«Reglas para tomar decisiones»
(Texto - Capítulo 30 - Sección I)

Extractos del taller celebrado en la
Fundación para Un curso de milagros
Roscoe NY

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte IV
Regla 1

(T-30.I.2:1-2) Este enfoque [que es el de la perspectiva que Jesús ha dicho que adoptemos cuando despertamos cada mañana] comienza con la siguiente declaración: Hoy no tomaré ninguna decisión por mi cuenta.

Claramente lo que esto significa es que no tomemos decisiones con nuestro ego, porque eso sería tomar decisiones con nuestro yo. Más bien aquí se nos suplica que tomemos las decisiones con Jesús. Curiosamente, al final de esta sección parece decir lo contrario. Dice allí que «no puedes tomar decisiones por tu cuenta» (T-30.I.14:3). Jesús hace este tipo de cosas a lo largo del Curso: dice una cosa en un lugar y luego parece decir lo contrario en otro lugar. Es lo opuesto en forma, pero no en contenido —solo está exponiendo otro punto. Aquí la idea es: no tomes una decisión con tu ego, lo cual equivale a tomarla por tu cuenta. Más bien, tómala conmigo. El punto que expone al final de esta sección es que no puedes tomar una decisión por tu cuenta, es decir: el Hijo de Dios debe elegir o bien al ego o bien al Espíritu Santo. Por lo tanto, el contenido es coherente aun cuando la forma con frecuencia no lo es.

Obviamente este es un tema importante, y se repite a lo largo del Curso: que no tomemos decisiones por nuestra cuenta. Una de esas referencias en el texto —sobre no elegir por tu cuenta—, que quiero ver con ustedes, es la siguiente:

Siempre que eliges tomar una decisión solo para ti [lo cual, nuevamente, significa tomarla con tu ego en lugar de tomarla con Jesús o el Espíritu Santo] estás pensando destructivamente y la decisión será errónea (T-14.III.9:1).

Estás «pensando destructivamente» porque pensar por tu cuenta y excluir al Espíritu Santo simboliza la exclusión original de Dios. Cuando excluyes a Dios, estás tratando de destruirlo, porque excluyendo a Dios estás diciendo: «Estoy separado de Dios». Si una de las definiciones de Dios es que Él es la perfecta Unidad y la perfecta unión, decir que estás separado de Él es negarle a Dios Quién es, y el ego interpreta eso como matar a Dios. Cuando dices que estás por tu cuenta, estás diciendo: «Yo soy mi propio creador», que es negarle a Dios Su papel de Creador. Si le niegas a Dios Su papel y Su Identidad, deja de ser Dios.

Esta, pues, es otra manera más de darnos cuenta de cómo el sistema de pensamiento del ego literalmente está basado en el asesinato de Dios. Esa es una forma de pensar destructiva. Cualquier cosa que hagas partiendo de esa base lógicamente tendrá los mismos elementos de destrucción, ataque y asesinato. Siempre que tratas de desplazar a otra persona, de utilizar a otra persona para satisfacer tus propias necesidades, o de considerarte como separado de otra persona y con justificación para estar separado, siempre que manifiestas cualquier aspecto del problema de autoridad —como todo el mundo lo hace todo el tiempo—, reflejas el conflicto y el problema de autoridad original con Dios. Así, pues, siempre que te separas de la Voz del Espíritu Santo, o de Jesús, también te estás separando de todos los demás. Si Jesús representa al Cristo, si representa la unidad de la creación de Dios, y te separas de él, obviamente también te estás separando de Cristo. Esto significa que estás atacando a tu verdadera Identidad como Cristo, y también estás atacando a todos los demás.

Te hará daño [la decisión te hará daño] por razón del concepto de decisión que te condujo a ella (T-14.III.9:2).

Esa es la frase crucial que quiero enfatizar: «el concepto de decisión que te condujo a ella». Lo que realmente te hará daño cuando decidas por tu cuenta no es la decisión específica. Lo que te lastimará es el pensamiento subyacente. Cuando decides por tu cuenta estás diciendo: «yo sé más que Jesús; yo sé más que el Espíritu Santo; yo sé más que Dios». Ese es el concepto que te lastimará, porque te recordará tu «pecado» original, tu ataque original contra Dios, y por eso te sentirás muy culpable. Y puesto que la culpa siempre exige castigo, creerás que mereces ser castigado. De ahí procede el miedo. Esto es la fuente de todo dolor. Todo sufrimiento proviene de pensar que puedo hacerlo por mi cuenta. Recordemos la letra de la famosa canción de Frank Sinatra: «A mi manera». Esa es la canción del ego. Así que cuando tomes una decisión por ti mismo, no es que Dios te castigue, es que creerás que Dios te va a castigar. Y si —como la mayoría de la gente— no piensas conscientemente en Dios, habrá algún símbolo del castigo de Dios. El mal tiempo te castigará. La bolsa de valores te castigará. Esta persona con la que vives te castigará. Tus hijos te castigarán. Tu jefe te castigará. Da igual. Creerás que mereces ser castigado por razón de lo que crees que tú hiciste primero. Nuevamente , lo que en realidad te lastimará no es la decisión que tomaste en el nivel de la forma. Lo que te lastimará es el concepto de la decisión que te condujo a elegir lo que hayas elegido.

Una de las cosas que es importante recordar cuando trabajas con el Curso (y esto siempre te ayudará a no meterte en problemas con el Curso distorsionando lo que dice) es que este no es un curso acerca de la forma. No es un curso acerca del efecto. No es un curso acerca de nada que tenga que ver con el mundo del comportamiento. Este es un curso acerca del contenido, de la causa. Únicamente es un curso acerca de cambiar de mentalidad. Más concretamente aún, y con relevancia directa a este taller, este es un curso que te ayuda a cambiar de maestro o de consejero: para que el Espíritu Santo o Jesús pasen a ser tu guía, en lugar de que lo sea el ego. Lo que te lastimará no es lo que está fuera de ti, no es lo que crees que te vaya a lastimar. Lo que te lastimará es tu sistema de pensamiento que te dice que puedes estar por tu cuenta, que debes estar por tu cuenta, que de hecho estás por tu cuenta. Ese pensamiento en sí, que es el concepto de decisión, reforzará tu sentido de separación y pecado, que automáticamente conducirá a tu experiencia de culpa y esa a su vez siempre exigirá que seas castigado. Esto no tiene salida. Por eso, el concepto de elección es de primordial importancia en el Curso. Realmente tenemos que reconocer lo que estamos eligiendo y con quién lo estamos eligiendo, para que luego podamos hacer otra elección.

Esta primera regla para tomar decisiones, «Hoy no tomaré ninguna decisión por mi cuenta», no debe tomarse como una orden imperativa. Jesús más bien nos está diciendo que esta es la directriz que debemos utilizar si realmente queremos ser felices. Conforme continuemos con esta sección —así como a lo largo del Curso— quedará claro que Jesús no espera que sus estudiantes hagan lo que él dice. Si hubiera esperado que lo hicieran, se habría detenido con la primera línea del Curso. Su plena expectativa es que no le prestemos atención. Así que no se sientan culpables cuando no lo hagan. Todo lo que quieren hacer tan pronto como puedan es tomar conciencia de que no están prestando atención porque no quieren prestar atención, porque tienen miedo de soltar a su ego. Pero no se sientan culpables por no prestar atención.

(T-30.I.2:3) Esto quiere decir que estás eligiendo no ser el juez de lo que debes hacer.

La gran ilusión con la que todos vivimos en este mundo es que creemos saber qué es lo que más conviene: que entendemos lo que está pasando, que entendemos lo que se requiere en una situación dada, y que sabemos qué hacer al respecto. Por eso una y otra vez Jesús nos señala a todos con un dejo de ironía: «No hay manera de que puedas juzgar, porque no conoces todos los detalles implicados en una situación. No sabes cuál es el significado». Sobre todo, lo que realmente nos está diciendo es:

No es posible que lo sepas, porque crees que estás aquí en el mundo. Crees que hay cosas que están pasando aquí en el mundo, y crees que hay problemas que resolver aquí en el mundo. La realidad es que el único problema se remonta a tu mente, donde elegiste al ego en lugar de elegirme a mí. Pero mientras creas que estás en el mundo y que te estás relacionando e interactuando con otros cuerpos que también piensan que están en este mundo, ¿cómo va a ser posible que entiendas lo que se requiere en una situación dada?

Por eso hay una lección al principio del libro de ejercicios que dice: «No percibo lo que más me conviene» (L-pI.24). Y no es que no lo percibamos; ni siquiera podemos percibirlo porque no entendemos. Realmente pensamos que estamos aquí, que en realidad hay problemas que resolver aquí, y que nosotros podemos juzgar eso. Así que esto está reforzando la idea de que en nuestras mentes correctas queremos entender que no es deseable tomar una decisión por nuestra cuenta.

(T-30.I.2:3-4) Esto quiere decir que estás eligiendo no ser el juez de lo que debes hacer. Pero quiere decir también que no juzgarás las situaciones en las que te veas llamado a responder.

Ahora permítanme agregar la palabra «situaciones» al diagrama, irá apareciendo de nuevo en la lectura. Nos encontramos en todo tipo de situaciones que requieren una respuesta. Jesús no está diciendo que dentro de este sueño no haya situaciones que piden una respuesta. Está diciendo: «Creerás que las hay; y tendrás que dar respuesta. Pero trata de no responder por tu cuenta». Así que no está diciendo que no haya cosas que debas hacer en este mundo y que requieran juzgarse; obviamente las hay. Está diciendo: «Trata de no emitir juicios por tu cuenta».

(T-30.I.2:5) Pues si las juzgas [las situaciones a las que te enfrentas en tu vida], habrás establecido las reglas que determinan cómo debes reaccionar [ ] ante ellas [cursivas añadidas].

Para cuando hemos alcanzado la edad de 30, 40 ó 50 años —lo que el mundo llama la madurez—, hemos establecido una serie de reglas y directrices basadas en nuestras experiencias pasadas, con la esperanza de que nos sirvan de guía para reaccionar en el mundo y relacionarnos con los demás. Siempre recurrimos a estas. La mayoría de la gente estaría de acuerdo con muchas de estas normas; y porque la mayoría de la gente estaría de acuerdo con ellas, creemos que tienen validez. Sin embargo, no reconocemos que todo el que esté en este mundo está demente. Así que nunca debes tomar nada de lo que el mundo dice como una norma de conducta. Recordemos, el mundo está demente porque cree que está aquí. Las personas nacen y de hecho piensan que entran en este mundo; y luego tienen que aprender lo que este mundo puede enseñarles. A eso le llamamos educación o socialización. No recordamos —porque ese es el propósito del velo— que literalmente inventamos este mundo para ocultar la verdad. La verdad descansa en el Espíritu Santo en nuestras mentes correctas. Debe ser elegida por el tomador de decisiones, que es lo que el ego teme. Así que el ego bloquea todo eso e inventa el mundo como una cortina de humo. Por lo tanto, el mundo no refleja la mente correcta y el Espíritu Santo. El mundo refleja el pecado, la culpabilidad y el miedo del ego y de la mente errónea. El mundo refleja el especialismo, el odio, el conflicto y el campo de batalla que es el sistema de pensamiento del ego. De ahí la necesidad del perdón, como la corrección de lo que el ego ha soñado primero. El mundo es el sueño del ego. Mirar al mundo sin juzgarlo es el deshacimiento del sueño.

Así que no hay manera de que podamos entender lo que más nos conviene, y mucho menos lo que le conviene a alguien más. Sin embargo, esa es la forma en que el mundo opera. A veces esto adopta la forma de que el mundo juzga algo como malvado: por ejemplo, que ciertas personas oprimen y les imponen su voluntad a otras personas, ya sea individualmente mediante actos de violación o asesinato, o colectivamente en el caso de las dictaduras y la opresión de un país por otro. Hay otras formas que son igualmente letales —de hecho, más letales— porque parecen ser otra cosa. Estas son las diversas formas en las que las personas parecen estar ayudando a los demás. Primero juzgan lo que anda mal en el mundo y luego se disponen a arreglarlo porque ellos saben. Están tan dementes como la gente que odia, mata y oprime, porque piensan que saben lo que es correcto. Lo «correcto» para ellos implica que alguien más pague un precio. Matar y oprimir es a todas luces demente según la forma de pensar del mundo, pero ser «útil», porque crees saber qué le conviene a la gente, es igual de demente. Jesús no está diciendo que no debas hacer cosas en tu mundo personal o en el mundo en general. Solo está diciendo: «No pretendas saber qué debes hacer. Pregúntame a mí primero». Preguntarle a él realmente se reduce a quitar a tu ego de en medio. La forma en que le preguntas a Jesús qué debes hacer en el nivel del comportamiento es mirar primero con él lo que tu ego está tratando de hacer. Mira el interés que tu ego tiene en tu especialismo. Cuando puedas mirar eso con el apacible amor de Jesús a tu lado, tu especialismo comenzará a desaparecer. A medida que comience a desaparecer, te será cada vez más posible escuchar la voz de él. Así que no se centren en oír su voz: céntrense en deshacer la interferencia que les impide oír su voz.