La sanación del sueño de la enfermedad

Extractos del taller celebrado en la
Fundación para Un curso de milagros
​Temécula CA

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte III
«La causa de la enfermedad» (S-3.I) (cont.)

(2:1) La falta de perdón del Hijo de Dios es la causa del cuerpo [el cuerpo es el efecto].

Jesús ni siquiera está hablando aquí de un cuerpo enfermo, en el sentido habitual de enfermedad. La causa del cuerpo mismo es la falta de perdón del Hijo de Dios. ¿Qué es la falta de perdón? La culpabilidad y el ataque. Proyecto mi culpabilidad y así le niego mi perdón a todo ser viviente. Ese es el ataque. Y esa es la causa del cuerpo. Una vez más, las ideas no abandonan su fuente. El cuerpo es la encarnación de un sistema de pensamiento de pecado, culpabilidad y miedo, la expresión del pensamiento de separación. No tiene existencia fuera de ese pensamiento. El cuerpo es una sombra, y como las sombras no tienen sustancia, es una sombra de nada.

Sin embargo, los niños pequeños pueden convertir las sombras en algo real. Un niño en la cama por la noche podría oír el viento susurrando en los árboles o ver sombras causadas por las ramas del árbol ondeando en el viento. El niño proyecta su miedo y su culpa sobre las sombras y luego piensa que hay ladrones por ahí, o asesinos, o extraterrestres. Esto es muy, muy real para el pequeño. Pero las sombras no son reales. No son nada, pero sobre esa nada, proyectamos algo que creemos que es real y tiene sustancia. Tomamos la culpabilidad en la mente, que proviene de la creencia de que nos separamos de Dios y la proyectamos en un cuerpo. Así que de repente el cuerpo se convierte en la encarnación del pensamiento de separación, dado forma. Y es un pensamiento de pecado y culpabilidad. Así que tomo el pecado y la culpabilidad en mi mente que se manifiesta en la sombra, mi cuerpo, y rápidamente me deshago de ella, proyectándola. Por eso, cuando todos —como un solo Hijo— inventamos nuestro sueño, lo hicimos de tal manera que hubiera padres. (No nos ocuparemos de otras especies ni de las llamadas formas de «vida» o de «no vida», solo del homo sapiens.) ¿Por qué inventamos este sueño con padres? Era nuestro propio sueño, así que no era forzoso que hubiera padres. Pero lo inventamos de esa manera porque necesitábamos unos cuerpos para poder proyectar sobre ellos la culpabilidad. Así, mi cuerpo y su condición se convierten en el efecto de tu culpa y pecado, no de mi culpa y pecado. De eso está hablando Jesús aquí.

(2:2) [el cuerpo] No ha abandonado su fuente [la falta de perdón, la culpabilidad en la mente], y esto queda claramente demostrado por su dolor y envejecimiento, y por la marca de la muerte que pesa sobre sí.

¿Por qué creen que la gente quiere llegar a una edad avanzada? ¿Por qué creen que la gente quiere deshacer el dolor, aparte de la razón obvia de no estar sufriendo? Es para mostrar que mi cuerpo sigue viviendo; y si mi cuerpo continúa viviendo para siempre sin dolor, puedo demostrar que no hay culpabilidad. Pero, ya que las ideas no abandonan su fuente, todo lo que he hecho es enterrarla, añadiendo un velo más, de modo que nunca me acerque al sueño secreto. Todo forma parte de la estrategia del ego para mantener intacto el pensamiento de separación, pero desechar la culpa para que otro resulte ser el responsable y deba rendir cuentas de ella, o sea, alguien más recibirá el castigo por mi pecado. Cuando uno mira las relaciones en el mundo es interesante ver que todos hacemos lo mismo uno con el otro, tratando desesperadamente de fingir que no es así. Todos tratamos de vernos como víctima inocente del pecado de otras personas.

Por lo tanto, conservo mi yo separado, y sufro gustosamente abuso y victimización para poder señalar con un dedo acusador y decir: «Tú me hiciste esto». Yo te lo hago a ti, tú me lo haces a mí, y esa es la relación especial de la que Jesús tanto habla en el texto. Es obvio que relaciones como estas no son precisamente agradables. Tratamos de disimularlas con bonitas cintas y papel de envolver, pero no son agradables, porque todas tienen el objetivo de robar, canibalizar y egoístamente tratar de extraer de otra persona la vida que creemos que nos falta. Eso es lo que hicimos originalmente con Dios, y eso es lo que hacemos cada vez que nos encontramos con otro cuerpo. Parte de nuestro sueño requiere que haya microorganismos (virus o bacterias) que podamos culpar de invadir nuestro espacio y canibalizar nuestra carne.

Recuerden, todo esto es un sueño, y Freud nos ayudó a entender que los sueños tienen un propósito. No suceden por casualidad. En la primera parte de La interpretación de los sueños, ofrece un panorama histórico de lo que la gente pensaba de los sueños. Nos muestra que los sueños cumplen un propósito. Al ampliar todo esto a nivel del macrocosmos, podemos ver que el sueño del universo físico —todo el cosmos— tiene un propósito. Un curso de milagros nos ayuda a entender, como ninguna otra espiritualidad lo ha hecho, qué propósito tiene el mundo físico, y por lo tanto, qué propósito tiene nacer como individuo y vivir en el mundo físico. No es un propósito muy amable: es conservar lo que robamos y culpar de ello a alguien más, quien deberá rendir cuentas y finalmente ser castigado por ello.

Otro principio muy importante del ego, que encaja con todo esto es el de uno o el otro. Es Dios o yo. Si Dios vive, yo no, porque en Dios no tengo vida independiente. Si todo lo que hay es Dios —Amor y Unidad— entonces, ¿cómo podría haber un ser individual, especial, singular, autónomo, independiente y libre? No puede ser. Por lo tanto, si voy a ser este ser especial, individual, singular, autónomo, independiente y libre, la Unidad de Dios tiene que ser sacrificada. Es uno o el otro. Ese es el principio básico y la plantilla sobre la que se formó el mundo entero. Nuestras vidas se basan en uno o el otro. Quiero sobrevivir, y eso significa que debe ser a costa tuya. Si voy a mantener mi separación, pero estar libre de pecado, entonces tú has de ser pecaminoso. Lo que te doy, ya no lo tengo; lo tienes. Esa es la naturaleza del mundo. Y aquí de eso habla Jesús.

Una vez más, «[el cuerpo] No ha abandonado su fuente, y esto queda claramente demostrado por su dolor y envejecimiento, y por la marca de la muerte que pesa sobre sí». Jesús está diciendo que no convirtamos el cuerpo en algo maravilloso, glorioso y santo. No lo es. Dios no tuvo nada que ver con él. El Espíritu Santo utiliza el cuerpo para un propósito santo, pero el cuerpo en sí no es nada. Fue hecho para ser el hogar —en forma— del mal, de las tinieblas y del pecado (L-pI.93.1:1), y eso es exactamente lo que está diciendo aquí. El cuerpo fue hecho para ser la prueba definitiva de que la separación de Dios sucedió.

Por eso a nadie le gusta realmente este curso, a pesar de lo que dicen los estudiantes. ¿Cómo te puede gustar un curso donde no solo se afirma que no existes, sino que la débil y frágil existencia que crees poseer es la de un asesino despiadado y caníbal? Eso no te convierte en una persona muy agradable. ¿Cómo es posible que te guste un curso que te diga eso? Y tienes que atravesar esa parte del Curso para llegar al fin último, que es darnos cuenta de que, como dice la Lección 93 en el libro de ejercicios: «La luz, la dicha y la paz moran en mí». No puedes llegar a la luz, la paz y la dicha hasta que pases por el mal, las tinieblas y el pecado. Entonces sí que te gustará este curso. De hecho, en ese momento ya no necesitarás el Curso.

(2:3) El cuerpo les parece temeroso y frágil a quienes piensan que sus vidas están bajo su mandato y vinculadas a su inestable y nimio aliento.

A pesar de lo que piensan todos los metafísicos en el mundo de Un curso de milagros, lo que realmente creemos es que nuestras vidas están muy ligadas a este cuerpo. Basta ver lo que pasaría si se interrumpiera tu suministro de oxígeno durante un minuto. Todas tus ideas espirituales se relegarían muy pronto al olvido. Así que Jesús en esencia nos está diciendo aquí, como en muchos otros lugares del Curso, que no debemos fingir que no somos cuerpos: «No me digas que realmente crees lo que te estoy diciendo. Creerlo realmente significa que te encuentras al final del viaje, en lo más alto de la escalera. Sin embargo, por ahora piensas que eres un cuerpo; así que vamos a tratarte como si lo fueras. Procura no negar lo que es tu cuerpo».

(2:4-6) La muerte los contempla conforme cada momento que pasa se escapa irrevocablemente de sus avariciosas manos, las cuales no los pueden retener. Y sienten miedo cuando sus cuerpos cambian y enferman. Pues sienten el fuerte hedor de la muerte en sus corazones.

Esta es una forma literaria de decir lo que Freud y muchas otras personas han dicho: desde el momento en que nacemos nos estamos preparando para la muerte. A una edad más avanzada, Freud comenzó a hablar del instinto de la muerte, porque reconoció que faltaba algo en su teoría.

Así que lo que Jesús está haciendo aquí es ayudarnos a reconocer lo que el cuerpo realmente es. Como muchos de ustedes saben, El canto de la oración se escribió después de que se publicara la primera edición del Curso, y tenía por objeto corregir los errores atroces que los estudiantes ya estaban cometiendo. El malentendido primordial que dio origen a la necesidad de escribir el folleto tenía que ver con pedir ayuda al Espíritu Santo y con el verdadero significado de la oración. Ese es el enfoque del primer capítulo. El segundo capítulo trata sobre el perdón y expone el plan del ego de perdonar-para-destruir, al que se alude a lo largo del Curso, aunque el término nunca se utiliza excepto en este folleto. Jesús trata de ayudarnos a comprender realmente qué es el perdón y qué cosa no es. Luego, aquí en el tercer capítulo, hace lo mismo con la curación.

En los inicios, muchos estudiantes pedían, y hoy en día (que, por supuesto, todavía forma parte de los inicios del Curso) todavía están pidiendo que el Espíritu Santo los cure. Jesús trata de explicar: «No me pidas que cure el cuerpo. ¿Cómo puedo curar algo que no existe? No pretendas que yo comparta tu locura. Pídeme que te ayude a sanar tu mente, porque ese es el problema». Y no trates de negar el propósito para el cual se fabricó el cuerpo. Provino de un pensamiento de muerte y, por lo tanto, es un pensamiento de muerte: las ideas no abandonan su fuente. Los cuerpos cambian y se debilitan, se deterioran y mueren porque provienen del pensamiento de culpabilidad. Creemos que hemos matado a Dios y que Él nos va a castigar. Ese pensamiento es el que debe deshacerse, no el cuerpo.