«Reglas para tomar decisiones»
(Texto - Capítulo 30 - Sección I)

Extractos del taller celebrado en la
Fundación para Un curso de milagros
Roscoe NY

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte VI
Regla 2

(T-30.I.4:1) (2) Siempre que te acuerdes de ello a lo largo del día y dispongas de un momento de calma para reflexionar, repítete a ti mismo nuevamente la clase de día que te gustaría tener, los sentimientos que deseas abrigar, las cosas que quieres que te sucedan, así como lo que quieres experimentar…

Ahora bien, la razón por la cual dice «repítete a ti mismo nuevamente» es que obviamente ya lo has olvidado. No me lo estoy inventando, ¿verdad? ¡Aquí están las palabras! Jesús está tratando de ayudarnos a comenzar el programa de entrenamiento. Puedes ver cómo este pasaje presagia el libro de ejercicios, el entrenamiento mental que te ayudará a darte cuenta de que la razón por la cual te sientes infeliz durante el transcurso de cualquier día en particular es que esa es la meta que tú te has trazado. Si te sientes infeliz, has de haber elegido sentirte infeliz.

Permítanme retroceder un poco a lo que antes comentábamos. Si el mundo entero en efecto es una ilusión y se fabricó para atacar a Dios, como dice el Curso (L-pII.3.2:1), y para ser una distracción y una cortina de humo que oculte lo que realmente está sucediendo en nuestras mentes, entonces literalmente no hay nada fuera de nosotros. He citado anteriormente el importante principio del Curso: «las ideas no abandonan su fuente». La idea de un mundo separado no ha abandonado su fuente en nuestras mentes. Esto significa que no existe escisión entre el efecto y la causa; el efecto y la causa están unidos, tal como en el Cielo, Dios es la primera Causa, y Cristo —Su Hijo— es el Efecto. «Las ideas no abandonan su fuente». Este mismo principio también opera dentro del sueño. El efecto, el mundo, está totalmente unificado con la causa, la idea en la mente, lo cual significa literalmente que no hay mundo fuera de nuestras mentes. La enorme importancia de esto es que, si no hay nada fuera de nosotros, cualquier cosa que pensemos, percibamos o sintamos solo podría haber procedido del interior de nuestras mentes. Esta es otra forma de comprender que, si vas a practicar este curso, es indispensable que entiendas su metafísica. Este no es un concepto intelectual abstracto con el que puedas juguetear. Este es el cuerpo y alma de lo que enseña Un curso de milagros. No puedes entender el perdón, y mucho menos la práctica del mismo, mucho menos lo que significa escuchar al Espíritu Santo, si no entiendes realmente cuál es la metafísica subyacente: literalmente no hay mundo fuera de nuestras mentes.

Por eso no puedo culparte por nada de lo que siento. Si me siento infeliz, ansioso, culpable, enfermo o deprimido, y no existe nada fuera de mí, ¿de dónde surgieron estos pensamientos y sentimientos? Solo pueden haber surgido de mi interior, porque no existe nada ni nadie más, lo cual significa que yo los puse ahí. Yo me estoy causando la enfermedad y la depresión, no es un virus lo que me ha dado la fiebre, no son tus gritos estridentes los que me han dado este dolor de cabeza, no fue lo que cené anoche lo que me ha dado este malestar estomacal. Esto es extremadamente importante.

Ahora bien, si yo me he hecho infeliz, si yo me he dado estos pensamientos, ha de haber sido por alguna razón. El Curso nos dice cuál es esa razón: hago que me enferme para no experimentar el Amor y la paz de Dios. La enfermedad es un encubrimiento para la culpabilidad. Se me olvida que la culpabilidad está en mi mente, la proyecto y ya está, mi cuerpo se enferma. Entonces los científicos del mundo me explican cómo y por qué me enfermé. El mundo es muy hábil y muy astuto para decirnos por qué no estamos bien, no importa en qué nivel. No importa si es un médico tradicional, un médico de la Nueva Era o cualquier otra clase de médico, todos son muy buenos para explicar por qué no estamos bien. Ya sea por causa de nuestro karma, de la forma en que nuestras madres nos llevaron en el vientre, de la manera en que nos dieron a luz, del ambiente en el que crecimos, de lo que sea, siempre hay alguna explicación para nuestra enfermedad emocional o física. Y todas estas explicaciones serán erróneas, porque todas parten de la premisa de que existe un mundo ahí fuera que nos afecta. Cuando entiendes que no existe un mundo externo, no caes en la trampa de ese error.

Pensar que el Espíritu Santo hace cosas por ti en el mundo, y que hace que las cosas mejoren para ti en el mundo, es el mismo error. ¿Cómo puede hacer que las cosas mejoren para ti en un mundo que no existe? Él mejora las cosas en tu mente, simplemente estando en tu mente. Por eso necesitas un milagro que te lleve lejos del mundo y de regreso a tu mente donde está Su Amor. Ese Amor es la respuesta a todos los problemas.

Esta segunda regla nos ha llevado en algún momento del día a darnos cuenta de que este día no me está resultando muy bien, pero con el entendimiento de que, si no me está resultando muy bien, se debe a que no he querido que me resulte bien. Esto nos lleva ahora al importante concepto de que nos hemos fijado la meta y no somos conscientes de que lo hemos hecho. Por lo tanto, no somos conscientes de que lo que nos está sucediendo —lo que hemos estado sintiendo y experimentando a lo largo del día— es un efecto directo de la meta que nos hemos fijado. Olvidamos que nosotros nos fijamos la meta, así que pensamos que las cosas que nos suceden están fuera de nuestro control.

Me gustaría profundizar en algunas de estas ideas, leyendo con ustedes la sección del capítulo 17 del texto llamada «Cómo fijar la meta».

«Cómo fijar la meta»
(T-17.VI)

(T-17.VI.1:1-2) La aplicación práctica del propósito del Espíritu Santo es extremadamente simple [Jesús utiliza estas palabras en muchos otros lugares; obviamente los propósitos del Curso y del Espíritu Santo son idénticos], aunque inequívoca. De hecho, para poder ser simple tiene que ser inequívoca.

Jesús insiste en que este es un curso muy simple. Y aquí vemos por qué es simple: es inequívoco. No hay dos maneras distintas de interpretar este curso. No hay dos voces diferentes que puedas escuchar que sean igualmente válidas. Hay una Voz. Hay un mensaje en este curso, no mensajes diferentes. Él se aseguró de explicarle a Helen que no existían diferentes interpretaciones del material que le estaba dictando. El Curso es lo que es. Dice lo que dice. No dice cosas diferentes a diferentes personas. Eso es lo que dice la primera ley del caos: que la verdad es relativa (T-23.II.2). Aquellos que sean conocedores de Platón, reconocerán aquí el argumento de los sofistas al cual Sócrates siempre se enfrentó: la verdad es relativa, no absoluta. Sócrates sostenía que la verdad es absoluta. La verdad es lo que es, no puedes decir que es cosas diferentes para diferentes personas. Y bien, eso es lo mismo que la gente trata de hacer con el Curso. Dicen que puede significar cosas diferentes para diferentes personas, y que hay interpretaciones diferentes e igualmente válidas. Una vez más, este es un ejemplo sorprendente de la primera ley del caos que afirma que hay una jerarquía de ilusiones y que la verdad es relativa. El Curso es sencillo porque es inequívoco: dice lo que dice. No afirma una cosa y luego la matiza agregando «pero posiblemente podrías afirmar otra cosa».

(T-17.VI.1:3) Lo simple es solo lo que se entiende fácilmente, y para ello, es evidente que debe ser claro.

Jesús se está refiriendo aquí específicamente al propósito del Espíritu Santo, pero es muy fácil generalizar esto a su curso como un todo. Él piensa que su curso es muy claro y fácil de entender. La razón por la cual prácticamente nadie está de acuerdo con él no es porque el Curso no sea claro y fácil de entender, sino que es demasiado claro y demasiado fácil de entender. No quieres entender lo que está diciendo. Una vez que tu miedo y tu culpabilidad hayan disminuido lo suficiente, entenderás lo que dice y te asombrará que no lo hayas sabido. Las palabras utilizadas aquí no son difíciles. Los conceptos son sumamente difíciles porque representan exactamente lo contrario de los conceptos del mundo. En ese sentido, el Curso es difícil, pero no porque lo que dice sea difícil. Es difícil porque no queremos reconocer lo que dice. Es un curso muy simple, claro y quiere decir exactamente lo que dice.

Jesús está diciendo lo mismo sobre el propósito del Espíritu Santo. Para el Espíritu Santo, todo en este mundo tiene el mismo propósito, todas las situaciones que parecen existir y a las cuales nos enfrentamos a diario. El propósito que Él les adjudica es lograr que nos demos cuenta —mediante la práctica del perdón— de que no estamos aquí, lo cual significa que perdonamos lo que no existe ahí fuera. Perdonamos a nuestro hermano por lo que no ha hecho. Esto no significa que él no haya hecho algo en el nivel del comportamiento. Significa que él ni siquiera está ahí en el nivel del comportamiento. Significa que todo lo que creemos ver fuera es una proyección de lo que está dentro. Por eso es tan simple. El ego se inventó este mundo para atacar, matar y mantenernos separados. El Espíritu Santo toma el mismo mundo y lo utiliza como espejo, de modo que a través del mecanismo del milagro podamos mirar en ese espejo y reconocer que lo que estamos viendo reflejado ahí no es otra cosa que el sistema de pensamiento en nuestras mentes. Ese es el único propósito que el Espíritu Santo tiene para el mundo. Ahora mediante nuestro estudio y práctica del Curso, se nos está entrenando para que observemos que lo que parece estar fuera es un reflejo directo o una sombra de lo que hay dentro. Por lo tanto, ahora sé qué hay dentro de mi mente. Mejor aún, ahora sé que ¡tengo una mente! Si realmente entiendo que no hay nada ni nadie ahí fuera, y que todo lo que veo es una sombra de lo que hay dentro de mí, ha de significar que hay algo dentro de mí. Ese es el principio del fin del ego. Ese es el propósito del milagro: hacernos conscientes de que tenemos una mente, lo que quiere decir que tenemos plena conciencia de la mente, en lugar de estar sin mente. Ese es el valor del mundo. Nuestro propósito no es hacer cosas ahí fuera en el mundo, unirnos con otras personas o salvar a otras personas. Nuestro propósito es darnos cuenta de que no hay otras personas, que lo que parece estar fuera está realmente dentro. Cuando realmente puedas sanar tu mente, el amor en tu mente se expresará dentro del sueño en el que otras personas creen que tanto tú como ellos están. Entonces puede que te encuentres muy activo y haciendo cosas muy amorosas en el mundo. Pero serán verdaderamente amorosas, porque no estarán basadas en tomar partido. No estarán basadas en víctimas y victimarios ni en fragmentar aún más la Filiación. Se basarán en el amor que proviene de una visión que ve a todos como uno solo.

Una vez más, lo que Jesús está diciendo en estos pasajes no significa que no hagas cosas en el mundo. Significa, más bien, que lo que haces en el mundo es irrelevante. Lo que es relevante es lo que haces en tu mente. Entonces ese amor fluirá de forma automática a través de ti, y puede que te encuentres haciendo y diciendo muchas cosas amorosas en el mundo, pero no tendrás inversión en ellas. Sabrás que la realidad es este lugar de amor en tu mente, en el que ahora te has unido con Jesús o el Espíritu Santo. Repito, eso es lo que hace que este curso sea tan simple, y eso es lo que hace que el propósito del Espíritu Santo sea tan simple. Todo en el mundo se convierte en un aula de clase; y si permitimos que Jesús sea nuestro maestro, nos mostrará que lo que percibimos fuera es un espejo de lo que está dentro, lo cual significa que ahora me doy cuenta de que hay un interior, una mente. El próximo paso es darnos cuenta de que una mente tiene una opción, y luego a partir de ahí, automáticamente hago otras elecciones amorosas.

(T-17.VI.1:4-5) El objetivo del Espíritu Santo opera dentro de un marco general, pero Él te ayudará a hacerlo específico porque la aplicación práctica es específica [la frase «porque la aplicación práctica es específica» no viene en la primera edición].

«General» aquí quiere decir abstracto. En otras palabras, es universal, está en nuestras mentes, no es específico. «Aplicación» significa que hacemos algo en el nivel del comportamiento: lo aplicamos a nuestras vidas cotidianas; utilizamos estas circunstancias y relaciones de nuestras vidas como un laboratorio. Esto significa pasar del principio general de la Expiación (la cual dice que la separación nunca ocurrió y que no hay nada ni nadie fuera de nosotros) a la aplicación en situaciones específicas. Tú —la persona con la que estoy viviendo o trabajando— no estás fuera de mí. Tú y yo no estamos separados. Tenemos que practicar en situaciones específicas, en las circunstancias de nuestras vidas personales. Debemos aplicar el principio abstracto o general a situaciones específicas. De eso se trata todo el Curso. De eso se trata todo el plan de estudios.

(T-17.VI.1:6) El Espíritu Santo provee ciertas directrices muy concretas [las siete reglas para tomar decisiones] que se pueden aplicar en cualquier situación, pero recuerda que aún no te has dado cuenta de que su aplicación es universal.

Declaraciones como esta hacen evidente una vez más que Jesús concibe esto como un proceso. Las palabras «aún no te has dado cuenta» obviamente implican que hay un crecimiento que aún no hemos atravesado, pasos que aún no hemos dado. Todavía pensamos que hay cosas específicas que tenemos que hacer en este mundo, relaciones específicas que tenemos que perdonar; por lo tanto, puesto que pensamos en función de lo concreto, él nos dará directrices concretas. Con el tiempo nos daremos cuenta de que todas forman parte de una lección, y entonces generalizaremos. Pero aún no hemos llegado hasta ahí.

(T-17.VI.1:7) A estas alturas, por lo tanto, es esencial utilizarlas en toda situación separadamente, hasta que puedas ver más allá de cada situación de manera más segura y con un entendimiento mucho más amplio del que ahora posees.

Este pasaje se presenta aproximadamente a mitad del texto, así que dice que aún nos queda mucho camino por recorrer. Luego llegamos al capítulo 30 y dice lo mismo. Más adelante llegamos al final del libro de ejercicios y dice: «Este curso es un comienzo, no un final» (L-ep.1:1). Este estudio, al cual nos hemos sometido, es a largo plazo, y debemos desconfiar de nosotros mismos o de otros estudiantes que digan que ellos ya lo han hecho todo en este curso y proclaman cuán fácil y cuán maravilloso es: «Le entrego todo al Espíritu Santo y todos mis problemas se resuelven y se me contestan todas mis preguntas». Estos estudiantes no entienden de qué se trata, y no han mirado detenidamente estos pasajes. Sus ojos se los saltan porque su ego le dice a su cerebro que no mire estos pasajes porque son demasiado inquietantes. Así que no los miramos. Por eso podemos llegar al final de un párrafo y olvidar cada palabra que leímos; o podemos pensar que hemos leído docenas de veces secciones como estas, y luego las oímos y decimos: «Dios mío, eso nunca lo había visto». Esta sección, así como «Reglas para tomar decisiones» están escritas con mucha claridad: las frases no son complicadas. Casi siempre sabes a qué se refieren los pronombres, mientras que en muchos otros lugares hay que adivinar. La escritura aquí es simple y clara, pero como no quieres verlo, no lo verás.

Lo que este pasaje está diciendo es que hasta que estemos listos para generalizar estos principios a todo, primero tenemos que practicar específicamente. Las mismas instrucciones se encuentran en el libro de ejercicios. De hecho, en la Introducción al Sexto Repaso, dice que, si hubieras hecho una sola lección realmente, las habrías hecho todas. Pero mientras no generalices, tienes que practicar cada lección por separado:

Cada una de ellas [las lecciones] encierra dentro de sí el plan de estudios en su totalidad, si se entiende, se practica, se acepta y se aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día. Basta una sola. Mas de esa no deben hacerse excepciones. Necesitamos, por lo tanto, utilizarlas todas y dejar que se fundan como una sola, ya que cada una de ellas contribuye al todo que estamos aprendiendo (L-pI.rVI.2:2-5).

Por eso son 365 lecciones, no una sola. Si de veras se entiende, cada una de las lecciones es exactamente la misma que todas las demás. Todas contienen el mismo mensaje de enseñanza. Pero como esta universalidad nos aterra, lo que hacemos más bien es fragmentar. Aplicamos una enseñanza a una situación en particular y decidimos que no estamos listos para aplicársela a otra. O perdonamos a esta persona, pero no a aquella persona. O le pedimos ayuda a Jesús en esta situación, pero decimos que podemos manejar aquella por nuestra cuenta. Tenemos que darnos cuenta de que todas son la misma, y mientras no nos demos cuenta de que todas son la misma, debemos practicar con cada una por separado.