Milagros frente a magia

Extractos del taller realizado en la
Fundación para Un curso de milagros
Temécula CA

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte VI
Comentarios (cont.)

P: Yo padezco de alergias. Sé que, si tomo algo, eso es magia, aunque también va a mitigar los síntomas. Sé que las alergias también son una magia que está encubriendo algo. Entonces parece que lo importante sería averiguar . . .

R: ¡Ay, no, por Dios! Eso es demasiado trabajo. No, no hagas eso. Tómate la maldita píldora para mitigar los síntomas, y detente ahí. No analices ni intentes ahondar en las razones. Recuerda, «El perdón . . . es tranquilo y sosegado, y . . . no hace nada. . . Simplemente observa, espera y no juzga» (L-pII.1.4:1,3).

P: He sentido un profundo alivio al detenerme.

R: Sí, no te esfuerces en esto. Recientemente hablé sobre ser perezoso, este curso es para gente perezosa. Cuando lo trabajas, tienes la idea mágica de que trabajar el ego resolverá el problema. El ego prospera cuando lo trabajas y le prestas atención. Así que la lección es tener una alergia y estar en paz al respecto. Menudo lío. ¿Por qué analizarlo y rascar bajo la superficie, y traer una excavadora mecánica y extraer cosas con una draga? Le tienes alergia a Dios. Ese es el problema. Menudo lío; todo el mundo le tiene alergia a Dios. ¿Y? En resumidas cuentas, a eso se reduce. La lección es tener alergia, tomar cualquier magia que alivie los síntomas (pues no hacerlo sería absurdo), y luego olvidarte del asunto. Procura, pues, estar en paz. Si lo estás trabajando, no estás en paz. No trabajes este curso.

Recuerda la sección «No tengo que hacer nada» (T-18.VII). Al ego le encanta inventar problemas inexistentes y luego hacer que dediquemos todo nuestro tiempo, energía y esfuerzo a resolver el problema inexistente. De modo que tienes una alergia, que es un problema inexistente. Ahora el ego diría: «Ah, como buen estudiante de Un curso de milagros, me tomaré la magia, y eso está bien. Ahora vamos a averiguar cuál es el verdadero propósito detrás de todo esto, pues el síntoma me está indicando qué cosa está pasando en mi mente. Yo voy a llegar al fondo de todo eso». Luego te esfuerzas mucho, mucho, mucho, y mientras sigues estornudando sin parar, porque no has entendido todo el objetivo. Si es una solución inexistente a un problema inexistente, ¿por qué lo estás estudiando? Lo que quieres estudiar y comprender, sin estudiarlo realmente, es: incluso ¿por qué estoy haciendo esto?

No he relatado esta historia en mucho tiempo; es una historia maravillosa. Me lo contó mi supervisor de terapia, un psicoanalista freudiano, cuando estaba haciendo mi posgrado. Dijo que, en una ocasión, cuando estaba en psicoanálisis, estaba sentado en la recepción esperando que diera la hora de pasar a su cita. Justo antes de que la analista lo llamara a pasar, se quitó el zapato y entró al consultorio con un pie descalzo, algo que es muy relevante. El pie es un símbolo fálico; recuerden, era un analista freudiano. No sé cuántas sesiones se pasaron tratando de analizar qué significado tenía aquello, pues él no tenía idea de por qué lo había hecho. Por fin dieron con el propósito detrás de ello: había sido una muy astuta estratagema inconsciente, para distraer a la analista e impedir que ella llegara a lo que él no quería llegar. Así que perdieron todo ese tiempo analizando por qué se había quitado el zapato, cuando la razón por la que se lo quitó fue para distraer a la analista e impedir que ella lo ayudara con el verdadero problema.

Por eso tienes una alergia: para distraer a tu verdadero analista, Jesús (que no analiza) e impedir que te ayude con el verdadero problema. Si intentas esforzarte por averiguar cuál es el significado de la alergia, por qué tienes la alergia, por qué se presenta ahora en lugar de ayer, y cosas por el estilo, ¿qué estás haciendo? Te estás tomando en serio la diminuta idea loca. ¿Por qué otro motivo le dedicarías toda tu energía, si no te la tomaras en serio? ¡Exacto! Ya te pescó el ego. Así es como afrontas todos tus problemas.

Este curso es tan sencillo. Jesús lo dice una y otra vez. Esto es simple, pero lo hacemos muy complicado. No procures arreglar tu ego o tus síntomas, no analices tus síntomas. Procura estar en paz. Si eliges al maestro correcto, estarás en paz, ya sea que tengas una alergia, un cáncer o sufras un accidente automovilístico; si amanece el sol o no, te dará igual. Estarás en paz. Esa es la lección. Observa cómo tu ego inventa una distracción tras otra. ¿Y sabes cuál es la distracción favorita del ego? Este libro. Esta es una distracción maravillosa. La gente quiere estudiarlo, memorizarlo, aprender dónde está cada cita y quiere hacer el libro de ejercicios a la perfección. Quieren dedicarle la vida. ¿Cuál vida? Lo peor que puedes hacer con este curso es tomarlo en serio. Eso no significa que no deban leerlo y estudiarlo. Ciertamente, no significa que no debas practicarlo, pero no lo hagas con seriedad. Si lo haces con seriedad, ya te pescó el ego.

Recuerda, el problema no fue la diminuta idea loca; fue tomarla en serio. Si ves este curso como algo que te ayudará a deshacerte de tu ego, nunca podrás deshacerte de tu ego. El propósito de este curso es lograr que le sonrías a tu ego, no que te deshagas de tu ego. Nunca te librarás de tu ego tratando de deshacerte de él. Eso lo hace real. En El canto de la oración, Jesús nos dice que no hagamos real el error: «No veas el error. No lo hagas real» (S-2.I.3:3-4). ¿Cuál es el error? El error es el ego. El error es el sistema de pensamiento del ego y todas las variantes de ese sistema de pensamiento. No te lo tomes en serio. No luches contra tu ego. Míralo, comprende por qué te aferras a él, pero no hagas nada al respecto.

El objeto de la Lección 79: «Que reconozca el problema para que pueda ser resuelto», y de su compañera, la Lección 80: «Que reconozca que mis problemas se han resuelto», es que, si mi problema se ha resuelto, ¿por qué tengo que resolverlo todo de nuevo? Solamente trataría de resolver el problema de mi ego si creyera que el problema no ha sido resuelto. Lo que tengo que hacer es aceptar que el problema ya está resuelto. No me tomo en serio un problema cuando ya se ha resuelto. Por ejemplo, si he perdido mi billetera y luego aparece, no me tomo en serio la llamada a la policía, a las compañías de seguros, a las compañías de tarjetas de crédito, etcétera, porque ya encontré la billetera. ¿Para qué tomarme la molestia de hacer más llamadas telefónicas si tengo la billetera? Ya se deshizo el ego.

Entonces ¿por qué he de ocuparme de esto y preocuparme por ello? Lo único que debo mirar es ¿por qué todavía lo estoy haciendo real cuando ya desapareció? Al comienzo del capítulo 28, Jesús dice: «Hace mucho que este mundo desapareció» (T-28.I.1:6). Esa es una de las frases más amenazantes del Curso. Si hace mucho que el mundo desapareció, yo también debo haber desaparecido, porque yo formo parte del mundo. Como explica Jesús, aunque el mundo ya haya desaparecido, lo que lo mantiene vigente en nuestra memoria, es la culpabilidad. Esta me dice que he pecado y que el mundo es la grave consecuencia de mi pecado. Lo que quiero hacer, entonces, es mirar todo eso y sonreír. El Espíritu Santo no presta atención a los efectos: «El Espíritu Santo, con una risa apacible, percibe la causa y no presta atención a los efectos» (T-27.VIII.9:1). Percibe la causa, que es la creencia de que me separé de Dios —la diminuta idea loca tomada en serio— y ¿qué hace? La mira «con una risa apacible». No se molesta en mirar los efectos, las alergias. No se molesta en mirar los cánceres, las guerras o las hambrunas. Él presta atención a la causa, le sonríe apaciblemente y luego esta desaparece.

No trabajes tus problemas o tus síntomas. Pídele a Jesús que te ayude a sonreírles. Si puedes sonreír, recobrarás la paz de Dios, porque la seriedad la tenía tapada. Es muy simple hacer esto, mucho más simple que tratar de descifrar una frase con una triple negación. Eso es difícil; no tienes que hacer eso. Lo lees y medio sabes lo que quiere decir. Puede que no sepas lo que realmente significa, pero algo en ti lo sabe, y con eso basta. Además, Jesús lo dirá una y otra vez. Si lees este curso con el corazón, lo entenderás, y lo que entenderás es que tienes que mirar a tu ego. Lo miramos con esa «risa apacible» de la que habla Jesús.

Esto es simple y no requiere esfuerzo: «No tengo que hacer nada». Definimos el problema de la manera equivocada y luego nos empeñamos en resolverlo, ya sea que se trate de algo específico o de algo más general. Nos tomamos este curso con excesiva seriedad. Por eso le digo a la gente que no haga que este curso se convierta en su vida. Dejen que este curso les brinde los principios para vivir su vida, una vida normal como viven otras personas; pero no lo conviertan en su vida porque, si lo hacen, se les escapará todo el objetivo del mismo. Lo convertirán en una especie de ídolo especial y luego lo venerarán. Y en ese caso se vuelve magia. Utilicen el Curso como una forma de que se enseñen a no tomarse en serio su vida. Eso es útil y les facilitará mucho más las cosas.