«Reglas para tomar decisiones»
(Texto - Capítulo 30 - Sección I)

Extractos del taller celebrado en la
Fundación para Un curso de milagros
Roscoe NY

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte XIII
Regla 7 (cont.) y Conclusión


Nota del editor: Se comentaron línea por línea los párrafos restantes de la sección «Reglas para tomar decisiones». Se presentan a continuación algunos extractos:


(T-30.I.14:1-3) Hemos dicho que puedes comenzar el día felizmente si decides no tomar ninguna decisión por tu cuenta. Esto de por sí parece ser una decisión. Sin embargo, tú no puedes tomar decisiones por tu cuenta.

Si crees que Jesús te está trayendo de vuelta al punto de partida, tienes toda la razón. Excepto que ahora está diciendo que puede hablarte de esto en otro nivel. Como veremos, va a hablar de esta primera regla de forma distinta —no como lo hizo al principio— porque ya has recorrido el proceso y tienes una mejor comprensión (al menos eso supone en esta sección) de la importancia que le adjudicas a tener razón, y de que tener razón no te hace feliz. De hecho, hace que te sientas muy infeliz. Esta es básicamente la forma en que él aborda todo en el texto; por eso dice lo mismo una y otra vez. Te está guiando suavemente por un proceso, incluso sin que te percates de que lo hace. Eso te ayudará a superar gran parte de tu inversión en tu ego, para que puedas comenzar a entender lo que dice en la primera página, a pesar de que lo dice en la segunda página, en la décima, en la vigésima y de principio a fin.

Así que ahora nos está llevando de nuevo a esa primera regla, pero la está llevando a un nivel de sofisticación más profundo. Ahora lo que va a explicar —con el permiso de ustedes, yo lo haré primero— es que el tomador de decisiones debe decidir con el ego o con el Espíritu Santo. No puede decidir con ninguno de los dos; no puede decidir con ambos. Por eso no es una decisión. La regla de la mente es que el tomador de decisiones no puede hacer nada sin el ego ni el Espíritu Santo. Es como si el tomador de decisiones estuviera en punto muerto, no importa cuánta gasolina le inyecte al acelerador, el coche no andará hasta que él meta una de dos marchas. Si continuamos con la misma analogía, la marcha del ego irá en reversa, la marcha del Espíritu Santo irá hacia adelante. Pero él debe meter una o la otra. No puede activar ambas. No puedes meter reversa y meter primera al mismo tiempo. Y si lo dejas en punto muerto, no pasa nada. Esto es exactamente lo que Jesús está diciendo en relación con el tomador de decisiones, o con el poder de la mente para elegir. Debes elegir lo uno o lo otro. No puedes elegir ninguno de los dos ni elegir ambos. Claro que puedes oscilar entre lo uno y lo otro, como todo el mundo lo hace. De nuevo, esto pone aún más de relieve la idea de lo importante que es saber que tienes una opción, y que estés del todo consciente de lo que implica cada una de las opciones.

Eso es lo que hemos visto en esta sección, y desde luego todo el Curso se trata de esto, donde Jesús nos plantea con mucho esmero cómo es el sistema de pensamiento del ego, y qué sucederá cuando lo elijas: todos los horrores del especialismo, todos los estragos del miedo, todas las cosas horribles que se producen cuando eliges al ego. Pero debes saberlo, porque sin eso no puedes tomar una decisión relevante. Por otro lado, luego explica lo que sucede si lo eliges a él. Y cuando ves claramente entre qué y qué hay que elegir, cuáles son las alternativas, no hay problema para escoger. Eso es lo que hace el milagro. Nos deja claro (1) que tenemos una opción, y (2) entre qué debemos elegir. Eso es lo que está diciendo ahora: no puedes tomar decisiones por tu cuenta.

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(T-30.I.14:6-7) La primera regla, pues, no es una coacción, sino la simple afirmación de un simple hecho. No tomas decisiones por tu cuenta, independientemente de lo que decidas.

¡Porque no puedes tomar decisiones por tu cuenta! Recuerden que está hablando de la misma regla, pero de manera totalmente diferente. En la primera presentación de la primera regla, Jesús quería decir: no decidas con tu ego; decide conmigo. Ahora él entiende esta regla de forma más sofisticado (porque ya hemos pasado por este proceso), lo cual significa que no puedes decidir por tu cuenta: debes optar por el ego o el Espíritu Santo. Lo importante de esto es que, si lo que él está diciendo es verdad (que debes elegir entre el ego y el Espíritu Santo), ¿quién es el «tú» que está eligiendo? En otras palabras, esta declaración está reflejando que realmente tienes un tomador de decisiones. Hay una parte de tu mente que escoge entre el ego y el Espíritu Santo. ¿Por qué es importante eso? Porque entonces ya no eres tu ego. El ego nos tenía convencidos de que cuando elegimos al ego, con eso se acabó el juego: éramos el ego. Ya no había Espíritu Santo. Dios se convirtió en una parte desgajada de nuestro propio yo. Y no había nada más. Por eso el mundo no tiene remedio y hay tanto dolor, sufrimiento y desgracia, que culmina con la muerte; porque no hay esperanza. Cuando elegimos al ego, nos convertimos en el ego, y la mente correcta a todos los efectos desapareció. En realidad, por supuesto que no fue así, pero creemos que desapareció. Dios desapareció, y Su lugar lo ocupó un ídolo, que es una parte desgajada de nuestro propio yo ego.

Así que él está reflejando aquí que eso no es cierto. Tú no eres el ego. Elegiste al ego. Y hay una parte de tu mente, a la que estamos llamando el tomador de decisiones, que elige al ego. Y si eligió al ego, ahora puede hacer otra elección. Por eso es tan importante. El al que Jesús se dirige cuando dice que «no tomas decisiones por tu cuenta» es el tomador de decisiones. Ese es el Hijo de Dios —el que escoge— y, por lo tanto, el que posee un inmenso poder en la mente del Hijo. Así que la idea es comenzar a separarte de tu ego; por eso mirar a tu ego es tan esencial para el perdón. De hecho, hacerlo es el perdón. Si estás mirando a tu ego, ¿quién es el tú que lo está mirando? Obviamente ¡no es tu ego! Una vez más, este es un curso lógico estrechamente argumentado. Incluso si no estás de acuerdo con él o no te gusta, la lógica se presenta con un rigor estricto. Si estás mirando a tu ego, no puedes ser tu ego. Has de ser algo separado de tu ego cuando lo estás mirando. Si lo estás mirando con juicio, no lo estás mirando en absoluto. En ese caso es tan solo el ego que está jugando contigo. Pero cuando miras sin juzgar y dices: «Oh, ahí está mi ego de nuevo. Ya le dio otra vez por atacar el amor, al atacar a este y atacar a aquel, al crear problemas, hacer que me enferme, que todos los demás se enfermen, al confundirme, al otorgar realidad al mundo, al cuerpo...», y entonces dices: «¡Ah, ese es mi ego! Menuda novedad; eso hacen los egos», así estás comenzando el proceso de separarte de ese sistema de pensamiento. Estás rompiendo la identificación que metió en líos al mundo entero; de hecho, la que fabricó al mundo entero. Recuerden de nuevo: cuando el Hijo de Dios escogió al ego, se convirtió en el ego, y no conocía otra cosa. Jesús se presenta y dice: «Espera un momento, hay algo más. Mírame a mí y verás el reflejo de ese algo en ti». Ese fue su mensaje hace 2000 años, y eso es lo que es de nuevo ahora en el Curso. Eso es lo que tienes que entender, que no eres el ego. Por eso es muy importante que lo puedan mirar sin juzgarlo. Cuando lo juzgan, lo hacen real.

Otra forma de decir esto, que es lo que dije antes, es que el ego no tiene poder dentro de sí mismo. No tiene absolutamente ningún poder dentro de sí mismo. Cuando te identificas con él, le das un poder total. El poder reside en el tomador de decisiones, en el poder de la mente del Hijo para elegir. Lo que le da al sistema de pensamiento del ego su poder es tu identificación con él. Una vez más, todo el poder aparente que el ego tiene —a nivel físico, emocional o pseudoespiritual— se halla en la creencia que el Hijo deposita en él.

Cuando empiezas a separarte de él, el ego comienza a perder su poder. Y a medida que vas separándote más y más, su poder disminuye cada vez más, hasta que al final estás totalmente separado de él. Esto significa que ahora eliges al Espíritu Santo, porque es uno o el otro. Todo lo que inviertas en el ego, se lo habrás quitado al Espíritu Santo; todo lo que inviertas en el Espíritu Santo, se lo habrás quitado al ego. Cuando se haya quedado totalmente sin poder, el ego, como dije antes, desaparece de nuevo en su propia nada. El proceso de mirar consiste en desembragar las marchas. Entonces el ego simplemente desaparecerá. Lo que le da al ego su poder es que te hayas unido con él, al identificarte con él. Cuando luchas contra él, obviamente lo haces muy real. Por eso no quieres luchar contra el ego. Cuando quieres cambiarlo, lo estás haciendo real. Cuando quieres amarlo y abrazarlo, lo estás haciendo real. Cuando lo miras y le sonríes apacible y dulcemente, comienza a desaparecer, porque entonces estás diciendo: «Esto no es más que una idea tonta». Y te remontas a ese error original cuando todos miramos la «diminuta idea loca» y dijimos que era seria. Ahora comienzas el proceso de deshacer eso. Miras la «diminuta idea loca» en cualquier forma que se presente en tu experiencia, y dices: «¡Esto no es serio; esto es una tontería!». Pero debes ser capaz de dar un paso atrás y mirarla.

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(T-30.I.15:1-4) Tu día no transcurre al azar. La clase de día que tienes lo determina aquello con lo que eliges vivirlo [el ego o el Espíritu Santo] y la manera en que percibe tu felicidad el amigo a quien acudes en busca de consejo. Siempre pides consejo antes de tomar cualquier decisión. Es esencial que entiendas esto, para que te des cuenta de que no hay coerción ni ningún motivo para pensar que coarta tu libertad.

Se puede ver con qué frecuencia en esta sección vuelve a esta idea de coerción y oposición, porque de nuevo, es plenamente consciente de lo que la gente siente por él. Es plenamente consciente de lo que la gente siente por su curso. Desafortunadamente, los estudiantes del Curso no son plenamente conscientes de lo que sienten por el Curso. Pero él es bien consciente de lo que ellos sienten al respecto. Sería bueno que le preguntaran a él, en vez de juzgarse a sí mismos.

Una vez más, es tan fácil sentirte coartado, que Jesús es más fuerte, pues representa a Dios y tú no tienes posibilidad alguna. Así que será mejor que hagas lo que dice, aunque no sea especialmente de tu agrado. Todo eso forma parte de la versión de Dios del ego, que es una parte desgajada de sí mismo. Ese Dios que es severo, y ese Dios exige, y ese Dios no es precisamente amoroso. Puede que actúe amoroso cuando le das lo que Él quiere, pero cuando no lo haces, es feroz. Ese es el Dios, de nuevo, en el que creemos, porque ese es el Dios que fabricamos. Y sabes que inventaste ese Dios y que aún crees en Él porque para huir de ese Dios se fabricó el mundo. El mundo se fabricó para escondernos de ese Dios feroz, un Dios que creíamos que se oponía a nosotros, porque ese Dios cree que nos opusimos a Él. Lo proyectamos todo sobre Dios, para que parezcamos ser las víctimas inocentes. Olvidamos que nosotros arrojamos la primera piedra, que atacamos primero, y que el Dios que inventamos fue una proyección o una parte desgajada de nuestra propia creencia en el pecado y la culpabilidad.

Una vez que entiendes el propósito para el que se fabricó el mundo a nivel macrocósmico, y el propósito para el que se fabricó el cuerpo a nivel microcósmico, entonces no te será nada difícil entender todas estas cosas en el Curso. Todas ellas se siguen lógicamente de la idea de que inventamos un Dios a semejanza nuestra, un Dios que nos destruiría. Tuvimos que huir de él e inventar un escondite, que es el mundo. Tuvimos que inventar un cuerpo, que es nuestro escondite individual. Esa es la naturaleza de nuestra existencia. Siempre estamos huyendo del odio de Dios y de Su castigo, que el ego llama el amor de Dios. Por eso el amor es tan aterrador en este mundo; por eso a las personas les da mucho miedo dejar que otros se les acerquen, a menos que puedan tener el control. El miedo es siempre: si bajo la guardia, o suelto las defensas, quedaré vulnerable, y me harán daño, me aplastarán. El que experimentes esto, no te aísla como el único en el mundo. Todos experimentan eso mismo.

Recuerden, el mundo se fabricó como un escondite, una defensa, un ataque contra Dios. Y el cuerpo es la fortaleza individual que fabricas para protegerte de la parte desgajada de ti mismo con la que no quieres tener nada que ver. Una vez más, inventamos a ese Dios iracundo para librarnos de la culpabilidad que nos pareció inaceptable en nosotros mismos. Ese es el paradigma que yace tras lo que hacemos todo el tiempo en cada aspecto de nuestro sueño. Hay una parte de mí que no me gusta: la desgajo, la proyecto hacia fuera, te invento a ti, y luego, por supuesto, tengo que odiarte, porque creo que me vas a hacer lo que yo te hice a ti. Invento un cuerpo como fortaleza y te doy un cuerpo a ti, porque eso te mantiene separado de mí, así como mi cuerpo me mantiene separado de ti. Estoy aterrado entonces de que se violen esos límites: por eso a la gente tanto le enloquece la violación de límites. Saca de quicio a las naciones, a los individuos, a los propietarios, saca de quicio a todo el mundo. No importa si estás hablando de un límite físico o de un límite psicológico, porque eso es lo que te protege de la ira de Dios. Todo el mundo lleva dentro ese pensamiento. Por eso no van a estar dispuestos a adoptar este curso sin un gran esfuerzo y mucha práctica. Una vez más, si leen esta sección con detenimiento, verán con qué frecuencia Jesús habla de este tema de la oposición y de la coerción. Eso es lo que creemos. Por eso, de nuevo, hay siete reglas para tomar decisiones en lugar de una: ¡por lo mucho que les aterra la primera!

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(T-30.I.16:8-9) ¿A qué reino le pertenece tu mundo hoy? ¿Qué clase de día vas a decidir tener?

Básicamente, estas son las últimas preguntas de la sección. ¿A qué reino le pertenece tu mundo hoy? ¿Es el reino del ego, de enojo, especialismo, asesinato y muerte, o es el reino del Espíritu Santo, que es un reino de perdón y de paz? Y lo que elijas determinará la clase de día que tendrás.

Lo que sucede después de este párrafo es que hay un paso intermedio que no se especifica. El paso intermedio es que has hecho la elección correcta; es decir, que Jesús o el Espíritu Santo sean tus consejeros. Entonces comprenderás lo que Jesús comenta en el último párrafo. Al haberte unido ya con el Espíritu Santo eso te permite entender la importancia de no ver los intereses de otra persona como separados de los tuyos. En el último párrafo no se habla de unirte con el Espíritu Santo, eso ya lo has hecho. Ese es el paso intermedio que no se especifica aquí. Una vez que te unes con Jesús o con el Espíritu Santo, entiendes que cuando te encuentras con alguien, es un encuentro santo. Y de lo que realmente está hablando, y que es lo que explicaré más adelante, es que esta persona especial con la que estás involucrado (y siempre estás involucrado con una sola persona en un momento dado de tu vida: una sola persona especial que es el objeto de tu atención y tus pensamientos) es literalmente una parte desgajada de un yo más grande del que eres una parte desgajada tú. Y unirte con esa otra persona que crees que está fuera de ti (porque crees que estás fuera de la mente) es lo que realmente representa unirte o volver a unirte contigo mismo. Unirse es deshacer esa dinámica de desgajamiento e inventar un yo que ahora crees que está en otra persona y está fuera de ti. No hay manera de que entiendas eso sin unirte previamente con el Espíritu Santo. Lo que se desprende de estas preguntas: «¿A qué reino le pertenece tu mundo hoy? ¿Qué clase de día vas a decidir tener?» es que entonces eliges que es Jesús. Y una vez que hagas eso, entenderás lo que él te enseña en el siguiente párrafo.

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RESUMEN

Antes de pasar a la parte final del taller, quiero dar un breve resumen de lo que hemos cubierto:

Al principio, cuando teníamos la «diminuta idea loca», cuando creíamos que nos habíamos separado de Dios, nuestra mente ya escindida —la mente que creíamos que se había desgajado de Dios— ahora se escindió de nuevo, y nos escindimos en dos sistemas de pensamiento: el del ego y el del Espíritu Santo. El sistema de pensamiento del ego dice que la separación es real; por lo tanto, soy real como un yo separado. El sistema de pensamiento del Espíritu Santo, que se refleja en el principio de la Expiación, dice que la separación nunca sucedió, y la persona que piensas que eres no existe. Sigues muy a gusto con Dios.

El tomador de decisiones, que es la parte de nuestras mentes que tiene que elegir entre estos dos sistemas de pensamiento, eligió al ego. En ese momento lo que hizo fue desgajarse del Espíritu Santo, de modo que lo único que parecía ser realidad ahora era el sistema de pensamiento del ego. Y como hemos visto, cuando elegimos el sistema de pensamiento del ego, nos convertimos en el sistema de pensamiento del ego. Un término psicológico para describir esto es «disociación», donde te desasocias de algo: lo desgajas de ti. Eso es lo que la palabra significa literalmente: estabas asociado con el Espíritu Santo y ahora te desasocias— te alejas («des-» es un prefijo negativo). Así que la disociación se refiere simplemente al desgajamiento, que aquí significa concretamente que nos desgajamos del Espíritu Santo, olvidándonos así de Él. Aquello hacia lo cual nos desgajamos —es decir, el ego— se convirtió en la única realidad para nosotros. Entonces el ego inventó toda su gran historia, que es básicamente lo que nos atrajo desde un principio: la idea de que el especialismo era realmente magnífico y que de veras seríamos felices teniendo razón, mientras que Dios estaría equivocado. Siguiendo el sistema de pensamiento del ego en términos de su lógica inevitable, el Amor de Dios se vuelve temible, vengativo, iracundo y punitivo. Así que tenemos que escapar, y luego inventamos el mundo.

Lo que sucede cuando inventamos el mundo es que básicamente nos desgajamos de nuestra propia mente. Así que en cierto sentido siempre estamos atravesando un proceso de desgajamiento. Este proceso de desgajamiento de la mente —de proyectar hacia fuera en el mundo— da lugar a todo el proceso de fragmentación. La sección «El sustituto de la realidad», al comienzo del capítulo 18, lo explica y describe claramente. El resultado de este proceso de fragmentar y subdividir, y subdividir una y otra vez, es este mundo, lo que los hindúes llaman un mundo de multiplicidad. En nuestro contexto, podemos referirnos a él como un mundo de fragmentación y separación: exactamente lo contrario de la plenitud. Y ese único Hijo de Dios que hizo esta elección luego se fragmentó en billones de fragmentos. Cada uno de nosotros, ahora, es una representación de uno de esos fragmentos. Cree que está por su cuenta, y que es su propio universo autónomo.

A estas alturas, al parecer estamos irremediablemente atrapados, porque no hay salida una vez que nos encontramos aquí. Es decir, no hay más que una salida: recordar que no estamos aquí y que todo esto ocurrió porque simplemente tomamos la decisión equivocada. Caímos en un estado sin mente, en un estado de profundo sopor, y la única manera de despertar de este sopor y de este sueño es recordar. Esto, una vez más, es lo que hace el milagro: nos recuerda que todo esto ocurrió simplemente porque hicimos la elección equivocada. Elegimos en contra del Espíritu Santo, en contra de la verdad. Nos disociamos de ella, y luego nos identificamos con el sistema de pensamiento del ego. Ese es el problema. La solución entonces es recordar eso.

Jesús es el nombre que le damos a uno de esos fragmentos, una de esas partes de la Filiación que recordó quiénes somos todos. No hay nada en el Curso que indique cuándo lo recordó; todo el mundo siempre quiere saber cuándo lo hizo. Por favor, no se atengan a la Biblia, porque los escritores de la Biblia ciertamente no sabían nada acerca de Jesús, de lo contrario el libro no habría resultado como resultó. Básicamente tienes que interiorizarte, y obtener esa respuesta para ti mismo. Y, por supuesto, no importa cuando se acordó, al fin que el tiempo no existe. Así que ese tema simplemente se convierte en algo que les dará por discutir cuando se les suban un poco las copas. No tiene caso. Simplemente agradezcamos que despertó.

Puesto que él es parte de la Filiación, y todos estamos unidos como un solo pensamiento en esa mente, entonces permanece dentro de nuestra mente como el ejemplo resplandeciente y el recordatorio de que podemos hacer lo que él hizo. Lo que hizo fue darse cuenta de que todo esto era una tontería. Cuando el Curso dice que el Hijo de Dios olvidó reírse... él se rio, porque se dio cuenta de que era simplemente ridículo pensar que pudiéramos estar separados de nuestro Creador y de nuestra Fuente, que una parte de Dios pudiera arrancarse ella misma del Todo y de todo. Por lo tanto, cuando nos unimos con Jesús, nos unimos con ese pensamiento. En el Curso dice: «Yo estoy a cargo del proceso de Expiación» (T-1.III.1:1). En otra parte dice: «Yo soy la Expiación» (T-I.III.4:1), porque él es el principio de corrección. En él se encuentra la respuesta, porque cuando él recordó que no pasó nada se conocía como parte del Cristo. Y Cristo es perfectamente uno, perfectamente pleno, y perfectamente unido con Su Fuente. Así que, al unirnos a Jesús, nos estamos uniendo con esa unidad y, por lo tanto, nos estamos uniendo con Cristo.

Por eso es tan importante que se unan con él, porque él es el símbolo del fin del sueño. Él es el principio de Expiación. Antes en el texto, también dice que el principio de Expiación, que surgió en el momento en que pareció ocurrir la separación (lo que es el Espíritu Santo), es básicamente demasiado general y tuvo que ponerse en acción (T-2.II.4:2-3). En realidad, quiere decir que se necesitaba un símbolo concreto dentro del mundo, que la gente pudiera identificar y reconocer. Él es ese símbolo. Deja claro que no es el único símbolo. Dice que es el primero. Pero claramente no es el único símbolo. Para nuestros propósitos, ya que estamos estudiando en el contexto de su curso, hablaremos de él como el símbolo. Pero también es importante que se den cuenta de que él no es el único. Pero él es el que puso en marcha el principio de la Expiación: la frase utilizada en el Curso (C-6.2:4). Y todas estas son realmente metáforas para simplemente describir el hecho de que Jesús, dentro de nuestro sueño, es el símbolo del principio de Expiación: que la separación de Dios nunca sucedió. Si él es el Amor de Dios, si es la manifestación del Amor de Dios en forma y en el sueño, uniéndonos con él y aceptando su amor como la verdad, realmente estamos uniéndonos con el mismo principio que él representa.

Entonces llegaremos a ser como él, como se expresa en ese hermoso poema de Helen, «Plegaria de Jesús». Dice en el Curso que él es la manifestación del Espíritu Santo. Entonces en un punto pide que nos convirtamos en su manifestación en el mundo (C-6.5:1). Así como él ha simbolizado para todos nosotros el Amor de Dios en la presencia del sueño, él pide que, como estudiantes de su curso, nos parezcamos cada vez más a él, para que nos convirtamos en símbolos para otras personas dentro del sueño de lo que significa realmente aceptar la Expiación para ti mismo. En cierto sentido, se podría decir que ese es uno de los propósitos del Curso: que la gente haga esto. Básicamente se necesita uno solo, como ya hemos visto, porque únicamente hay un Hijo. Pero mientras haya la ilusión de muchos, tienes la ilusión de que mucha gente tiene que hacer esto. Es una ilusión, como ya hemos visto. Toda esta idea de cuantificar la salvación es una ilusión. Pero, como he dicho, mientras creamos que estamos aquí, tenemos esa ilusión. Así que el propósito del Curso es que cada vez más personas se vuelvan como Jesús. A pesar de que en realidad todos somos una sola persona, todos somos partes desgajadas de una sola persona.

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 Quiero hacer una sección más con ustedes antes de repasar el último párrafo de las «Reglas para tomar decisiones» y concluir el taller. Esta es una sección en el capítulo 8 del texto llamada «La voluntad indivisa de la Filiación». Es una sección muy hermosa y conmovedora en varios niveles, especialmente por la claridad de lo que Jesús dice, así como por la súplica que les extiende a todos sus estudiantes para que se unan con él. Es una de las declaraciones más claras en el Curso sobre este tema, aunque se hace referencia a ello en muchos lugares distintos.



Nota del editor: A continuación, hubo un comentario detallado línea por línea de «La voluntad indivisa de la Filiación», seguido del último párrafo de «Reglas para tomar decisiones». Este comentario no se ha incluido en estos extractos. Concluimos esta serie con uno de los poemas más hermosos de Helen Schucman, «Plegaria a Jesús», que se leyó como una meditación durante el taller:


Para aquellos que no se han familiarizado con la poesía de Helen, se recoge en un libro que se titula The Gifts of God (Los regalos de Dios). Su poesía le «llegó» y se anotó de la misma manera que el Curso. Estos no eran poemas que la propia Helen escribiera, como una obra escrita por ella misma. Experimentó el mismo proceso que cuando anotó el Curso. La única diferencia es que, con la poesía, siempre sintió que de alguna manera su voz era parte de la obra, así como la de Jesús. Sentía básicamente que la poesía era un trabajo de colaboración, mientras que el Curso no lo era. En otras palabras, sentía que ella no tenía absolutamente nada que ver con la transmisión y su labor de escriba del Curso. Pero con la poesía sintió que, al hacerlo, su voz era como una parte de la voz de Jesús; no la voz con la que ella se identificaba como ego. Muchos de los poemas vienen en primera persona, donde la voz de Helen es la que habla. Todos los poemas, tanto los primeros poemas que son relativamente simples, como los poemas posteriores que son más complejos, tratan temas que están de una u otra manera en el Curso.

Hay toda una serie de poemas que tratan específicamente de Jesús y de la relación de Helen con Jesús. Sin embargo, este, «Plegaria a Jesús», que es uno de mis poemas favoritos, no se trata específicamente de Helen. El que habla en el poema realmente debiera ser cada uno de ustedes. En realidad, es una plegaria que cada uno de nosotros dirige a Jesús. Y deja muy patente la importancia que él tiene en nuestras vidas, el modelo que nos brinda, para que podamos llegar a ser como él y unirnos con él. Otro tema importante en este poema es que al unirnos con él también nos unimos a todos los demás. Así que lo que se encuentra en este poema es exactamente de lo que estaremos hablando ahora, es decir, de la importancia de que nos unamos con él y con todos los demás; de hecho, es imposible unirnos con todos los demás sin unirnos con él, e igualmente imposible es unirnos con él sin unirnos con todos los demás.

Para aquellos de ustedes que no conocen el poema, permítanme mencionar además que el poema comienza con la frase: «Niño, Hombre, y luego Espíritu», que se refiere a Jesús y a su vida. Dos estrofas abajo, la misma frase aparece, pero ahora se refiere a nosotros, de nuevo con la esperanza de que lleguemos a ser como él. Y las líneas justo al final del poema se basan en la oración del Cardenal Newman, un famoso converso al catolicismo del siglo XIX, en la cual él dijo básicamente lo que se repite aquí. Su plegaria era que mientras la gente lo mirara no lo vieran a él, sino solo a Jesús. Este poema termina con aquella oración.

                   Plegaria a Jesús

Niño, Hombre, y luego Espíritu, ven
con todo Tu esplendor. A menos que
en mi vida brilles Tú, será una pérdida para Ti,
y lo que pierdes Tú también lo pierdo yo.

Mi razón de estar aquí no puedo descifrar
a excepción de esto: sé que he venido
a buscarte y a encontrarte. En Tu vida
me muestras el camino hacia mi eterno hogar.

Niño, hombre, y luego espíritu. Así
voy por la senda que me señalas Tú
hasta que pueda al fin ser como Tú.
¿Qué más sino Tu imagen querría yo ser?

¡Qué silencio al hablarme y Tú darme
palabras de amor para decir por Ti
a los que Tú me envías! Y bendecido soy
pues en ellos contemplo que resplandeces Tú.

No hay gratitud que pueda yo darte
por un obsequio así. La aureola en Tu cabeza
debe ser la que hable por mí, pues mudo estoy junto
a Tu dulce mano con la que mi alma guías.

Con manos santas Tu regalo tomo, pues Tú
las bendijiste con las Tuyas. Vengan, hermanos, vean
cuánto me parezco a Cristo, y a ustedes
a quienes Él bendijo y cual uno solo guarda conmigo.

Un perfecto retrato de lo que puedo ser
me muestras Tú, que pueda ayudar a renovar
la fallida visión de Tus hermanos. Que al alzar la vista,
no sea a mí a quien vean, mas solo a Ti.