Un curso de milagros:
Una espiritualidad llena de esperanza

Extractos de dos talleres celebrados en la
Fundación para Un curso de milagros
Temécula, California

Kenneth Wapnick, Ph.D.

Parte VI

(T-31.I.2:7-8) Lo que te has enseñado a ti mismo constituye una hazaña de aprendizaje tan gigantesca que es ciertamente increíble. Pero lo lograste porque ese era tu deseo...

Ese era tu deseo, lo que significa que nuestro deseo no es aprender las lecciones que este curso está enseñando, porque si lo fuera, lo haríamos. Miren lo que aprendimos en su lugar. Ese es el punto clave. No creo que haya nadie que aduciría lo contrario y que piense que pueda salirse con la suya. Este mundo es increíblemente complicado. Basta pensar en cómo funciona el cuerpo. Es muy complicado y genialmente concebido; tan es así que, para confundirnos aún más, cuando se descompone necesitamos teorías más complicadas para arreglarlo. Es interminable. Hicimos microorganismos como los virus mutantes, que son más inteligentes que las vacunas inyectadas para derrotarlos. Se vuelve cada vez más increíble, confuso y desesperanzador. Fabricamos el mundo así, y aprendimos a sobrevivir en él.

Así que Jesús tiene todo el derecho de decir: «No me digas que no puedes aprender lo que te estoy enseñando». La razón por la que no lo aprendemos es que no es nuestro deseo. Por eso dice: «lo lograste porque ese era tu deseo». Una de las características que hacen que este curso sea único es que se centra en la motivación, que por supuesto es un importante término psicológico. Cualquier maestro sabe que es de lo más frustrante tener que enseñar a unos estudiantes que no están motivados. Cualquier terapeuta sabe que el paciente enviado por el juzgado, o el alumno enviado por la escuela son los peores pacientes, porque no quieren estar allí. El juez ha dicho que tienen que acudir. Pero como no están motivados, no aprenderán ni cambiarán.

Así que el gran desafío de Jesús como nuestro maestro en este curso es motivarnos a aprender, y la única manera en que puede motivarnos a aprender es convenciéndonos de que necesitamos aprender, lo que significa que necesitamos saber cuán desgraciados e infelices nos sentimos debido a lo que nos hemos enseñado. He unido dos frases que juntas rezan: «Renuncia ahora a ser tu propio maestro, pues se te enseñó mal» (T-12.V.8:3; T-28.I.7:1). Tenemos que admitir que se nos enseñó mal y que no nos gusta la forma en que estamos viviendo, pero sin culpar a las circunstancias externas.

Todos los que estamos aquí podríamos sentirnos extraordinariamente felices aprendiendo que no estamos aquí. «¿De qué otra forma puedes encontrar dicha en un lugar desdichado, excepto dándote cuenta de que no estás en él?» (T-6.II.6:1) Darnos cuenta de que realmente no estamos aquí es lo más dichoso que podríamos aprender. Ahí es donde está la esperanza. Si no estamos aquí, ¿dónde estamos? Estamos en nuestra mente, y que podemos hacer algo con respecto a nuestra mente. que podemos hacer algo con respecto a lo que estamos pensando. Eso nos da esperanza. Eso es lo que nos devuelve el poder, no el poder de dominar, oprimir y mandar, sino el poder de elegir.

Una vez más, Jesús está diciendo que no debemos dudar de nuestra capacidad para aprender. Miren lo que nos hemos enseñado. Las leyes de las relaciones especiales son increíblemente complicadas, y pasamos toda una vida aprendiendo a dominarlas. El amor no es complicado. Simplemente amas. No haces distinciones. Amas a todos, no importa lo que hagan, no importa lo que digan, no importa quiénes sean.

El especialismo no es así. Con el especialismo, tienes que inspeccionarlo todo. ¿Dónde están las debilidades de esta persona? ¿Dónde están sus fortalezas? ¿Qué quiero arrebatarle? ¿Cómo lo consigo? ¿Cómo hago que parezca que realmente no lo estoy consiguiendo cuando en realidad ya lo conseguí? ¿Cómo engaño a la persona? Es muy complicado, pero todos somos expertos en ello; ya lo hacemos automáticamente sin pensarlo. Empezamos a aprenderlo al nacer. ¿Cómo puedo llamar la atención de mis padres? Lloro. Funciona. Me cargan, y luego me sacan el aire y estoy bien. Luego si quiero más atención, acumulo más gases. Somos hábiles en eso y nunca dejamos de echar el aire. Imagínense lo útil que sería pasarnos la vida entendiendo que todo es simplemente un aire, y todo lo que la gente quiere es que la carguen y le den palmaditas en la espalda, y que alguien le diga: «Ya, ya, todo va a estar bien». Sabemos cómo conseguir que la gente nos responda así.

No estamos hablando de un solo cuerpo, de un solo planeta ni de un solo sistema solar. Estamos hablando de todo un cosmos. Es extraordinariamente complicado. Los científicos están buscando la explicación sencilla, una sola cosa que lo explique todo. No saben dónde buscar. Aquí está la única cosa que lo explica todo: el tomador de decisiones eligió a favor de la culpabilidad. Esa es la explicación, y la verdadera teoría de las cuerdas es cómo se concatena todo esto y se fabrica un mundo. El agujero negro es el agujero negro de la culpabilidad que se lo traga todo. Es muy simple y la solución es simple. Lo miras y recuerdas reírte de la absurda idea de que una parte de la Unidad viva y amorosa de Dios pudiera desprenderse ella misma de esa Unidad y declararse su propio yo y su propio creador. Pero esto significa renunciar a lo que creemos que es verdad.

Por eso las frases hacia el comienzo del capítulo 24 dicen: «Aprender este curso requiere que estés dispuesto a cuestionar cada uno de los valores que abrigas. Ni uno solo debe quedar oculto...» (T-24.in.2:1-2). Pues bien, todos tenemos una lista multitudinaria de valores, pero el valor principal es: me valoro. Valoro el sistema de pensamiento que me fabricó. Valoro el sistema de pensamiento de ataque que me protege y me preserva, porque el pensamiento que no perdona, el pensamiento que ataca, «protege la proyección» (L-pII.1.2:3). Mientras pueda justificar mi odio por ti y mi enojo contra ti, mi ataque contra mí mismo permanece oculto, protegido y nunca sanará. Eso es lo que apreciamos; eso es lo que valoramos. Es por eso que valoramos el ataque y es por eso que valoramos el cuerpo. El cuerpo demuestra que existimos.

Es por eso que este no es un curso sobre el cuerpo; este es un curso sobre la mente. «Este es un curso acerca de causas y no de efectos» (T-21.VII.7:8). El milagro devuelve el problema a la causa para que pueda cambiarse. La magia introduce el problema, la causa, en el mundo del efecto y confunde los dos. Dice que el mundo, que es realmente el efecto, me ha causado. Yo soy la víctima; estoy a merced de fuerzas que están fuera de mi control. De ahí la importancia de la Lección 76: «No me gobiernan otras leyes que las de Dios». Creemos que estamos bajo las leyes del cuerpo, las llamadas leyes naturales. Las únicas leyes verdaderas que tenemos son las leyes de Dios, que son las leyes del Amor y la Unidad y de la vida eterna. Si quieren llamarla ley, la ley del perdón es lo que salva la brecha para llevarnos, de las leyes del mundo y del cuerpo, a las leyes de Dios. Por lo tanto, todo lo que Jesús nos está diciendo es: «No me digas que no puedes aprender mi curso».

Este curso tiene todo incluido. A la gente siempre le gusta algo novedoso, tener otra forma de practicar el perdón, otro libro, etc. Se encuentra todo aquí. No necesita una secuela (Un hijo de Un curso de milagros) [risas]. Viene con todo y maestro, ¡con todo y pilas! No tienen que adquirir nada adicional. Sus enseñanzas son muy congruentes y sencillas. Por eso no hacemos lo que dicen, porque nos gusta lo complicado. «La complejidad forma parte del ámbito del ego» (T-15.IV.6:2). Una vez más, ¿que podría ser más simple que decir lo falso es falso y lo que es verdad es verdad? Lo falso no puede ser verdad y lo que es verdad no puede ser falso.

Si bien el Curso nos habla de la Unidad del Cielo, nos enseña cómo vivir ese principio de unidad en este mundo aprendiendo que todos somos iguales. «Haz que este año sea diferente al hacer que todo sea lo mismo» (T-15.XI.10:11). Vean a todos como el mismo porque todos tenemos la misma mente. Vean cada situación como la misma porque todas forman parte de nuestra aula de clases, si elegimos aprender de ella; es decir,  si elegimos aprender las lecciones de perdón. Una vez más, viene con todo un maestro y un plan de estudios. Nosotros somos el plan de estudios. El aula es nuestra vida, y el plan de estudios son todas nuestras relaciones. ¿Por qué buscar en otra parte? Buscamos en otra parte porque esto nos atemoriza demasiado, y nos atemoriza porque es la verdad. Algo en todos nosotros sabe que es la verdad, y por eso lo hemos adoptado y le hemos dedicado todo este tiempo, pero es realmente importante reconocer también nuestro temor. Volvemos entonces a esa idea de la resistencia. Tenemos que mirar la resistencia como la razón por la que no estamos aprendiendo lo que es tan simple.