Milagros frente a magia

Extractos del taller realizado en la
Fundación para Un curso de milagros
Temécula CA

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte IV
Comentarios

¿Alguna pregunta o comentario antes de continuar? ¿Alguien quiere presentar argumentos a favor de la magia?

P: La idea de hacer magia día tras día me ha puesto muy ansiosa y aprensiva, lo cual deduzco que es por estar recurriendo a mi resistencia. Yo no me he definido desde una perspectiva en que todo lo que hago sea magia. Estoy descartando la mente correcta en ocasiones.

R: Sí, la ansiedad y el miedo son una respuesta legítima a darte cuenta de que todo lo que haces es magia. Es muy corta la distancia entre eso y la comprensión de que, si todo lo que haces es magia, todo lo que eres también es magia. En ese caso, no sabes lo que serías sin la magia. El asunto empeora porque, de hecho, respirar es magia. Magia es un término peyorativo y no suena muy bonito. Entonces que se nos diga que todo es magia, y que nos valemos del Curso, de Jesús y del Espíritu Santo para fines mágicos, podría resultar un poco amenazante.

P: Entonces sentir la culpa a causa de eso es la defensa. ¿Siempre tenemos que pasar por eso, o podemos simplemente ir a nuestras mentes y decir que es una elección?

R: Después de un tiempo, podrás realizar este proceso más ágilmente. Sin embargo, ten cuidado de no saltarte pasos, porque sabes que tienes miedo de mirar. Con el tiempo, se vuelve cada vez más fácil identificar la propensión a depender de la magia y la necesidad de defenderte de la culpabilidad. Cuando llegas rápidamente a eso y reconoces que esta, en realidad, no es nada, desaparece. Pero insisto, ten cuidado de no saltarte pasos. De ahí, mi énfasis en la importancia de mirar la resistencia. Si no tienes conocimiento de la resistencia, creerás que estás haciendo realmente lo que dice este curso, cuando, en esencia, lo único que estás haciendo es ponerle encima otra tapadera. Reconocer la resistencia es sumamente importante.

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P: Siempre me siento muy hipócrita, porque sé lo que es magia y sé que, cuando tomo vitaminas o estoy haciendo lo que sea, estoy tomando parte en la magia y que no está haciendo nada. Sin embargo, lo sigo haciendo. ¿Cómo puedo detener la hipocresía?

R: Dejando de llamarla hipócrita.

P: Pero lo es. ¿Por qué hacer algo a sabiendas de que no está haciendo nada?

R: ¿Qué tal si nomás dices que es bobo, y que detrás de la bobada, hay un poco de miedo? La magia mantiene andando al cuerpo. A veces hablamos de magia buena y de magia mala: por ejemplo, el veneno es magia mala y una vitamina es magia buena. Ambas hacen que el cuerpo sea real, pero uno te hará daño, lo cual se convertiría en una distracción aún mayor. Lo que es útil es darme cuenta de que, en efecto, todavía creo que soy un cuerpo, y pienso que tomar vitaminas y minerales mejorará mi cuerpo, a diferencia de no tomarlos; y mientras piense que soy un cuerpo, ¿por qué no hacer lo que me parezca que le caerá bien a mi cuerpo?

P: Pero, entonces no hay avance.

R: Sí hay avance, si estás dispuesta a dejar de adjudicarte calificativos insultantes. El avance consiste en perdonarte a ti misma por usar la magia. Es lo mismo que hacer el libro de ejercicios y perdonarte a ti misma —realmente perdonarte— por no acordarte de pensar en Dios cinco veces por hora. Ese es un gran avance.

P: ¿Cuándo sucede realmente?

R: Cuando dejas de hacer la pregunta y te deja de importar. Esa es una trampa muy común en la que los estudiantes caen con el Curso. Comprendes intelectualmente lo que el Curso está enseñando, y luego te censuras a ti misma con severidad, en lugar de decir que todavía eres una niña pequeña que apenas ha subido los primeros peldaños de la escalera. Pero al menos ahora sabes que eres una criatura, lo cual significa que sabes que tienes que crecer. Sabes que estás en los peldaños inferiores de la escalera, pero al menos estás al tanto de que hay una escalera y que no hay nada que temer. No tienes por qué sentir que Jesús se esté burlando de ti o que te esté presionando para que subas cuando no estás lista. Por lo menos, tienes conocimiento de lo que estás haciendo.

Hay una línea que cito mucho que realmente es la respuesta. Responde a todo el problema del sufrimiento. Jesús dice que la manera de escapar del sufrimiento es ver el problema tal como es y no como lo has urdido (T-27.VII.2:2). Eso es todo lo que dice. No dice nada sobre hacer la elección correcta o sobre no lidiar con tu cuerpo. Dice que la forma de escapar del sufrimiento es ver el problema tal como es y no como lo has urdido. La forma en que lo hemos urdido es magia, es decir, que el cuerpo es el problema y el cuerpo es la respuesta; y en términos específicos, que las relaciones especiales son las respuestas a todos nuestros problemas, ya sea una relación especial con mi cuerpo o con el cuerpo de otra persona. Así es como lo hemos urdido. Al ver el problema tal como es, veo que mi relación especial con el cuerpo es la proyección de mi relación especial con mi ego en mi mente. Ese es el problema, tal cual. Y eso es lo único que tienes que hacer. Muy sencillo.

Eso es lo que hace que este curso sea fácil, en el sentido de que Jesús no dice que tengas que renunciar a tu ego. Lo único que tienes que hacer, dice, es reconocer lo que tu ego está haciendo. Eso es todo. Conoce tú la diferencia entre milagros y magia, y reconoce que, como hija de la magia, no quieres dejarla ir. Por lo menos, date cuenta de que es eso. Al tomar tu dosis diaria de vitaminas, pues, no le des mayor importancia. Simplemente di que, en efecto, eso es lo que estoy haciendo porque obviamente pienso que soy un cuerpo. Me levanté por la mañana, me duché, me vestí, me maquillé, vine aquí, hice lo que hice, porque obviamente creo que soy un cuerpo. Conduzco en un coche, que es una forma del cuerpo, y hay que cuidarlo. Tengo que relacionarme con otros cuerpos en coches. Tengo que hacer todo eso, pero al menos me doy cuenta de cuál es su propósito. Es muy importante recordar ser bondadosa y apacible contigo misma. Ese es tu problema.

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P: Luego, en el sistema de pensamiento del ego, está otra parte que tiene que ver con mi trabajo: cada vez que trato de hacer del mundo un lugar mejor, siento que eso trae consigo mucho dolor y culpa, en comparación con simplemente hacer lo que hago durante el día. Puedo sentir una diferencia en mi forma de pensar.

R: Muy bien, y no lo juzgues ni intentes cambiar nada. Cuando Jesús dice: «No trates, por lo tanto, de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de mentalidad acerca de él» (T-21.in.1:7), cambiar de mentalidad significa cambiar de maestro: del ego al Espíritu Santo. ¿Te cabe imaginar que el Espíritu Santo o Jesús te hagan sentir culpable? No. Ellos serían pura bondad, amor y dulzura, y simplemente sonreirían contigo ante tu bobada. Así se entiende mucho mejor lo que significa cambiar de mentalidad.

Ayuda entenderlo así porque, al cambiar de maestro, cambias una lista completa de características que acompañan a cada maestro. El ego es severo, crítico, escurridizo, engañoso, atacante y demás; mientras que el Espíritu Santo y Jesús son bondadosos, apacibles y pacientes. Puesto que a Ellos no les importa el mundo, no les importa lo que hagas en el mundo; y tampoco les importa que elijas la culpabilidad, excepto en la medida en que te haga sentir mal. Por eso, cuando cambias de mentalidad, estás cambiando de maestro, lo que significa que estás cambiando las características del maestro. Siempre puedes saber qué maestro has elegido, simplemente observando si es que eres bondadosa, apacible y paciente para contigo misma, no se diga para con otras personas. Cuando comienzas a juzgar a otros porque no están entendiendo bien el Curso o no están aplicándolo bien, o te impacientas con la gente porque no hace algo que quieres que haga, es porque elegiste al maestro equivocado. Esa es una información muy útil. Sabrás a cuál maestro has escogido por los efectos: «Por sus frutos los conoceréis». Los frutos del ego siempre son la severidad, la culpa, la ansiedad, el miedo, la depresión, la impaciencia y el especialismo. Los frutos de Jesús siempre son la bondad, la ternura y la paz.

A Jesús le tiene sin cuidado lo que haces. De veras tienes que entender eso. A él no le importa lo que haces; francamente ni siquiera sabe lo que haces, porque sabe que no hay ningún mundo, solo en una mente. Todo lo que Jesús conoce es amor o miedo, pero como el miedo es una ilusión, todo lo que conoce es el amor. Por eso siempre digo que Jesús no puede contar más allá del uno, porque todo lo que él conoce es el amor, la luz y la paz. Eso es lo único que conoce. No conoce otra cosa. Por lo tanto, ¿por qué te atormentas por algo si él es tu maestro y no se atormenta por ello? A veces, cuando las personas de mi equipo de trabajo se alteran por algo que no se hace como es debido, les digo: «Yo soy el jefe, y no estoy molesto. ¿Por qué están molestos ustedes?». Asimismo, Jesús es tu jefe, entonces, ¿por qué te molestas si él no está molesto? Si a él no le importa lo que suceda con este libro en el mundo —y les aseguro que no le importa—, ¿por qué ha de importarte a ti? Lo único que él quiere es que te apropies del contenido de este libro, no de las palabras o la forma. Eso es lo que él quiere.

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P: Quiero abordar el hecho de que a veces suceden cosas espectacularmente gratas en el mundo, que mi mente errónea llama milagros. Por ejemplo, tuve un problema: perdí mi billetera y luego la encontré. Ese sería un ejemplo moderado de algo grato, y ¿en realidad no significa nada? A veces, cuando se presentan sucesos de este tipo, siento que ciertamente no tuve nada que ver con esta buena fortuna. Se siente bien que sucedan cosas espectacularmente gratas sin que yo sepa cómo hacer que sucedan cosas así.

R: Creo que el problema con eso, que es una forma de responder indirectamente a tu pregunta, es que crees que eso marca una diferencia. Cuando suceden cosas espectacularmente buenas y salen bien —por ejemplo, se encuentra algo que se ha perdido—, crees que este curso está funcionando y se lo agradeces a Jesús. Desafortunadamente, en ese caso, se pierde la verdadera lección. La verdadera lección es que puedo estar en paz y puedo sentir el Amor de Dios, ya sea que esto salga bien o no; si mi billetera se encuentra, o no se encuentra y tenga que pasar por todo el lío de tramitar mis tarjetas de crédito, mi licencia y los demás asuntos. Todavía puedo estar en paz. Esa es la verdadera lección que se pierde cuando se encuentra tu billetera porque, en ese momento, todo parece maravilloso. El ego es muy escurridizo. Incluso se podría pensar que se trata de una conspiración cósmica —que pierdas tu billetera y luego la encuentres—, para que pienses que esto es maravilloso y que Dios es un mago; cuando la verdadera lección es que yo podría estar en paz si se encuentra la billetera o no; si consigo el empleo o no; si mi equipo favorito gana la Serie Mundial o no. Da igual. Esa es la verdadera lección. Esta lección se pierde si te sientes devastado cuando no aparece la billetera y luego te regocijas cuando se encuentra. Esto no significa que debas sentirte culpable cuando te da gusto que haya aparecido tu billetera perdida, así como tampoco tienen por qué sentirse culpables cuando toman vitaminas. Eso es simplemente algo que los cuerpos hacen. Los cuerpos cuidan del cuerpo comoquiera que crean que este necesita ayuda. Y a los cuerpos les dará gusto cuando se pierde algo que les parece importante para el cuerpo, y luego se encuentra.