Milagros frente a magia

Extractos del taller realizado en la
Fundación para Un curso de milagros
Temécula CA

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte X
Comentarios finales

P: Cuando hablas del dolor de reconocer que te lo estás haciendo tú mismo, a veces no se siente tan fácil reír y tomar distancia de eso.

R: Cierto. Creo que el ego en ese caso querría que hicieras exactamente lo que estás describiendo; así eso se vuelve serio, porque el dolor es algo muy serio. Tanto el dolor físico como el dolor emocional son muy serios. Cuando se presenta, también hay que mirarlo y simplemente considerar que es algo que quieres observar. Al final, el hecho de que nos estemos haciendo esto a nosotros mismos resulta ser motivo de gran felicidad, pues eso nos da el poder. Mientras pensemos que el mundo nos lo está haciendo, o que el cuerpo nos lo está haciendo, o que alguien más nos lo está haciendo, no hay esperanza, porque hay muy pocas cosas que podemos controlar en este mundo. Sin embargo, darnos cuenta de que nos lo estamos haciendo a nosotros mismos —como dice el texto: «El secreto de la salvación no es sino este: que eres tú el que se está haciendo esto a sí mismo» (T-27.VIII.10:1)— es el verdadero fin del dolor, ahí está la verdadera esperanza. Lamentarnos o sentirnos estúpidos o culpables por hacerlo es exactamente lo que el ego quiere: que nos tomemos eso en serio. El propósito de todo lo que hace el ego es tomarse en serio a sí mismo.

He dicho que la razón por la que el ego hizo que el cuerpo y la psique sintieran dolor, el reflejo de la culpabilidad que en sí es dolorosa, es que estos se convierten en enormes distracciones. Todos sabemos que, cuando tenemos dolor, lo último en lo que deseamos pensar es en Dios. Lo único que queremos es alivio contra el dolor. Ese es el propósito subyacente y último, porque el dolor es cosa seria. Limitamos la seriedad del dolor al cuerpo, cuando el verdadero dolor es la culpabilidad en nuestra mente por creer que hemos destruido el Cielo. Nuestro dolor físico o psicológico es magia, luego utilizamos magia para reducir el dolor. Cualquier magia que tomemos se convertirá de por sí en un problema, así que habrá que tomar una magia contra la magia que usamos contra la magia. Tendremos que tomar una píldora para contrarrestar los efectos de la otra píldora que tomamos.

El ego es muy astuto, taimado y destructivo. Eso es lo que es, así que haz lo que tengas que hacer para mitigar tu dolor, pero al mismo tiempo trata de dar un paso atrás y ver dónde encaja todo esto. Es un consuelo entender que todos vamos en el mismo barco porque, en este mundo, todos tenemos dolor, aunque se presente en formas diferentes. Todo el mundo tiene dolor. Estar en este mundo es doloroso. Todos estamos atascados. Esa es una forma muy útil de entender el interés que todos compartimos: la misma necesidad y el mismo objetivo de escapar del dolor de estar aquí. Y en algún momento habrá que entender que ese «aquí» no quiere decir en el cuerpo. La verdadera causa del dolor está «aquí», en el sistema de pensamiento del ego, lo que las primeras partes del texto llaman la mente errónea. Ahí es donde está el dolor.

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P: Pero el dolor del que estamos hablando lo queremos tener. Estamos en el lugar exacto en el que queremos estar. Estoy un poco confundida: si quiero este dolor, ¿por qué tomo algo para matarlo?

R: Pero mira, no es cierto. Tomas magia para mitigar el síntoma mágico sin la causa mágica: la decisión de ser un ego. Mitigas uno de los síntomas y el ego dice: «¡Qué bien!». Y zas, te surge otro síntoma. Entonces tienes que tomar magia para ese síntoma, y el ego te dice que la magia funciona, porque ayer tenías este dolor y tomaste esta píldora o hiciste tal cosa, y funcionó. Hoy tienes un dolor diferente o quizás el mismo dolor, así que la magia servirá de nuevo.

P: Y si no la tomo, sufro y me convierto en mártir.

R: Correcto. Y eso también es magia. Todo lo que hacemos aquí es magia. El ego es magia. El ego inventa su sistema de pensamiento de culpabilidad y miedo, para hacer que abandonemos la mente de forma voluntaria. Todo es mágico, ya que su propósito es resolver el problema relacionado con el tomador de decisiones, un problema que es grave para el ego, porque el tomador de decisiones tiene el poder de deshacer al ego simplemente cambiando de decisión en la mente. El ego inventa esta historia mágica llena de figuras mágicas de todo tipo: una historia de fantasmas, la madre de las historias de fantasmas, porque en esta historia el verdadero villano acaba siendo Dios. Entonces huimos de eso a un mundo que es una forma mágica de evadir la magia que es la culpabilidad, misma que es una forma mágica de evadir el poder de cambiar de decisión en la mente. Luego estamos en este mundo y tenemos un problema tras otro, con una forma de magia tras otra: ya sea la magia de la medicina, del dinero, de una relación, de la comida o de lo que sea. Siempre es algo. Funciona provisionalmente, lo que para el ego es genial, porque eso refuerza la idea de que la magia sirve. Eso significa que tenemos un problema real aquí en el cuerpo y que la magia acudirá al quite. Si la magia nunca funcionara, podríamos vernos tentados de recurrir al milagro. Sin embargo, dado que la magia funciona —al menos, pensamos que funciona— seguimos haciéndola.

P: Pero la magia de la píldora y el alivio del dolor, que es la otra capa, al menos pueden permitir que me ponga a mirar de nuevo.

R: Obviamente, una vez que tienes dolor, quieres deshacer la distracción; pero es útil ver el contexto más amplio en el que sucede todo esto y darte cuenta, como antes dije, de que la verdadera lección es la siguiente: puedo estar en paz; mi mente puede estar tranquila, incluso si tengo dolor. Esa es la lección que queremos aprender. Parte de dicha lección consiste en que tomemos una píldora para mitigar el dolor, y sigamos en paz, aún. Siempre queremos remontarnos tan pronto como podamos a la mente, porque ahí es donde está el problema.

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P: ¿Cuál es el proceso cuando el dolor es psicológico?

R: Es lo mismo. Haz lo que sea necesario para mitigar tu dolor psicológico o físico, porque es cruel no hacerlo. Pero no te dejes engañar. Recuerda, lo que crees que es el dolor no es el dolor, y lo que crees que mitiga el dolor, en realidad, no lo mitiga. Intenta verlo dentro de un contexto más amplio. Sin embargo, debes tratarte con bondad, porque los cuerpos fueron hechos para sentir dolor. Tenemos un aparato sensorial muy sofisticado. Nuestras psiques fueron hechas para sentir dolor. Por lo visto todos creemos que somos cuerpos, así que claro que vamos a sentir dolor. Estamos empeñados en ver el mundo como real. Y el dolor es una de las cosas que hacen que el mundo sea muy real, al igual que el placer. Eso le infunde realidad al mundo, lo cual le infunde realidad al pensamiento subyacente, porque nos lo tomamos en serio y, por lo tanto, nos tomamos en serio el mundo. Es una trampa y no hay forma de que nos zafemos de la trampa, a menos que reconozcamos que esto no está sucediendo «aquí afuera». Es la proyección de una decisión que tomamos en la mente.

No hay forma de que podamos despertar del sueño, estando dentro del sueño. No podemos despertar del sueño combatiéndolo o derrotando a los malos, quienesquiera que sean los malos o cualesquiera que sean las cosas malas. No podemos despertar del sueño convirtiéndolo en uno mejor, por ejemplo, trayéndole Un curso de milagros. Solo podemos despertar del sueño abriendo los ojos, y aprendemos a abrir los ojos pidiéndole continuamente a Jesús que nos ayude a mirar con él el mundo que fabricamos. Él nos enseñará que el mundo es una proyección del mundo interior que hemos fabricado. Solo entonces podremos cambiar de decisión al respecto en la mente.

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P: ¿Podrías decir entonces que todo lo que hacemos aquí es una defensa? ¿Incluso vestirnos por la mañana?

R: Sí. Todo lo que hacemos aquí es una defensa, a menos que lo hagamos con la mente correcta. De lo contrario, aquí todo es una defensa. Entonces también habría que decir que respirar es una defensa, así como son defensas comer, beber y asearse, etcétera. Sin embargo, si ves a tu cuerpo como un aula de clase en la que vas a aprender finalmente que no eres un cuerpo, cuidar de tu cuerpo te permite aprender las lecciones en el aula de clase en la que crees estar. Ahora bien, la verdadera aula de clase está en la mente, pero no sabemos de la mente, solo sabemos del cuerpo. Por lo tanto, la corrección de mentalidad correcta para la interpretación del ego, que ve al cuerpo como una prisión, es ver al cuerpo como un aula de clase. Al igual que cuando estudias en la universidad y asistes a una clase, cada mañana te vistes, te aseas y haces lo que los cuerpos suelen hacer. Aquí es lo mismo. Hay que mantener vivo al cuerpo. Y mientras pensemos que ocupamos un cuerpo y queramos usarlo para un propósito de mentalidad correcta, debemos cuidar del cuerpo. Conforme vamos subiendo la escalera, o sea que vamos aprendiendo nuestras lecciones cada vez más, o sea que vamos deshaciendo la culpabilidad cada vez más y sonriéndole cada vez más a nuestro ego, comenzamos a entender que el aula de clase no está en el cuerpo en absoluto, porque el cuerpo no aprende. El aula de clase está en nuestra mente.

Empezamos a comprender que lo que estamos estudiando, Un curso de milagros, no tiene nada que ver con este libro y que el verdadero aprendizaje está ocurriendo en la mente. Eso es lo que nos ayudará a ir soltando nuestra dependencia del libro como tal y del Curso como camino espiritual, pues empezaremos a comprender que lo que estamos estudiando, practicando y aplicando es en realidad una proyección de lo que está pasando en nuestra mente. Esa relación con el símbolo que llamamos Jesús, que representa la pureza y el Amor de Dios en nuestra mente correcta es nuestro maestro. Ahí es donde se desarrolla el aprendizaje. Eso es lo que nos ayudará a depender cada vez menos del libro. Nos sentiremos muy agradecidos del Curso y de este libro, porque nos habrá llevado al punto en que ya no los necesitemos, al menos no como solíamos necesitarlos, porque ya estamos interiorizando lo que estamos aprendiendo. Al final, nos damos cuenta de que somos el libro, porque somos el amor que es la fuente del libro. Eso sucede en lo más alto de la escalera. Ese es el mundo real.