lo que significa que pasas cada vez más tiempo en tu mente correcta en lugar de pasarlo en tu mente errónea, reconoces que aquí todo es tonto. No es pecaminoso ni malvado ni perverso ni grave, simplemente es tonto.

La gente cree que 757 multiplicado por cero es más importante que uno multiplicado por cero, y que es un número mayor. Todo lo que tengo que hacer es ser de mentalidad correcta; y si crees que aquí algo es grave, es un indicio infalible de que te has vuelto de mentalidad errónea, y ese es tu problema. Todo retorna a lo que está dentro de nosotros.

Un maestro de Dios avanzado representa esta integración de la forma y el contenido. El contenido es el amor, la paz y la visión de intereses compartidos. La forma, el comportamiento, integra eso. Por lo tanto, cualquier cosa que digas será sin prejuicios porque no estarás juzgando entre ilusiones. No dirás que algunas personas son más agradables que otras ni que algunas personas merecen mi amor, mi atención o mi dinero más que otras personas. Te darás cuenta de que todo el mundo es igual.

P: Con lo que más batallo ahora es que, si bien me siento agradecido de que sea capaz de elegir la paz, a veces las cosas más pequeñas hacen que me descarrile. Aun cuando intelectualmente sé lo que está sucediendo, no puedo zafarme. No puedo volver a la paz. Y luego, cuando he vuelto a la paz, me pregunto: ¿por qué esta vez me costó tanto trabajo si todas las demás veces pude elegirla? o ¿por qué me tardé tanto? o ¿por qué fue tan difícil? ¿Simplemente, debo ser paciente o hay algún...?

K: Sí. Hay una línea en el Curso que dice: «El ego analiza; el Espíritu Santo acepta» (T-11.V.13:1). Así que no lo analices, no te preocupes, solo sé paciente. Lo único que tienes que saber es que, si estás en tu ego, te dio miedo el amor. ¡Vaya novedad! Eso ya lo sabías. Así que no conviertas los ataques del ego en cosa del otro mundo. Solo di: «Si no estoy totalmente en paz, ya me di cuenta; obviamente tengo miedo, ¡vale!». Que tu guía sea el siguiente: «Simplemente seré bondadoso pese a la ceguera» (una referencia a la primera pregunta en este extracto).