La sanación del sueño de la enfermedad

Extractos del taller celebrado en la
Fundación para Un curso de milagros
​Temécula CA

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte VII
«El proceso de la enfermedad» (conclusión)

(6:1) Cualquier clase de enfermedad puede definirse como el resultado de verse uno a sí mismo débil, vulnerable, malvado y en peligro y, por ende, en constante necesidad de defensa.

Una vez más, esto amplía nuestra comprensión de la enfermedad. A los estudiantes de Un curso de milagros les encanta apuntar con un dedo acusador a otros estudiantes del Curso que se enferman, diciendo: «No estás haciendo el Curso correctamente. ¿No sabes que “La enfermedad es una defensa contra la verdad” (L-pI.136)?» —y cosas por el estilo. Jesús no solo está hablando de un síntoma; está diciendo que la enfermedad es cualquier experiencia en el cuerpo. Cuando tienes hambre, eso es una enfermedad. Cuando los pulmones están vacíos y tienes que tomar aire, eso es una enfermedad. Cualquier problema que se presente con el cuerpo, ya sea una falta de oxígeno, una falta de alimento, o algo que llamemos una dolencia, es una enfermedad. Y la enfermedad exige una solución mágica. Sentirte solo es una enfermedad, y querer que otra persona esté ahí contigo es una solución mágica. Aquí, todo es una enfermedad, y no hay una jerarquía de ilusiones, a diferencia de lo que dicta la primera ley caótica del ego. Así que sean amables y gentiles con sus amigos y con ustedes mismos.

«Cualquier clase de enfermedad puede definirse como el resultado» significa que la enfermedad es el efecto, y la causa es la percepción de uno mismo como «débil, vulnerable, malvado y en peligro». Esta es la percepción de pecado, culpabilidad y miedo: creemos que somos «la morada del mal, de las tinieblas y del pecado» (L-pI.93.1:1), y esa es la causa de que nos sintamos tan vulnerables y desnudos, frente a un Dios iracundo que está a punto de descender sobre nosotros y destruirnos. Ese yo vulnerable necesita una defensa, que es el mundo, y el mundo entonces se convierte en una defensa contra la culpabilidad y contra la percepción de verse uno a sí mismo «débil, vulnerable, malvado y en peligro». Esta percepción de nuestro yo es a su vez una defensa contra el glorioso Ser que Dios creó, del cual el principio de la Expiación es un recordatorio.

Todo el sistema de pensamiento del ego está encapsulado en esta sola frase; y entender ese sistema de pensamiento es deshacer al ego. Implícita en la perspectiva de mentalidad errónea está la corrección de mentalidad correcta, porque cuando realmente miramos lo que el ego está haciendo, desaparecerá. Por eso hay que leer cada frase con mucha atención.

(6:2) Sin embargo, si el yo fuera realmente así, cualquier defensa sería inútil.

Y, por supuesto, lo es. El mundo no funciona. Fíjense en lo astuto que es el ego y cuán locos estamos en creerle. El ego nos convence de que nuestro yo en la mente es débil, vulnerable, malvado y corre peligro, por lo que necesita la protección del mundo y del cuerpo. Así que fabricamos un cuerpo, pero este también es débil y vulnerable. Si alguien mira tu cuerpo de una forma rara, te sientes diezmado. Esto solo muestra lo débil y frágil que es tu percepción de ti mismo. Y si te atropella un coche al cruzar la calle, quedas diezmado de otra manera. Como hemos visto una y otra vez, el cuerpo nació para morir. Desde el momento del nacimiento, las células comienzan a morir y a la larga todos morimos. Entonces, ¿de qué manera funciona esto como defensa?

Hay un pasaje maravilloso al principio del texto donde Jesús explica la demencia del ego y cómo su defensa no funciona (T-4.V.4). Jesús nos hace confrontar al ego con una pregunta que es básicamente: «¿Qué pasa? Me dijiste que inventara un cuerpo porque yo necesitaba ayuda y protección, y ahora mi cuerpo necesita ayuda y protección. No importa qué tipo de ayuda reciba, al final, todavía va a morir. ¿Qué clase de ayuda es esta?». Jesús dice que el ego responde borrando la pregunta: hace que un velo caiga frente a la mente, que destruye cualquier recuerdo de lo que se trata todo esto. Ya no somos conscientes de que la defensa del ego —el cuerpo— no funciona, porque ya no tenemos conciencia de aquello contra lo que inicialmente debía defendernos, que era el dolor en nuestras mentes. Olvidamos que nacer en un cuerpo es una defensa y ahora pensamos que es una realidad, creemos que es el don de Dios.

Por eso necesitamos un curso que exponga al ego tal como lo que es en realidad. Jesús levanta el velo y dice: «Déjame ayudarte a ver lo que has estado encubriendo. Querrás alejarte del hedor y de las formas grotescas que verás en tu mente, pero estaré ahí contigo y te ayudaré a mirar. Entonces te darás cuenta de que todo fue literalmente una fantasía, una alucinación, un delirio, y entonces desaparecerá. Pero no lo sabrás hasta que mires tu mente». Jesús nos está ayudando a entender que si queremos ver lo que está en la mente, debemos mirar el mundo tal como es realmente. No es un lugar de vida; es un lugar de muerte. Por eso Jesús dice en el libro de ejercicios: «El mundo se fabricó como un ataque contra Dios... se fabricó con la intención de que fuera un lugar donde Dios no pudiese entrar. . .» (L-pII.3.2:1,4).

(6:3) Las defensas que se procuran, por lo tanto, no pueden sino ser mágicas.

Son mágicas porque no resuelven nada. En nuestro mundo cotidiano, la magia se asocia con la ilusión: creemos que vemos cosas que realmente no han sucedido. Bueno, el mundo no ha sucedido, y la enfermedad es solo una de las defensas o formas de magia que el ego utiliza para protegernos de la enfermedad real, que está en nuestras mentes. Ese es el objeto de la Lección 136, «La enfermedad es una defensa contra la verdad» (L-pI.136), donde Jesús describe la enfermedad como una defensa que el ego utiliza para evitar que despertemos a la verdad de que nuestra realidad es espíritu. Jesús describe específicamente la estrategia defensiva del ego, señalando que no es algo que simplemente sucede. No somos víctimas inocentes de fuerzas o patógenos que están fuera de nuestro control. Desde el punto de vista del ego, el sueño es nuestro y sirve para una poderosa finalidad: cumplir el deseo de mantener nuestra separación, pero echarle la culpa a otra persona.

(6:4-5) [las defensas] Deben superar todos los límites percibidos en uno mismo y, simultáneamente, forjar un nuevo concepto propio en el que el antiguo no tenga cabida. En resumen, el error se acepta como real y se lidia con él mediante ilusiones.

Esta idea de tratar de construir un concepto diferente del yo ha sido prominente en nuestro mundo a partir de la Segunda Guerra Mundial. Hay una rama de la teoría psicológica llamada «teoría de la personalidad», con Rogers, Allport y Maslow entre los más renombrados teóricos del tema. Esta teoría consiste en concebir un nuevo concepto del yo que sea más fuerte, menos vulnerable y que se sienta mejor, sin necesidad de lidiar con el concepto subyacente del ego, en el que somos débiles, vulnerables, malvados y corremos peligro. En lugar de mirar dentro a este concepto del yo, simplemente le agregamos otro velo o encubrimiento, haciendo un mejor yo: un mejor cuerpo físico y psicológico en el mundo. No nos damos cuenta de que solo estamos haciendo sombras, son yos aparentemente amorosos y llenos de luz, más grandes, mejores y más bellos, pero aun así son sombras que usamos para ocultar la negrura de la horrible creencia que abrigamos respecto a nosotros mismos.

(6:6) Al haberse traído la verdad al ámbito de las ilusiones, la realidad se ha vuelto una amenaza y se percibe como algo malvado.

Eso es lo que hace el ego. El verdadero Dios es ahora percibido como una amenaza, y aquellos que creen en él son vistos como malvados herejes, paganos, no creyentes, porque no son partidarios del sistema de pensamiento del ego que convierte en realidad el mundo, el cuerpo, el individuo, el Dios del ego y el ego mismo. Una vez más, esta es la razón por la que a nadie le gusta este curso. La mayoría de los estudiantes del Curso no lo llamarían maléfico, pero evitan lo que dice como si fuera el diablo, a un tiempo pensando que están practicando el Curso, cuando en realidad lo están encubriendo. Creen que se trata de hacer un yo más indulgente, más amoroso, más pacífico y más bondadoso aquí. Mi ego me dice que si hago «bien» el Curso, nunca me enfermaré, porque lo que quiero es un yo mejor y más sano aquí. Este error es exactamente a lo que Jesús se está refiriendo.

(6:7) El amor se vuelve temible porque la realidad es amor.

La razón por la que se teme al amor es que el amor real, el amor verdadero, es la inclusión y la unidad total, pero no en el nivel de la forma. No es que debas hacer el amor con todo el mundo, pero en el nivel de la mente tu amor por alguien no debería excluir a nadie más. No toma partidos; no dice uno o el otro. Tu amor es un amor que abarca a toda la Filiación cual una sola, porque la Filiación es una. El ego nos haría creer que está fragmentada y, por lo tanto, tenemos que sanar a todos los fragmentos separados. Solo tienes que sanar a un fragmento, aquel que tú crees ser. Cuando tu mente esté totalmente sanada, sabrás que la Filiación es una.

(6:8) De este modo se cierra el círculo contra las «incursiones» de la salvación.

Cuando metes tanto a la verdad del Curso como a Jesús —el maestro de la verdad— en la ilusión del mundo, has construido una barricada contra la salvación real, que está en la mente.

(7:1) La enfermedad es, por lo tanto, un error que necesita corrección.

En el Curso, «error» y «corrección» no son aplicables más que a la mente. Quieres corregir la elección equivocada a favor del ego, la creencia equivocada de que podrías hacer esto por tu cuenta. Esta idea se comenta en el párrafo 5, que no he incluido en este comentario.

(7:2) Y como ya hemos subrayado, la corrección no puede tener lugar «justificando» el error primero y luego pasándolo por alto.

En el folleto El canto de la oración, Jesús se refiere al «perdón-para-destruir», así como, en esencia, a orar-para-destruir y a sanar-para-destruir, todas ellas expresiones de esta misma idea. Estas son maneras en las que se convierte el problema en realidad y luego se trata de resolverlo, diciendo que esta persona ha pecado contra mí y contra los demás, pero la perdono de todos modos; o bien rezándole a Jesús para que me ayude a resolver mi problema contigo en el mundo, o que cure un cuerpo que, a mi parecer, está enfermo.

(7:3-4) Si la enfermedad fuese real, en verdad no podría pasarse por alto, pues obviar a la realidad es demencia. No obstante, el propósito de la magia es hacer que las ilusiones sean verdad mediante una percepción falsa.

Eso es lo que hace la magia. Mi cuerpo enfermo es una solución mágica a mi culpabilidad; pero entonces mis síntomas requieren su propia solución mágica, ya sea algo médico o algo que consideremos espiritual, como la oración o este curso. Este no es un curso para aliviar una enfermedad o unos síntomas; es un curso sobre eliminar la causa de la enfermedad o de los síntomas. Este es un curso para cambiar de mentalidad y no de comportamiento, como se expresa en esa línea muy importante en el texto: «Este es un curso acerca de causas y no de efectos» (T-21.VII.7:8).

(7:5-6) Eso [la magia] no puede sanar, porque se opone a la verdad. Tal vez una ilusión de salud sustituya la ilusión de enfermedad por un breve período, mas no perdurará.

Todos hacemos esto. Tenemos una ilusión de salud física después de haber tenido un período de enfermedad, o una ilusión de salud emocional tras un período de aflicción o angustia. Pero no dura. Recuerden, el cuerpo obviamente fue hecho para descomponerse; no puede funcionar a la perfección porque las ideas no abandonan su fuente. Solo el espíritu funciona perfectamente. El cuerpo proviene de un pensamiento de separación que ya es una enfermedad, una deformidad que no funciona. Cuídense de la tentación de hacer real el cuerpo, tratando de mejorarlo física o psicológicamente. Utilicen el cuerpo simplemente como un aula de clase, en la que lo ven como la pantalla sobre la cual proyectan sus propios «pecados secretos y odios ocultos» (T-31.VIII.9:2). Así, puedes recordar lo que has proyectado y traerlo de vuelta al interior, para que puedas comprender que el pensamiento de separación fue decisión tuya. Ahora puedes perdonarte por tomar esa decisión, eligiendo otra opción.

(7:7-8) Las ilusiones no pueden ocultar el miedo por mucho tiempo, pues este forma parte de ellas. Escapará y tomará otra forma, al ser la fuente de todas las ilusiones.

Freud fue el primero en hablar de «la sustitución de síntomas». Esta es la idea de que no podemos deshacer el síntoma sin deshacer la causa, porque si lo hacemos, la causa —nuestra culpabilidad inconsciente— continuará proyectando de forma automática y fabricará nuevos síntomas. Aquí Jesús también está diciendo que, si arreglas el cuerpo o la psique enfermos, sin deshacer tu creencia en la realidad de la culpabilidad —pensando que esa culpa es buena porque la separación es buena—, la culpabilidad seguirá generando más problemas. La culpabilidad es como una bomba en la mente, que constantemente bombea hacia fuera la inmundicia de su propia fealdad. Seguirá proyectando y haciendo más sombras hasta que limpiemos la mente, tomando otra decisión. Hasta entonces, la culpabilidad, o el miedo (Jesús a menudo usa los términos pecado, culpabilidad y miedo como sinónimos), siempre escapará y adoptará otra forma.

Una vez más, el objetivo de estos comentarios es dejar muy claro que el cuerpo no es el problema o la solución. Una vez que decimos que debe haber otra manera u otro maestro, el único propósito del cuerpo es ser un vehículo que nos dé la posibilidad de volver a la mente, que es donde debe hacerse el trabajo. No es posible hacerlo a nivel del cuerpo.