Un curso de milagros:
Una espiritualidad llena de esperanza

Extractos de dos talleres celebrados en la
Fundación para Un curso de milagros
Temécula, California

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte V

P: Así como el mundo se arrastra pesadamente, lo mismo ocurre con practicar Un curso de milagros. Me parece que cuanto más avanzas y prácticas, y cuanto más te desvinculas del mundo, más difícil es mantener un interés en algo aquí. Levantarse por la mañana para acudir al trabajo es la misma rutina de siempre. Incluso con las actividades deportivas, practicas un deporte durante unos años, te aburres y lo cambias por otro. Te interesas en una teoría de conspiración, pierdes interés en esa y encuentras otra. Al practicar este curso, ¿cómo lidias con el hastío?

R: La única manera de que esto no te aburra, te resulte monótono y pesado es tener muy claro lo que quieres. Si tuvieras claro que tu objetivo es despertar de este sueño y volver a casa, nunca experimentarías que tu vida se arrastra pesadamente. Verías todo lo que sucede como una oportunidad para que avances y algún día puedas salir de aquí, no que dejes el mundo a través de la muerte, sino que dejes todo el sistema de pensamiento. El problema es que sientes ambivalencia con respecto al objetivo —como todos la sentimos— porque si no sintiéramos esa ambivalencia, ya lo habríamos logrado. Seguimos aquí, dando tumbos y avanzando tediosamente con este curso, porque todavía estamos indecisos en cuanto al objetivo.

P: Dentro del mundo, vas a la universidad durante tres, cuatro o los años que sean. Le dedicas tiempo y esfuerzo, obtienes el diploma y lo cuelgas en la pared. Supongo que todavía estoy esperando mi diploma del Curso.

R: Cuando vas a la universidad, tienes un objetivo, que es graduarte. Haces todo lo que tienes que hacer para graduarte porque ese es tu objetivo. Si tienes ambivalencia con respecto al objetivo, reprobarás algunas clases, obtendrás «incompletos» por no asistir al examen final, no entregarás los trabajos que te pidan. No harás todo lo que tienes que hacer, porque no quieres alcanzar la meta. Te da miedo lo que te espera después de graduarte, así que sigues en la universidad. Hay muchas personas que hacen eso porque tienen miedo de crecer. Una vez que salen de la universidad, son adultos y tienen que valerse por sí mismos en el mundo. Pero si prolongan su estancia durante 6, 8, 10, 12 años, es más fácil, debido a su ambivalencia con respecto a la meta.

Es lo mismo aquí. Todos tenemos miedo de crecer, de graduarnos de este curso y de estar de vuelta en casa con Dios. Sentimos ambivalencia con respecto al objetivo porque valoramos la individualidad y el especialismo. Por lo tanto, nos demoramos y después de un tiempo la demora se arrastra pesadamente. Es la misma idea de la respuesta que Jesús le dio a Helen cuando ella se quejó de que el Curso no estaba funcionando, que se arrastraba pesadamente: ¡ya basta! Jesús le preguntó si alguna vez había considerado que ella no había hecho lo que el Curso decía. Si tu objetivo es estar fuera del sueño, entonces será imposible que tu vida aquí no te resulte dichosa, no debido a nada intrínseco del mundo, sino por las lecciones que estás aprendiendo. Si realmente quisieras graduarte de la universidad y aprender al mismo tiempo, disfrutarías de las asignaturas. Si hubiera alguna que no te agradara o que no te ayudara a alcanzar tu objetivo, no la tomarías. Así que, si tu objetivo es dejar este mundo lo antes posible, este curso lo hará, pero tienes que ser consciente de que el objetivo final es no estar en un cuerpo, no por medio de la muerte, sino por medio de no formar parte de este sistema de pensamiento.

Una y otra vez, lo cual siempre es exasperante, Jesús dice que este es un curso muy simple; con eso quiere decir que hay un solo problema y una sola solución. ¿Qué podría ser más sencillo? En respuesta a Helen cuando ella se quejaba de que este curso era demasiado difícil, él dijo:

(T-31.I.1) ¡Qué simple es la salvación! Tan solo afirma que lo que nunca fue verdad no es verdad ahora ni lo será nunca. [El problema es que esto significa que nosotros tampoco somos verdad.] Lo imposible no ha ocurrido ni puede tener efectos. Eso es todo. ¿Podría ser esto difícil de aprender para aquel que quiere que sea cierto? Lo único que puede hacer que una lección tan fácil resulte difícil es no estar dispuesto a aprenderla. ¿Cuán difícil puede ser reconocer que lo falso no puede ser verdad y que lo que es verdad no puede ser falso? Ya no puedes decir que no percibes ninguna diferencia entre lo falso y lo verdadero. [Recuerden, este es el capítulo 31, Helen llevaba tres años anotando el dictado, por no mencionar toda la comunicación personal.] Se te ha dicho exactamente cómo distinguir uno de lo otro y lo que tienes que hacer si te confundes. ¿Por qué, entonces, te empeñas en no aprender cosas tan sencillas como estas?

Esta es la reprimenda más delicada que podría uno recibir; pero la cosa se pone un poco peor.

(T-31.I.2:1-2) Hay una razón. Pero no creas que es porque las cosas simples que la salvación te pide que aprendas sean difíciles… 

Una manera de distinguir lo que es falso de lo que es verdad en este mundo es que todo lo que te separe de cualquier otra persona es falso, y cualquier cosa que te permita decir que todo el mundo es igual es verdad. La verdad de que todos somos iguales es un reflejo de la verdad de la Unidad del Cielo.

(T-31.I.2:3-4)pues la salvación solo enseña lo que es extremadamente obvio. La salvación simplemente te conduce de una aparente lección a la siguiente, mediante pasos muy sencillos que te llevan dulcemente de una a otra, sin ningún esfuerzo.

La tensión que todos sentimos es nuestra resistencia. Si tu coche va a 90 ó 100 kms por hora, el motor trabaja normal. Simplemente anda. Pero si tienes puesto el freno de mano, el motor puede resentirse. Si continúas conduciendo con el freno de mano puesto, vas a estropear tu motor y tus neumáticos, pero el problema es el freno, no el coche. El motor está bien. Bueno, eso es lo que todos estamos haciendo. Este curso aceleraría nuestro retorno a casa. ¿Qué podría ser más fácil? Lo que es verdad es verdad; lo falso es falso. ¡Eso es todo! El Curso expone este argumento con increíble congruencia de principio a fin. El problema es que tenemos miedo porque «lo falso es falso» se refiere a nuestra identidad. «Lo que es verdad es verdad» se refiere a nuestra verdadera Identidad. Nos aferramos a esta identidad falsa, a este especialismo, a este cuerpo, y ese es el freno. Por eso hay tensión.

(T-31.I.2:5-6) Esto no puede crear confusión, sin embargo, estás confundido. Pues de alguna manera crees que es más fácil aprender y entender lo que es totalmente confuso.

Lo que está totalmente confundido es el sistema de pensamiento del ego que trata de decirnos que lo que es verdad es falso y que lo que es falso es verdad. Eso es bastante confuso, y todo esto es porque valoramos este yo. Si lees este curso como un cuerpo, te confundirás porque pensarás que todo se trata del cuerpo o del mundo. Te confundirás con respecto a lo que dice y lo distorsionarás; por lo tanto, no obtendrás los beneficios que este curso está prometiendo. Pero si reconoces que esto se trata de la mente, te darás cuenta de que cualquier dificultad que se te presente se deberá a que todavía estás valorando el cuerpo y tus experiencias aquí como persona. No puedes culpar al Curso, porque te está diciendo de forma congruente una y otra vez que se trata de la mente, no del cuerpo ni del mundo. Nos confunde lo que dice y nos resulta difícil hacer lo que dice, porque estamos conduciendo con el freno puesto.

(T-31.I.2:7) Lo que te has enseñado a ti mismo constituye una hazaña de aprendizaje tan gigantesca que es ciertamente increíble.

Esto es muy importante. Aquí Jesús nos presenta el apogeo de su argumento, el motivo de su apacible reprensión: «No estás siendo honesto. No me digas que no puedes aprender este curso. Mira lo que has aprendido».

De nuevo, lo que nos hemos enseñado es que lo que es falso es verdad y lo que es verdad es falso. Nos hemos enseñado todo este sistema de pensamiento enrevesado, intrincado y complicado del ego. No solo eso, después inventamos un mundo y aprendimos a dominarlo. Sabemos vivir en este mundo. Sabemos vivir con nuestros cuerpos. Sabemos hacer que nuestros cuerpos sobrevivan. Es muy complicado. Ese no es el caso en el Cielo, puesto que el espíritu no hace nada; simplemente es. En este mundo tenemos que hacer mucho para sobrevivir físicamente, tan solo para que el cuerpo siga funcionando, y además está el aspecto psicológico, que el cuerpo siga funcionando emocionalmente. Lidiar con las relaciones es extraordinariamente complicado, pero todos somos expertos en ello. Todos somos expertos en la culpa; todos somos expertos en ser una víctima.

(T-31.I.3:1) Nadie que entienda lo que has aprendido, con cuánto esmero lo aprendiste y los sacrificios que llevaste a cabo para practicar y repetir las lecciones una y otra vez, en toda forma concebible, podría jamás dudar del poder de tu capacidad para aprender.

No hay un poder más grande en el mundo. La «capacidad para aprender» de la que Jesús está hablando es realmente el poder de la mente para elegir. Jesús dijo que nadie podría dudar del poder de nuestra capacidad para aprender. Recuerden lo que implica vivir en este mundo. Pónganse a pensar simplemente lo que implica haber fabricado este mundo, habérnoslo imaginado.

(T-31.I.3:2-6) No hay un poder más grande en todo el mundo. El mundo se construyó mediante él, y aún ahora no depende de nada más [nada más que el poder de tu mente para creer en ello]. Las lecciones que te has enseñado a ti mismo las aprendiste con tanto esmero y se encuentran tan arraigadas en ti que se alzan como pesadas cortinas para nublar lo simple y lo obvio. No digas que no puedes aprender. Pues tu capacidad para aprender es tan grande que te ha enseñado cosas tan difíciles como que tu voluntad no es tu voluntad, que tus pensamientos no te pertenecen e incluso, que no eres Quien eres.

Recuerda, el tiempo no existe. Esto se está escribiendo ahora mismo.

(T-31.I.4) ¿Quién podría afirmar que lecciones como estas son fáciles de aprender? Sin embargo, has aprendido eso y más. Por muy difícil que haya sido, has seguido dando cada paso sin quejarte, hasta construir un mundo de tu agrado. Y cada una de las lecciones que configuran al mundo procede del primer logro de tu aprendizaje [el error original de que yo podría estar separado de mi Creador y Fuente y podría hacer un yo y un mundo que fuera lo opuesto al Ser en el Cielo que Dios creó], el cual fue de tal enormidad que, ante su magnitud, la Voz del Espíritu Santo parece débil e inaudible. El mundo comenzó con una extraña lección, lo suficientemente poderosa como para dejar a Dios relegado al olvido y a Su Hijo convertido en un extraño ante sus propios ojos, exiliado del hogar donde Dios Mismo lo ubicó. Tú que te has enseñado a ti mismo que el Hijo de Dios es culpable, no digas que no puedes aprender las sencillas lecciones que la salvación te enseña.

Esta es la respuesta a la queja de que este curso no funciona, de que no es práctico y es demasiado enrevesado. No podríamos pedir nada que sea tan simple. Como dice en el libro de ejercicios: «. . . lo falso es falso y… lo que es verdad jamás ha cambiado» (L-pII.10.1:1). El problema es que no queremos aprenderlo.