«Perdonaré, pero nunca olvidaré»

Extractos del programa tipo Academia celebrado en la
Fundación para Un curso de milagros
Temécula, California

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte V
Preguntas

P: Al final de nuestras clases cuando cierras con una lectura y luego varios minutos de silencio, noto que cuando sucede, primero todo está muy tranquilo. Entonces entra el pensamiento seguido de otro y otros más: Bueno, ¿ahora qué voy a hacer? ¿Me voy a casa? ¿Iré a almorzar? Y puedo oír el roce de papeles a mi lado; comienza a circular un zumbido porque esa paz es casi demasiado amenazante.

R: Eso me parece útil. Todo el mundo tiene esa experiencia. A la gente le aterra estar quieta, ser irreflexiva en el buen sentido de la palabra. El temor es que, si estamos sin pensar, llegará el Pensamiento de Dios. Por lo tanto, lo sustituimos con nuestros pensamientos, que es lo que todos hicimos al principio. Entonces nos ponemos a pensar a dónde iremos a comer y con quién, o pensamos en las implicaciones de este taller, en lo que implica este curso, y demás. El objetivo de este curso es llevarte más allá del pensamiento, y usa el pensamiento como una forma de hacerlo, porque creemos que podemos pensar y que tenemos cerebros que son importantes. Recordemos la maravillosa frase que cito con frecuencia: «Todavía estás convencido de que tu entendimiento constituye una poderosa aportación a la verdad y de que hace que esta sea lo que es» (T-18.IV.7:5). Y bien, entendimiento es pensar.

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P:  ¿Acaso no es lo mismo que la meditación budista, donde te sientas y sosiegas tu mente? La sosiegas para ir más allá del pensamiento, y en ese momento, puedes alcanzar la iluminación.

R:  Un curso de milagros a eso le añade algo más, ayudándonos a entender por qué no lo hacemos y cuánta resistencia oponemos a hacerlo. Las lecciones del libro de ejercicios, especialmente las primeras, se pueden considerar similares a los ejercicios del entrenamiento mental budista, en el sentido de que te enseñan a observar tus pensamientos. El Curso nos ayuda a ver que hay una razón por la que los pensamientos nos llegan cuando estamos tratando de estar en sosiego. No se presentan porque sí; tienen un propósito definido.

Todo pensar tiene el mismo propósito, que es distraernos de la verdad. Recuerda esa línea sobre conceptos: el problema no es lo que piensas; el problema es que estás pensando (T-31.V.14:3-4). Más importante aún, el problema es que hemos elegido pensar porque nos da miedo el no-pensamiento. Analizar nuestros pensamientos, su simbolismo, cómo interactúan y lo que significan podrá ser divertido y quizá sea un buen ejercicio intelectual, pero no nos llevará a casa. Una vez más, el problema no es lo que pensamos, sino el hecho de que estamos pensando, lo que significa que el problema es por qué hemos elegido pensar. La respuesta es que hemos elegido pensar, para que el ego esté a salvo y funcionando, y, además, para mantener fuera de la conciencia el Pensamiento impensado del Espíritu Santo. Eso es lo que es la Expiación: un Pensamiento impensado. Pensar mantiene ese Pensamiento fuera de la conciencia.

Mirar con el Espíritu Santo suspende el juicio. Está la línea que dice: «El perdón… es tranquilo y sosegado, y sencillamente no hace nada... Simplemente observa, espera y no juzga» (L-pII.1.4:1,3). Pedir al Espíritu Santo significa que no haces más que mirar a tu ego, esperar con paciencia a que tu miedo se disipe y no juzgar, lo que entonces implica que no hay culpa. No usas palabrotas como el pecado. Eso quiere decir el Curso con «estar levemente dispuesto» (T-18.IV). En esa sección del capítulo 18, Jesús nos suplica que no hagamos más de lo que nos pide, que es simplemente observar, esperar y no juzgar. Nosotros queremos hacer otras cosas de todo tipo.

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Permítanme repasar aquello de lo que hemos estado hablando porque creo que es extremadamente importante y constituye la esencia de lo que lleva a muchos estudiantes de este curso a salirse por la tangente. En cierto sentido, el Curso en sí es responsable de ello, ya que, en algunos lugares, se presta fácilmente a malinterpretarse. Si bien se habla mucho del ego en el Curso —mucho más de lo que uno encuentra en cualquier otra espiritualidad que conozco—, el propósito de hablar del ego de la manera en que Jesús lo hace en el Curso es que aprendamos a no tomarlo en serio. La trampa en la que caemos es que una vez que nos fijamos en nuestro ego y en los egos de los demás, como que centramos el intelecto en él, porque nuestra culpabilidad es tan grande, y luego tratamos de analizarlo. Hay que recordar que el propósito de que el Curso hable del ego es llevarnos más allá del ego, no verlo por todas partes.

Recuerda también que el problema no fue la diminuta idea loca ni fue el ego. El problema fue y es cómo mira uno la diminuta idea loca, cómo mira uno al ego. Cuando estudiamos al ego y lo miramos en nosotros mismos, casi siempre nos remite al pasado. Esa es una pista de que algo anda mal. La idea es permanecer en el momento presente tanto como podamos. Hay mucho en este curso sobre vivir en el ahora, permanecer en el momento presente, que es donde podemos elegir de maestro al ego o al Espíritu Santo, donde podemos elegir entre el instante no santo y el instante santo. Así que aceptamos como un hecho dado el quehacer que sea, porque ese es el que está allí. La pregunta es: «Ahora ¿qué hago al respecto?». Luego fíjate lo tentador que es tratar de analizar o entenderlo; verás que acaba siendo una forma muy sutil de juzgar. Eso solo nos atasca más en el ego, en lugar de desatascarnos.

Más que cualquier otra cosa, al ego le encanta que le presten atención. Le encanta ser estudiado, analizado, explicado y entendido, porque eso le da una realidad que no tiene. La cuestión es volver a la parte de nuestra mente que puede elegir a cuál maestro seguir: una de las partes nos hace mirar al ego y hacerlo real, y la otra nos hace mirar al ego y sonreír. Recuerda: «Mi cuerpo es algo completamente neutro» (L-pII.294). Mi ego también es algo completamente neutro. Lo que no es neutro es cómo fue concebido, pero una vez que estamos aquí como egos —y todos lo estamos—, se vuelve neutro. Usamos al ego, ya sea como una prisión, de la que nunca escaparemos (pues tratamos de aprisionar a otros proyectando nuestra propia culpabilidad sobre ellos) o bien como un aula. Pero la idea es que no luchemos contra el ego. Analizarlo es una forma de luchar contra él, de tratar de controlarlo. No importa cómo llegaste hasta aquí; lo que importa es lo que haces una vez que estás aquí. No importa por qué tuviste un accidente en la autopista; lo que importa es cómo lo manejas una vez que ha sucedido. No importa por qué tienes cáncer; lo que importa es cómo miras ese cáncer ahora mismo. No importa por qué hubo un terremoto que asoló unos poblados; lo que importa es cómo miras el suceso, ya sea que lo estés viendo en las noticias, sentado frente a la pantalla del televisor, o que de hecho te encuentres en pleno siniestro. Analizarlo y decir que tus malos pensamientos o los de otra persona fueron causantes del suceso, o que Dios está castigando a las personas que están sufriendo, porque viven en un país pecaminoso o algo; todo eso le da una realidad y un poder que no tiene. Eso es lo que ha sucedido. La única pregunta es: «Ahora, ¿cómo lo veo; como un aula de clases o como una prisión?». ¡Eso es todo!

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P:  Supongamos que te encuentras en una situación, en la que tienes que tomar una decisión crucial. Has suspendido tu juicio; estás a la escucha del Espíritu Santo. Ahora bien, no te llega nada. No tienes ninguna inspiración ni te sientes inclinado a proceder de una manera ni de otra.

R: Entonces lo que yo haría en una situación semejante es empezar con la premisa de que hay una respuesta; todos los conflictos tienen una respuesta, todos los problemas tienen una respuesta. Así que procedería con la suposición de que la respuesta la llevo dentro, y todo lo que tengo que hacer es dejarla salir. Si no sale nada, es porque no estoy listo para escucharla. Asunto concluido. No entres con una grúa perforadora. No trates tú de sacarla. Solo di que la respuesta está ahí porque todo problema tiene una respuesta, y si es mi sueño y el problema lo establecí yo, tiene una respuesta. Pero, evidentemente no estoy listo para oírla o para aceptarla, y eso está bien, no pasa nada. De esa manera estás siendo honesto en cuanto a lo que está ocurriendo, pero no te estás presionando. Solo di que no estás listo. Si hay una fecha límite y necesitas una respuesta en el nivel de la forma, simplemente haz tu mejor esfuerzo. En todo caso, si no obtienes una respuesta, no te alteres. Acepta el hecho de que no estás listo para escucharla, y está bien. Recuerda: «El perdón... es tranquilo y sosegado, y sencillamente no hace nada... Simplemente observa, espera y [lo más importante] no juzga». Así que no te juzgues si no obtienes una respuesta; sin embargo, la respuesta sí llegaría. El Espíritu Santo habla en la forma que podamos aceptar. Pero si no llega nada, solo es debido a que nos da demasiado miedo la respuesta, lo que significa que aún no estamos listos, y está bien.

Cuando Jesús dice que este es un curso fácil y que es muy simple, se está refiriendo a eso: no se nos pide que hagamos mucho. En este caso, menos es mejor, porque cuando queremos hacer más, estamos haciendo estropicios. El Espíritu Santo no hace nada. Nosotros somos los que hacemos cosas, por lo tanto, queremos hacer que sucedan cosas. Luego queremos «desvirtuar» cosas que han sucedido. Queremos hacer cosas. Los cuerpos hacen cosas y las hacen escuchando a la mente que está diciéndoles qué hacer. Esto no significa que no debas hacer cosas en el mundo. Solo significa que lo que haces en el mundo fluirá automáticamente de lo que está en tu mente.