Qué significa ser un maestro de Dios

Extractos del taller realizado en la
Fundación para Un curso de milagros
Roscoe NY

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte IX
¿Cuáles son las características de los maestros de Dios?
Generosidad (M-4.VII)

El tema principal de esta característica es la idea importante en el Curso de que dar y recibir son lo mismo. En los términos del mundo, por supuesto, cuando doy algo ya no lo tengo. Comprendemos en el Curso que la única forma en que realmente puedo dar es a través del Espíritu Santo, lo que significa dar amor. Y cuanto más doy amor, más estoy compartiendo amor y haciendo real el amor, lo que significa que más acepto el amor. Entonces dar y recibir son lo mismo.

Dar y recibir también son lo mismo con respecto al ego, aunque con un contenido totalmente opuesto. Cuanto más desecho la culpabilidad proyectándola sobre otros y atacándolos, más culpable me siento y, por lo tanto, más culpabilidad recibo.

(1:1-2) La palabra generosidad tiene un significado especial para el maestro de Dios. No es el significado usual de la palabra; de hecho, es un significado que tiene que aprenderse y aprenderse muy bien.

Este tema, de que cuando damos no perdemos, se destaca una y otra vez en el texto, en el libro de ejercicios y en el manual para el maestro. De hecho, desde la perspectiva del Curso, en lugar de perder lo que damos, es exactamente lo contrario: dar es la manera en que recibimos. Así como decíamos que las características de un maestro de Dios no se definen en términos positivos, no diríamos que un maestro de Dios es «generoso» según el mundo define ese término; se entiende que generoso es alguien que tiene mucho dinero o tiempo y lo da a una organización benéfica o lo dedica a otros.

Desde el punto de vista del Curso, eso es sacrificio. Dar de verdad es simplemente dar de ti mismo y recibir de ti mismo. No tiene que ver con nada material ni sujeto a medición.

Entonces, un maestro de Dios no es generoso según la definición usual de la palabra. Un maestro de Dios es generoso en el sentido de que lo que se está dando también se está recibiendo, sin tener nada que ver con nada tangible o material. Simplemente dejamos que el Amor de Dios y el amor de nuestro Yo real se extiendan a través de nosotros a los demás; eso es lo que damos. Y, por supuesto, en ese momento, no hay pérdida alguna.

(1:3) Al igual que todos los demás atributos de los maestros de Dios, este se basa a fin de cuentas en la confianza, puesto que sin confianza nadie puede ser generoso en el verdadero sentido de la palabra.

Realmente no puedo dar a menos que dé a partir del Amor de Dios dentro de mí, lo que significa que debo confiar en que el Amor de Dios es mi amigo y no mi enemigo, como me asegura el ego. Por lo tanto, como dice a lo largo de esta sección, todas las características se basan en la confianza. Una vez que confiamos en el Amor de Dios, todo lo demás le sigue.

(1:4-8) Para el mundo, generosidad significa «dar» en el sentido de «perder». Para los maestros de Dios, generosidad significa dar en el sentido de conservar. Se ha hecho hincapié en esta idea a lo largo del texto, así como en el libro de ejercicios, pero tal vez sea más extraña para el pensamiento del mundo que muchas de las otras ideas de nuestro programa de estudios. Lo que la hace más extraña es el hecho de que es obviamente lo opuesto a la manera de pensar del mundo. De la manera más clara posible y en el más simple de los niveles, la palabra significa exactamente lo opuesto para los maestros de Dios que para el mundo.

Lo que hace patente la asombrosa diferencia entre la forma en que el Curso y el mundo entienden dar y recibir es que el mundo cree que el mundo es real y que todo es material y cuantificable. Por ejemplo, no puedo estar en dos lugares al mismo tiempo, no puedo amar a dos personas al mismo tiempo, no puedo dar algo y esperarme que lo siga teniendo. Todo esto tiene mucho sentido si creemos en la realidad del mundo material. Cuando reconocemos que el mundo material es simplemente la expresión de un pensamiento y que los pensamientos son cualitativos, no cuantitativos, y que se pueden compartir, todo el significado del término cambia. Entonces lo que doy es lo que conservo, pues únicamente me estoy dando a mí mismo: de todos modos, no existe nada fuera de mí.

(2:1-2) El maestro de Dios es generoso por interés Propio. Pero no nos referimos aquí al interés propio del que el mundo habla.

Aquí «Propio» es el del Cristo en nosotros.

(2:3) El maestro de Dios no quiere nada que él no pueda dar, pues se da cuenta de que, por definición, ello no tendría ningún valor para él.

En otras palabras, si quiero algo que yo pueda conservar, lo estoy haciendo realidad. Y si yo lo tengo, eso significa que tú no lo tienes, lo cual, nuevamente, es verdad del mundo, pero no de Dios. Si valoro algo del mundo, lo estoy usando como un sustituto de Dios, por lo que se convierte en un ídolo o un objeto de amor especial, algo que quiero y necesito. Y si tú lo tienes, eso significa que yo no. Por eso tengo que quitártelo. Pero todo lo que realmente tengo, necesito y quiero es el Amor de Dios. Y si tú no lo tienes, eso significa que yo no lo tengo porque el amor es total. Todos los hijos de Dios deben ser partícipes de este mismo amor. Por lo tanto, no es nada que yo querría conservar para mí.

La separación original ocurrió cuando el Hijo de Dios percibió que él y Dios eran diferentes: Dios fue el primer y principal Creador y el Hijo fue lo creado. El Hijo evaluó esa diferencia y decidió que no era justo: «Dios tiene algo que yo no tengo y lo quiero». Así que el Hijo se lo robó a Dios, usurpando Su lugar. Eso es lo que se conoce como pecado. Pero cuando nos damos cuenta de que Dios es solo Amor, que es lo que también somos nosotros, y que en ese nivel no hay diferencia entre nosotros, entonces ya no hay nada que necesitemos, que nos falte o que sintamos necesidad de robar. Pero, mientras yo crea que hay algo que debo robar, tengo que protegerlo para impedir que tú me lo robes para recuperarlo.

Estas ideas sobre dar y recibir ultimadamente no pueden entenderse sin reconocer su base metafísica.

(2:4-7) ¿Para qué lo iba a querer? Solo podría perder por su causa. No podría ganar nada. Por lo tanto, no busca nada que sea solo para él, ya que eso sería la garantía de que lo perdería. 

En otras palabras, ¿para qué querría guardarse algo? Un maestro de Dios no busca lo que sería solo suyo y de nadie más. Si no puedo compartir lo que tengo y lo que soy con toda la creación, no vale la pena tenerlo. Esto es exactamente lo contrario de lo que el mundo enseña.

(2:8-9) No quiere sufrir. ¿Por qué entonces iba a querer buscarse dolor?

Yo sufriría y estaría queriendo buscarme dolor si quisiera asirme a algo y dijera: «Esto es la salvación para mí». Estaría excluyendo el Amor de Dios, lo único que puede salvarme. Y a partir de ese momento, estaría reforzando el sistema de pensamiento del ego, que se basa en el sufrimiento, el dolor y la culpabilidad.

(2:10-12) Pero sí quiere conservar todas las cosas que son de Dios, y que, por ende, son para Su Hijo. Esas son las cosas que le pertenecen. Esas sí que las puede dar con verdadera generosidad, protegiéndolas de este modo para sí mismo eternamente.

El término «protegiéndolas» no se entiende aquí como lo usa el ego. Más bien, significa que me aseguro de recordar siempre que soy un hijo del amor permitiendo que ese amor se extienda a través de mí. Cuando nos enojamos y atacamos, claramente estamos renunciando a nuestro amor y paz. Mi enojo conmigo mismo, mi odio hacia mí mismo, que es mi culpabilidad, es de lo que me quiero deshacer enojándome contigo, con la mágica esperanza de que, dándote mi enojo, yo me libraré de la culpabilidad.

Puede ser útil distinguir entre lo que entiende el Curso por dar y lo que se le ha atribuido a Jesús en los evangelios. En un relato del evangelio, Jesús le dice a un joven que ha acudido a él que debe vender todo lo que tiene y dárselo a los pobres. La interpretación común ha sido que Jesús se refería a cosas materiales. Ahora bien, no sabemos lo que Jesús dijo o no dijo realmente, pero si queremos suponer que dijo algo parecido a lo que constatan los evangelios, no se hubiera referido a nada material. En realidad, Jesús da a entender que debemos deshacernos de nuestro ego y seguirlo a él.

Jesús también dijo supuestamente que sería más fácil que un camello entrara por el ojo de una aguja, que un hombre rico entrara en el Cielo. Creo que estas palabras se le han atribuido a Jesús porque es probable que los evangelios hayan sido escritos por gente pobre, y no me estoy haciendo el gracioso al respecto. Tuvo que haber sido así. Desafortunadamente, ese pasaje ha llevado a una tremenda separación entre los ricos y los pobres, donde los ricos son vistos como malvados y los pobres como víctimas sin esperanzas. Esto hace que el mundo sea muy real, y que sean muy reales la riqueza material o la ausencia de la misma.

Abrazar la pobreza es el mismo error que abrazar la materialidad. Cuando el Curso habla de pobreza y abundancia, no está hablando de cosas materiales. La pobreza es el estado del ego, en el cual nos hemos privado de las riquezas de Dios. Y la abundancia no tiene nada que ver con el monto de nuestra cuenta bancaria. La abundancia se refiere al Amor de Dios que hemos aceptado como nuestro.