«Reglas para tomar decisiones»
(Texto - Capítulo 30 - Sección I)

Extractos del taller celebrado en la
Fundación para Un curso de milagros
Roscoe NY

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte IX
Regla 2 (cont.)

(T-17.VI.4:1-2) El valor de decidir de antemano lo que quieres que ocurra es simplemente que ello te permite percibir la situación como un medio para hacer que tu objetivo se logre. [Así que ahora verás que la situación es el medio que te traerá el fin que ya has elegido.] Haces, por lo tanto, todo lo posible por pasar por alto lo que interfiere con su logro y te concentras sólo en lo que te ayuda a conseguirlo.

Cuando te fijas la meta de la verdad, te das cuenta de que no quieres una ilusión. Por ejemplo, digamos que estoy en una relación contigo y he establecido en mi mente, que quiero que de esta relación resulte el perdón. Quiero entender que tus intereses y los míos no están separados. Quiero entender que no puedo encontrar la felicidad a tus expensas, que no eres un objeto que quiero utilizar para satisfacer mis propias necesidades, ya sean físicas o emocionales, y que tú y yo somos realmente parte de un todo más grande. No estoy separado de ti, y tú no estás separado de mí. Si ese es mi objetivo —lo que quiero aprender—, pasaré por alto todo lo que ocurra entre tú y yo que tenga un dejo de especialismo. Cuando Jesús dice «pasar por alto», no quiere decir que no lo mires. De hecho, significa justo lo contrario: lo miras, pero pasas por alto la interpretación que le da el ego. No le das ningún poder.

Entonces veré cosas que dices o haces, que ayer —con el objetivo de especialismo en mi mente— habría aprovechado y convertido en mi foco de atención como una manera de demostrar que eres una persona terrible, y que lo único que quieres es lastimarme, abandonarme y rechazarme. Ahora veré todo eso y diré: «¡Qué tontería! Tal vez eso estés haciendo, pero esa es tu petición de ayuda, y tu petición de ayuda es un espejo de la mía». Eso es lo que Jesús quiere decir con «pasar por alto lo que interfiere con su logro». No significa que no veas al ego en la otra persona ni que no veas al ego en ti mismo. De hecho, si vas a hacer esto correctamente, tienes que ver al ego en ti mismo. Pero la idea es no darle mucha importancia: no lo juzgues, no te condenes a ti mismo ni condenes a nadie más por ello.

Para repetir, esto no significa que no mires lo que está pasando entre tú y la otra persona. Pero ahora que la culpabilidad no es tu meta, no convertirás al ego —alojado en la otra persona o en ti mismo— en algo prominente. No utilizarás esto como una forma de justificar tu propia creencia en el especialismo. Verás que lo que la otra persona está haciendo es simplemente parte de tu aula de clase. Por lo común hubieras sentido la tentación de hacer real tu especialismo, pero ahora dices: «Esto es algo que puedo elegir ver de otro modo». Y así «pasas por alto lo que interfiere con su logro y te concentras sólo en lo que te ayuda a conseguirlo». Si mi objetivo es ver que tú y yo compartimos un interés común y que compartimos el mismo objetivo, y haces algo que parece diferenciarte de mí, ahora me daré cuenta de que no eres diferente de mí. Tal vez seas diferente de mí en cuanto a la forma, en cuanto a tu comportamiento, pero no eres diferente de mí en el sentido de que ambos compartimos la misma mente escindida. Los dos tenemos una parte que se siente atraída por el ego, y los dos tenemos una parte que quiere regresar a casa con el Espíritu Santo. Eso nos hace iguales. Así que no niego lo que estoy viendo, experimentando u oyendo. Pero sí niego que lo que estoy viendo suponga alguna diferencia. Este no es un curso de negación. Es un curso en el que de veras miro directamente todos los pensamientos y sentimientos negativos en mí mismo y en otra persona, y luego me doy cuenta de que no suponen ninguna diferencia.

Al practicar eso, lo que realmente estamos practicando, como he dicho antes, es el regreso a ese momento ontológico original cuando miramos a la «diminuta idea loca» y dijimos: «Esto es serio». Muy bien pudimos haber mirado la «diminuta idea loca» y haber dicho: «Esto es ridículo». Hay una parte de nuestras mentes en la que hicimos eso. Y esa es la parte a la cual queremos acceder. La manera de acceder a ella es practicar continuamente justo donde creemos estar, con todas las relaciones y circunstancias en nuestras vidas en este preciso momento. No debemos negar las diferencias obvias, sino más bien negar que supongan una diferencia. No importa cuán odiosos y perversos puedan ser nuestros pensamientos o nuestro comportamiento, no son más que un reflejo de la «diminuta idea loca» original. Y podemos o bien verlos como algo serio, que nos lleva a calificarlos de pecaminosos, lo cual significa que deben ser castigados en ti o en mí, o bien los vemos simplemente como pensamientos tontos que no tienen efecto alguno, porque debajo de nuestras aparentes diferencias está la verdad de que todos somos uno en el Amor de Dios.

Si esa es mi meta, lo que quiero aprender, veré lo que suceda entre tú y yo como algo que me acercará a esa meta, y estaré agradecido por ello. No significa que en el nivel de la forma agradezca tu odio y tu perversidad. Agradezco la oportunidad de este sueño, de esta aula de clase que he elegido, en la cual Jesús ahora me enseña que hagas lo que hagas, aún puedo estar en paz. Cuando él dice en el Curso: «Tómame como un modelo de aprendizaje», lo dice en ese sentido. Tómame como el modelo para que cuando estés tentado de sentirte tratado injustamente, pienses en mí y te des cuenta de que hay otra manera de mirar lo que está ocurriendo.

En el libro de ejercicios, pasemos ahora a la Lección 24: «No percibo lo que más me conviene». Leeré los dos primeros párrafos que básicamente reflejan lo que hemos comentado sobre «Reglas para tomar decisiones» y sobre «Cómo fijar la meta».

(L-pI.24.1:1-2) No te das cuenta en ninguna de las situaciones que se presentan ante ti del desenlace que te haría feliz. No tienes, por lo tanto, una pauta por la que regir debidamente tus acciones ni manera alguna de juzgar sus resultados.

Debido a que lo percibimos todo al revés, pensamos que la «acción apropiada» es lo que satisface nuestras necesidades y nos hace felices. La «acción apropiada» es aquello que nos enseña las lecciones de perdón del Espíritu Santo. En otras palabras, la situación es el medio que nos ayudará a alcanzar la meta que nos hemos fijado.

(L-pI.24.1:3-4) Lo que haces está determinado por tu percepción de la situación de que se trate, y esa percepción es errónea [porque, de nuevo, la forma en que percibamos la situación dependerá de lo que satisfaga las necesidades de nuestro especialismo]. Es inevitable, pues, que nada de lo que hagas sea en beneficio de lo que te conviene.

Lo que más nos conviene en realidad es deshacer a nuestro ego y realmente hallar la paz. Eso es lo último en el mundo que el ego quiere.

(L-pI.24.1:5-6) No obstante, lo que más te conviene constituye tu único objetivo en toda situación que se perciba correctamente. De no ser así, te resultará imposible reconocerlo.

Así que vemos todo en el mundo como lo que va a satisfacer nuestros intereses especiales separados, no el interés que nos va a restituir la conciencia de que todos somos uno y de que lo que le ocurre a uno afecta a todos.

(L-pI.24.2:1-2) Si te das cuenta de que en realidad no percibes lo que más te conviene, se te podría enseñar lo que es. Pero como estás convencido de que lo sabes, no puedes aprender.

Gran parte del Curso está encaminado a lograr que entendamos que no sabemos nada. Cerca del final del texto hay un pasaje que resume esto de manera enfática: «No hay afirmación que el mundo tema oír más que esta: No sé lo que soy, por lo tanto, no sé lo que estoy haciendo, dónde me encuentro ni cómo considerar al mundo o cómo considerarme a mí mismo» (T-31.V.17:6-7). En realidad, lo que esto dice es que lo he inventado todo, por consiguiente, no puedo entender nada. Esta es una clásica afirmación del Curso, que deshace la aparente certeza y arrogancia del ego. Sin embargo, el ego responderá con: «Pues, si no sabes quién eres, eso debe significar que no eres nada, porque si no estás conmigo, no eres nada». El propósito del ego en esto es confundir y atemorizarte. Lo que el ego no te dice es que si no estás con él (el ego), estarás con Dios. El ego trata de confundirte con respecto a no estar confundido. La confusión es una defensa para no conocer la verdad. Primero hay un temor a conocer la verdad, y luego la confusión es una defensa que te protege de eso.

Permítanme detallar esto un poco más. El ego nos haría creer que realmente entendemos la diferencia entre lo que es verdad y lo que es falso, lo que es importante para mí y lo que no lo es. De modo que lo más importante, para repetir, es entender que no entendemos. Eso es lo que Jesús quiere dar a entender con la diferencia entre la humildad y la arrogancia, que es un tema importante en el Curso. La arrogancia dice: «Yo sé, entiendo». La arrogancia dice: «Puedo leer este curso una o dos o cinco veces y entender lo que dice». La humildad dice: «Si no tengo ni la más mínima idea de qué me trato yo, ¿cómo voy a tener una mínima idea de qué se trata este curso?».

Gran parte de esto, como se afirma con gran claridad en este pasaje, nos está ayudando a darnos cuenta de que no sabemos. Pero, si pensamos que sabemos, no vamos a creer que haya necesidad de que se nos enseñe. Por lo tanto, ¿cómo puede Jesús ayudarnos con este curso? Este es un curso docente. Es un camino espiritual cuyo objetivo directo es la enseñanza, lo cual significa que, como estudiante de este camino, tienes que estar dispuesto a que se te enseñe. Si crees que ya sabes lo que es el mundo, si crees que ya sabes lo que es el perdón, no hay manera de que este curso te lo enseñe. No hay manera de que nadie te lo enseñe, porque ya estás tan seguro de que lo entiendes. Dije antes que la gente piensa que hay diferentes interpretaciones válidas de este curso. Si esto es lo que piensas, nunca aprenderás lo que significa este curso, porque pensarás que tu interpretación es válida porque es tu interpretación, y que eso es aceptable. No es aceptable. No sabrás lo que el Curso te está enseñando precisamente porque estás tan endemoniadamente seguro de que lo entiendes. Por consiguiente, no estarás dispuesto a que se te enseñe.

Este es un curso de enseñanza con Jesús como el maestro, y su mensaje llega a través de estos libros. Si crees que ya los entiendes, ¿cómo vas a aprender de ellos? Entonces incluso ¡pensarás que puedes enseñarlo! Él está diciendo que es muy importante que entiendas que no entiendes. No entiendes qué es lo que más te conviene, ¿cómo podrías entender un curso cuyo propósito es enseñarte lo mucho que no sabes, y lo demente que estás? Simplemente estar en este mundo ¡es prueba de que estás demente! Pensar que tienes un cerebro que piensa es demente, porque el cerebro no piensa: el cerebro es el reflejo o la sombra de un sistema de pensamiento en tu mente. Pero si no tienes mente, ¿cómo puedes saber que existe un problema?

Este no es un curso que se pueda dominar en un nivel intelectual. No cabe duda de que está escrito en un alto nivel intelectual, y de que se escribió con la intención de se estudiara y se reflexionase al respecto. Pero si crees que la comprensión surge de tus reflexiones al respecto, no lo entenderás en absoluto. Tu comprensión llegará a pesar de tus reflexiones al respecto. Lo que hace que este sea una herramienta espiritual tan poderosa es que parece estar haciendo una cosa, cuando en realidad hace justo lo contrario. Está escrito, de nuevo, en un nivel intelectual, con la intención de que se estudie una y otra vez. Jesús les dijo a Helen y a Bill: «Estudien estos apuntes. No los están estudiando y por eso pasó lo que les pasó ayer, porque no estudiaron lo que les dicté». Así que él quería que se estudiaran estos «apuntes» tal como se estudia un libro de texto en la universidad. Pero a medida que los estudias, al cabo de algún tiempo, comenzarás a darte cuenta de que estás aprendiendo exactamente lo opuesto de lo que crees que estás haciendo. Este es un curso que te llevará más allá del intelecto y del cerebro a una experiencia del amor. Y conforme sigas el proceso de estudiarlo y practicarlo, y de hacer exactamente lo que dice, se te conducirá a emprender un viaje que es exactamente lo opuesto de lo que crees estar haciendo. Este es un viaje que, por su naturaleza misma, te llevará a la raíz del problema, que es tu mente.

Por eso, cuando las personas tratan de cambiar este curso (por ejemplo, se ingenian una manera distinta de hacer el libro de ejercicios o una forma distinta de estudiar el texto), no son conscientes de que están manipulando el mismo cuerpo y alma de este libro, porque el plan de estudios consiste en que se haga exactamente como Jesús lo dice aquí: estudiando el texto tal y como él lo da, haciendo el libro de ejercicios como él dice que lo debes hacer. El hecho mismo de que lo hagas de esa manera te guiaría automáticamente a recorrer el viaje con él como tu guía. Cuando lo cambias, cuando escribes versiones abreviadas y lo acortas, lo que realmente estás haciendo es atacar este curso y a su autor diciendo: «Puedo hacer esto mejor que él. No se necesitan 365 lecciones; basta X número de lecciones. Existen atajos para el estudio de este texto. No tienes que sortear todo esto; después de todo, no es más que lo mismo que se repite una y otra vez». Lo que realmente estás haciendo es subvertir el proceso pedagógico que, de nuevo, es la esencia del Curso. El atajo en este curso es que ¡no existen atajos! Debes hacerlo exactamente de la forma en que él te lo da. ¿Por qué querrías hacerlo de otra manera, a menos que pensaras que puedes hacer las cosas mejor que él? No es pecaminoso si lo haces de manera distinta. No es pecaminoso si haces las lecciones del libro de ejercicios de atrás hacia delante; solo es otro reflejo de tu problema de autoridad. No se te castigará por eso, pero tampoco hallarás la verdad ni la paz. Una de las mejores maneras de aprender este curso es observar lo sutil que será tu ego al tratar de subvertirlo, cambiarlo, distorsionarlo y hacerlo a tu propia imagen, en lugar de crecer hasta convertirte en la imagen que Jesús te da.

Hacer el Curso de la manera en que él lo dio es la forma en que «desaprenderás» tu ego. Y no tienes que entender cómo sucede eso, ocurrirá a pesar de tu aparente entendimiento. Está esa frase maravillosa en el texto: «Todavía estás convencido de que tu entendimiento es una poderosa aportación a la verdad, y que hace que esta sea lo que es» (T-18.IV.7:5). Esa es otra línea que el ego odia, porque siempre estamos tratando de entender. La manera de entender este curso es hacer lo que dice, que es mirar tu especialismo y tu culpa con el amor de Jesús a tu lado. Así es como entenderás este curso. El entendimiento no se logra mediante el dominio intelectual de sus principios. Puedes declamar el Curso a la perfección y no tener ni idea de lo que este dice. No tienes que distorsionar el Curso cambiando lo que dice intelectualmente: puedes repetir exactamente lo que dice a nivel intelectual, pero no entenderás lo que está diciendo, porque no te habrás convertido en parte del proceso. El dominio intelectual del Curso es el paso previo hacia la experiencia que te dará el Curso. Este es un plan de estudios muy bien pensado y concebido con mucho detenimiento: no traten de cambiarlo. Simplemente hagan lo que dice lo mejor que puedan. El aprendizaje y el entendimiento provendrán de otra parte de su mente; desde luego, no de su cerebro.

(L-pI.24.2:3) La idea de hoy [no percibo lo que más me conviene] es un paso encaminado a hacer que tu mente se vuelva receptiva de manera que el aprendizaje pueda dar comienzo.

Decir que el propósito del Curso es hacer que tu mente se vuelva receptiva es decir que es un curso sobre deshacer. En el manual para el maestro Jesús afirma que en este mundo el «verdadero aprendizaje» es «desaprender» (M-4.X.3:7). No se te tiene que enseñar nada, porque la verdad ya está presente en tu mente mediante el Espíritu Santo. Se te tiene que enseñar a «desaprender» lo que el ego fabricó en lugar de la verdad. Se trata de que tu mente se vuelva receptiva, de que se abra porque tu mente está cerrada. Esta es otra forma de decir lo que significa estar «sin mente». La mente le cerró la puerta a la culpabilidad, luego la puso fuera, y ahora estamos seguros de que entendemos lo que pasa en este mundo. Entendemos cómo sobrevivir en este mundo, porque vivimos en un mundo que parece estar fuera de nosotros, que nos parece hostil y amenazante. Es un mundo en el que nos experimentamos extremadamente vulnerables. Estamos muy seguros de que entendemos cómo funcionan las cosas en este mundo. Estamos muy seguros de que entendemos cómo funciona el cuerpo. Tenemos a todos estos científicos brillantes que tienen una noción muy clara de cómo funciona el cuerpo. ¡Todos están completamente equivocados! El cuerpo no funciona dentro del cuerpo mismo; el cuerpo funciona porque la mente le dice que debe funcionar de esa manera.

Cuando dejo caer esta moneda no se cae debido a la ley de la gravedad. Prácticamente todos en este mundo les dirán que esta moneda se cae debido a la ley de la gravedad. Eso no es verdad. La moneda se cae porque nos hemos inventado un mundo con una ley de gravedad que da por resultado la caída de objetos, porque esa es otra forma de probar que este es un mundo conforme a la ley que obedece unos principios que siempre rigen. ¡Es puro cuento! La moneda se cae porque elegimos escuchar al ego. Y luego a partir de esa creencia, de esa elección, paso a paso nos inventamos un mundo que refleja el sistema de pensamiento del ego. La ley de la gravedad no es una ley. Es la distorsión de una ley. El cuerpo no funciona debido a todas las razones por las que la gente dice que funciona: el cuerpo funciona porque elegimos al ego en lugar de elegir al Espíritu Santo.

Si realmente quieren hacer un cambio significativo en el mundo, cambien de mentalidad. Para citar la famosa línea: «No trates... de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de mentalidad acerca de él» (T-21.in.1:7). Si en serio quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo porque tú eres el mundo. Recuerden que no existe un mundo externo. No hay un mundo fuera de ustedes, así que ¿por qué quieren cambiar un mundo que no existe? Quieren cambiar de mentalidad, o cambiar un pensamiento que les dice que hay un mundo ahí fuera. Cambien de mentalidad. Así su mente se identificará totalmente con el amor. Entonces esa presencia de amor se reflejará en el sueño, y operará por conducto de ustedes, para que actúen amorosamente en el mundo. Pero su único centro de interés será el Amor de Dios en su mente. Es muy sencillo, no tienen que preocuparse por el mundo. El amor operará a través de ustedes y los guiará en el mundo sin esfuerzo alguno de su parte. Debido a la propagación del malentendido de estos principios, vale la pena señalar de nuevo que la concentración del Curso en mi reacción ante lo que tú haces, de ninguna manera, apoya una actitud de indiferencia hacia lo que está sucediendo en el mundo. Por el contrario, una vez que he quitado de en medio mis pensamientos del ego, el amor se expresará por mi conducto. De ahí que automáticamente haré lo que más convenga a todo el mundo, en lugar de estar motivado tan solo por la urgencia de satisfacer las necesidades de mi especialismo. Pero para que esto ocurra primero hay que adoptar la actitud de humildad que dice: «No entiendo nada». De esa manera están abriendo su mente para que se les enseñe. Si tienen la actitud de ser un niño pequeño, tal como Jesús les indica continuamente a sus estudiantes en el Curso, aprenderán como aprende un niño pequeño. Esa es la actitud que deben tener: soy un bebito y no entiendo nada, pero gracias a Dios, en mi interior está un amoroso hermano quien me enseñará. Y esa enseñanza emana de mi interior. No proviene de fuera de mí.