Un curso de milagros:
Una espiritualidad llena de esperanza

Extractos de dos talleres celebrados en la
Fundación para Un curso de milagros
Temécula, California

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte I

Pregunta:
Vengo hasta acá y te escucho dar clases, leo el Curso y trato lo mejor que puedo de practicarlo, pero, caray, soy cada vez más consciente de cuán renuente estoy a hacerlo. Soy una máquina de proyección y me lo tomo en serio. A veces pierdo la esperanza y empiezo a dudar de que podamos llegar a ese tomador de decisiones y elegir otro DVD. ¿De veras podemos hacer eso? ¿O estamos condenados a vivir este DVD por el resto de la vida y simplemente darnos cuenta de que es un DVD, en lugar de elegir la paz y elegir ser amorosos? Actualmente hay mucha presión en mi trabajo, mucha ansiedad, y no sé cómo no elegir eso. A veces me desespero un poco.

Ken:
Creo que todos estarían de acuerdo con lo que estás comentando. Todo el mundo tiene esa experiencia. La mayoría de las personas vienen al Curso porque sus vidas no están funcionando, pero no son conscientes de qué tan mal están las cosas hasta que comienzan a trabajar con este material. Y eso es porque el mundo da esperanzas. Siempre hay algo: otra relación, otro banco que asaltar sin que te atrapen, alguna droga o el alcohol, etc. Siempre hay algo para distraernos, pero cuando realmente comenzamos a entender lo que el Curso está diciendo, nos ponemos más ansiosos. Reconocemos que en realidad no hay esperanza dentro del sistema del ego, un sistema de pensamiento todopoderoso que se ha vuelto todopoderoso porque es un sistema que nos gusta.

Esto puede ser muy desconcertante en los días buenos y francamente desesperanzador en otros días. Sin embargo, no podemos llegar a la luz sin atravesar la oscuridad. Ese es un tema importante en este curso. Jesús dice que juntos disponemos de la lámpara que disipará al ego (T-11.V.1:3). Eso significa mirar al ego, y algunas de las descripciones del ego en este curso pintan una imagen horripilante y de plano espantosa. Lo que lo hace peor es darnos cuenta de que está hablando de nosotros. Hay algunas secciones muy fuertes que hablan de carne arrancada de los huesos (T-24.V.4:8), de arrojar a tu hermano al precipicio (T-24.V.4:2) y de elegir sufrir para que maten a otro (T-31.V.15:10).

Descripciones como estas no son fáciles de procesar y pueden dar pie a sentimientos de desesperanza. La esperanza radica en la comprensión de que hay un motivo de que nos sintamos de esa manera; de ahí mi continuo hincapié en la metafísica. La razón por la que el mundo es tan desesperanzador es que cuando nos identificamos con nuestros cuerpos, realmente no hay esperanza. Creemos que nos liberamos al morir, pero el Curso dice: «Existe el riesgo de pensar que la muerte te puede brindar paz» (T-27.VII.10:2). Luego resulta que casi de inmediato volvemos a encontrarnos aquí o en otro aspecto del sueño. No hay esperanza en el mundo. No hay esperanza dentro de la ilusión porque, una vez que nos identificamos con la ilusión, es lo único que vemos. Se necesita tiempo y mucha disciplina para empezar a entender que el mundo no es lo que parece.

Con frecuencia digo: «No te creas la mentira» y «No les creas a los que te dicen que dos y dos son cuatro», pues se basan en la creencia de que en este mundo hay leyes lógicas que son válidas, cuando lo cierto es que todo aquel que esté cuerdo sabe que dos y dos son cinco, porque aquí nada tiene sentido. Empezar a entender eso es extraordinariamente útil porque así al menos podemos agarrarnos de una cuerda de salvamento que tiene sentido.

El mundo ofrece cantidad de cuerdas de salvamento, toda suerte de adicciones. Cerca del final del texto, hay una sección muy potente llamada «La verdadera alternativa», en la que dice que aquí todos los caminos conducen a la muerte (T-31.IV.2:11). ¡No hay esperanza en el mundo! A veces he dicho que Un curso de milagros, que yo sepa, es la única espiritualidad que ofrece verdadera esperanza, en el sentido de que no ofrece ninguna esperanza de cambio en el mundo. La esperanza que el Curso ofrece es su enseñanza de que todo lo que parece suceder aquí está sucediendo en nuestra mente tomadora de decisiones. Ahí es donde está la esperanza, pero el problema es que no vemos ninguna alternativa, lo cual es lo que esta pregunta está expresando y que es muy cierto. La verdad del ego comienza a venirse abajo cuando reconocemos que es un caso perdido y que únicamente parece todopoderoso porque creemos en él. Es entonces cuando comenzamos a tener un asomo de esperanza, que puede crecer y crecer, pero no estaría dirigida a hacer que el mundo funcionara mejor para nosotros. Recuerda la frase: «No trates. . . de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de mentalidad acerca de él» (T-21.in.1:7), lo que significa que tenemos poder sobre él.

Así que podría darse un período de mucho estrés en tu trabajo, y aunque no pudieras elegir la paz, al menos podrías saber que en algún nivel podrías elegir la paz. Podrías ir al trabajo y hacer lo que tuvieras que hacer, soportar las necedades que tuvieras que soportar y aun así estar en paz. Saber por lo menos que eso es una posibilidad te infundiría algo de esperanza. También ayuda tener presente que los sentimientos de desesperanza y desesperación representan una decisión.

Se necesita mucho trabajo, mucho estudio de lo que el Curso está diciendo, para ser capaces de integrar esto en nuestras vidas y empezar a ver que, efectivamente, no es forzoso estar molesto. Puede que esto no sea lo más agradable que le haya ocurrido a mi cuerpo, aún así yo podría estar en paz. ¡Lleva trabajo! Pero vale la pena porque así no seguiremos con la idea falaz de que algo aquí va a hacernos felices: la creencia de que finalmente encontraré la relación idónea o el trabajo idóneo, el clima idóneo, el físico idóneo —o cualquier otra cosa que mejore mi autoestima y me haga feliz. Ahora nos damos cuenta de que nada de eso va a funcionar. Todos ya hemos vivido lo suficiente como para percatarnos de eso. Hemos probado suficientes cosas distintas del mundo y simplemente no funcionan.

La razón por la que Un curso de milagros funcionará es que nos llevará del cuerpo a la mente, del símbolo a la fuente. Eso sí lo podemos controlar. El comienzo de la Lección 70 indica claramente que no hay nada en el mundo que pueda hacernos felices o infelices; nada del mundo puede darnos dolor ni placer. Luego dice que esto nos pone a cargo del universo al que pertenecemos, tenemos control del universo de la mente, estemos felices o tristes (L-pI.70.2:3). Esto no tiene nada que ver con las circunstancias externas. Incluso si no experimentamos eso, al menos saberlo intelectualmente es un muy buen comienzo porque nos restituye el poder. De lo contrario, todos somos impotentes y no tenemos más remedio que subsistir a duras penas con un ápice de poder. Nos parece que a veces podemos controlar una parte de nuestras vidas o a una persona en particular, pero en realidad creemos que estamos a merced de fuerzas incontrolables, especialmente las fuerzas del envejecimiento y de la economía. Son cosas que pasan: las personas pierden el trabajo y la casa, sin que ellos hayan hecho nada. Pensamos que así es la vida hoy en día. O nos da cáncer a nosotros o a un ser querido. En cuanto a lo que acontece a nivel mundial, eso no lo podemos controlar, pero sí podemos controlar cómo lo vemos.

La frase donde dice que el mundo que vemos es una «imagen externa de una condición interna» (T-21.in.1:5) nos da la salida. El mundo que vemos es una proyección, un símbolo de una condición interna, que es la decisión de la mente a favor del ego o del Espíritu Santo: el poder de elegir. Eso nos da la esperanza de que, incluso estando inmersos en circunstancias horrendas, podríamos estar en paz. Al principio lo creemos intelectualmente o nos esforzamos por creerlo intelectualmente. En algún momento, si seguimos esforzándonos, se convertirá en algo más parecido a una experiencia, pero requiere mucho trabajo porque estamos desaprendiendo toda una vida —si no es que múltiples vidas— de dedicarnos a hacer real el símbolo y olvidarnos de la fuente.

La pregunta también refleja, aunque no se mencionó, la resistencia que todos tenemos a aceptar que es cierto lo que estoy diciendo y lo que dice el Curso. El mundo al parecer es un testigo tan poderoso. Como dijo Wordsworth: «El mundo es demasiado para nosotros». Es demasiado poderoso. La enfermedad es demasiado poderosa. La situación financiera del mundo es demasiado poderosa. La guerra es demasiado poderosa. El padecimiento es demasiado poderoso. La muerte es demasiado poderosa. No podemos superar nada de eso; en el nivel del cuerpo, no podemos. Pero podemos superar nuestro sistema de creencias porque tenemos el poder de cambiarlo. Ahí es donde reside la esperanza.

¿Que si de veras es posible? Sí, de veras es posible. Te diría que incluso podrías hacerlo esta misma tarde, pero eso te provocaría un ataque de pánico, de modo que no lo diré.